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Viernes 30 de enero de 2009
El adjetivo atroz, desdeñoso, fue acuñado, se dice aquí (tampoco hay certeza, las hipótesis son más de una), por Lastarria, y denota, grosso modo, al arribista chileno que se amanera imitando los gestos, giros y acciones de una acaso mítica aristocracia de raigambre agraria. No siúticos son los que "tienen campo", dicen "pollera" y no "falda", "mi mujer" y no "mi esposa", y "toman té" en lugar de "tomar once". Ésta es una manera de ver el fenómeno, pues el término "siútico" no es matemático en su definición.
El siútico no es lo mismo que el "parvenu" francés o el "snob" inglés, aunque guarda semejanza con ellos en rasgos generales. El siútico es más chileno que los fréjoles. "Así como el snob surgió de la revolución industrial británica, vinculado ( ) al auge de la burguesía y la difusión de la idea de 'igualdad', y el parvenu con la burguesía francesa y el enfrentamiento entre dos estamentos (uno con privilegios y el otro con dinero), el siútico lo hace en un país sin revolución industrial, ni nobleza, ni estamentos en conflicto ( ), en una república con aristocracia autogestionada".
Óscar Contardo, autor de este libro, incluye opiniones de personas no siúticas (supuestamente): "Es siútico el tipo que no te puede convidar a comer pollo con arroz", expresa una zapallarina con prosapia en sus apellidos: "Te convida a comer caviar, pero del más barato". Un aristócrata genuino puede andar, como se dice aquí, a pata pelada y no importa, pues no necesita (no siente que deba) demostrar nada.
El siútico, dice el exégeta Contardo, comparece por primera vez en las letras nacionales en "Martín Rivas", de Blest Gana, con el personaje Amador Molina, que es un cursi de mediopelo afincado en el barrio de La Chimba, "al otro lado del Mapocho". En su ya largo desarrollo en el habla nacional, el siútico siempre es "el otro". La dama zapallarina ya citada califica de siútica a morir a cierta animadora actual de televisión, por su pelo, dizque lavado sólo una vez a la semana: "Es una falta de respeto, como ponerse medias color piel. A mí me da un poco de asco". Como sea, usted, lector varón, cuídese de servirse unas once con su esposa. Hágalo de la otra manera, y siga leyendo, que hay mucho más paño que cortar en este libro.
SIÚTICO
Crónica / ensayo
Óscar Contardo
Vergara / Ediciones B, 2007
309 páginas