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  El club del triunfo póstumo

  El club del triunfo póstumo

  Los nominados a los premios Oscar tienen a tres muertos en carrera: los productores Sydney Pollak y Anthony Minghella por "The reader", y el "Joker" de Ledger. Pero sólo este último entra a competir recubierto por esa aura mágica de mártir que tanto funciona en la tierra del espectáculo. Desde James Dean al "Club de los 27": los que murieron te van a saludar.

Domingo 1 de febrero de 2009


Heath Ledger no logró en el 2006 el Oscar por su papel de Ennis del Mar en la película de Ang Lee "Secreto en la montaña"; ahora es el más firme candidato al Oscar al mejor personaje secundario por su interpretación del rival de Batman, Joker, en "El caballero oscuro". Y tiene muchas posibilidades de ser el segundo actor que obtiene una estatuilla póstuma.

Entre sus méritos, ser capaz de eclipsar al histriónico Joker de Jack Nicholson. Más que actuar, Ledger desaparecía en el personaje. O, como dijo el director del filme, Christopher Nolan: "Un anarquista punk sacado de 'La naranja mecánica'".

Su candidatura ha sido apoyada con elogios por la inmensa mayoría de críticos. En los 81 años de historia de los premios, lo recibieron 13 cineastas ya fallecidos, pero sólo venció a título póstumo un actor, Peter Finch, en 1976, por "Network", desbancando al Robert de Niro de "Taxi driver".

Ledger encadiló a las quinceañeras en "Corazón de caballero" y se consagró con el papel de vaquero homosexual en "Secreto en la montaña", aunque al final Philip Seymour Hoffman le birlara el Oscar por "Capote".

Ahora tiene la oportunidad del desquite póstumo: Hoffman también es candidato por "La duda", junto a Robert Downey Jr. ("Una guerra de película"), Josh Brolin ("Milk") y Michael Shannon ("Sólo un sueño").

La juventud truncada del actor australiano -hallado muerto por sobredosis accidental de medicinas, meses después de separarse de Michelle Williams- propicia la mitomanía.

James Dean, que falleció a los 24 años al volante de su Porsche Spyder 550 en una polvorienta carretera de California, tras rodar "Gigante", se convirtió en un mito juvenil, al igual que Sid Vicious (tenía 21), Ian Curtis (con 24) o el nutrido "Club de los 27" (Robert Johnson, Brian Jones, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison y el último, de momento, en apuntarse, Kurt Cobain).

Ledger tenía un año más, 28, cuando murió. Incluso si se confirmara que consumió drogas, eso no haría más que incrementar el fervor con el que sus devotos coleccionan DVD de sus filmes: "Casanova", "Monster's ball", el homenaje a Bob Dylan "I'm not there"; o inventarse leyendas para atolondrados, como que su perfecta identificación con el papel del oscuro Joker se cobró un peligroso peaje.

No todos lo ven así: "La gente quiere una historia oscura. Que si estaba obsesionado con el papel, que si estaba contaminado por Joker, que si no podía dormir. Entre tomas se sentaba, se fumaba un pitillo, se reía y hablaba sobre su hija Matilda", relativizaba el actor Gary Oldman (Teniente Gordon en "El caballero de la noche").

UN CADÁVER HERMOSO

"Si la gloria llega sólo después de muerto, no tengo prisa", decía Marcial. Desde luego que la muerte prematura no asegura la fama, aunque ayuda, como les sucedió al hijo de Bruce Lee, Brandon Bruce Lee (1965-1993), muerto de un disparo mientras rodaba una escena; John Belushi (1949-1982), el blues brother que se inyectó speedball (cocaína más heroína); Ian Curtis (1956-1980), el líder de Joy Division que se colgó en su cocina mientras escuchaba "The idiot", de Iggy Pop; Andy Kaufman (1949-1984), el humorista contracultural que alardeaba: "En mi vida he contado un chiste"; o River Phoenix (1970-1993), quien pasó después de un atracón de alcohol y drogas en los lavabos del local de Johnny Depp, The Viper Room.

La muerte trágica de un artista joven, cuando aún está a medio camino de su actividad creativa, sobredimensiona a veces su obra, como numerosos críticos dicen del artista pictórico Basquiat, otro miembro del "Club de los 27".

En el caso del arte, su cotización sube al ser seguro que no habrá obras nuevas. El talento, en todo caso, es necesario. Lo tenían el dramaturgo francés Bernard-Marie Kolt s (1948-1989) y su colega británica Sarah Kane, muerta a los 28.

Ésta pertenece a la estirpe de poetas suicidas, los que llevan el desasosiego arraigado en su interior, como Paul Celan. Una autora de culto desde que estrenó "Sick" y la polémica "Blasted", elogiada por Harold Pinter.

La obra de Kane aborda con intensidad poética y crudeza las experiencias de la vida, la necesidad del amor, el deseo, la tortura, la crueldad extrema mediante un simbolismo violento, mordaz, crítico, y una narrativa fragmentada, tensa, en la que el espectador ha de completar en su mente lo que no se dice, los silencios, el fluir de la conciencia o la representación de escenas que en Londres han hecho levantarse de la butaca a espectadores mojigatos. Como ocurre con "Psicosis.4.48", un título que alude a la hora estadísticamente fatídica de la madrugada.

*La Vanguardia
The New York Times Syndicate

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