
Domingo 1 de febrero de 2009
En los años 90 abandonó Chile y el periodismo duro como escena, y se fue con su hija a Washington, como agregada de prensa. Había vivido entre los 20 y los 30 años denunciando el terror, y estaba segura de que no sobreviviría.
-Y respecto a tu hija...
-Bueno... yo pensaba, la va a cuidar su papá. Finalmente no sucedió. Durante muchos años un taxi pasaba y yo apretaba la espalda, cosa que hasta ahora hago. Siempre pensé que me iban a disparar desde un taxi.
No tiene pinta de veterana de guerra. Vestida con el chic de la sencillez total y una sonrisa imbatible, con hoyuelos, e imborrable aire de colegiala, mezcla expresiones inglesas con muy bien dosificados garabatos chilenos. Lo que le carga de Chile es el maltrato. La agresividad. Y si le preguntas qué opina sobre Michelle Bachelet, dirá: "¿Te refieres a la Presidenta Michelle Bachelet? Me carga que le digan gordi. Me encanta su sentido del humor y su calidez".
El año pasado, cuando la Presidenta chilena fue la única mujer de la Cumbre de Líderes Progresistas, en Londres, Odette Magnet estuvo con ella y los editores de "The New York Times", "The Economist", "The Independent", "y ella, en una hora y cuarto de desayuno, tenía a los periodistas embobados, en un estupendo inglés, muy yanki, y los trataba de gallos, en slang americano muy gracioso. Y los tipos estaban encantados, la disposición de la prensa fue maravillosa".
LONDRES, PARA ESCRIBIR
Su novela "Arena negra" nació de un sueño: "En Washington soñé que bailaba con Vicente Fox y García Márquez en una terraza: ese mismo día se lo conté a la Patty Verdugo, que éramos como hermanas, y le dije qué ridículo, y me dijo, Ah, no, flaca, ésta es una novela! Qué estás hablando, no es una novela, es una huevá de sueños. No, me dijo, tú lárgate a escribir. Ella insistía en que yo debía escribir ficción. Yo dije voy a seguir con el sueño. Y en vez de soñar, me puse a escribir.
Justo tenía poca pega, poca plata, y me puse a escribir. Estuve escribiendo dos años seguidos, en Washington, y cuando llegué a Londres, fue la ciudad ideal. Llovía todo el día, no conocía a nadie, nadie me llamaba, es la tercera ciudad más cara del mundo. Estaban todas las señales dadas para que, o terminaba la puta novela, o la olvidaba".
-Mucha gente se pregunta si aquí está la historia de tu hermana Cecilia, desaparecida en 1976 en Argentina.
-No. Pero sí hay referencias a los desaparecidos, los torturados, los ejecutados.
-¿Esa historia está contenida en la parte sumergida del iceberg?
-Es un tema delicado para mí, que yo debiera abordar alguna vez. Un tema súper pendiente. Esto fue hace 33 años y está tan pendiente como el primer día, es de una presencia absoluta. No he cerrado la herida. No me he olvidado. No duele menos. El dolor es el mismo, yo creo que a todos nos pasa, hay cosas que el tiempo no sana.
-¿La escritura puede hacer algo para saldar ciertas cuentas?
-Definitivamente. Mis amigos saben que cuando estoy bien, es porque estoy escribiendo, en los días en que no me salía nada y estaba empantanada, decían la Odette anda malgenio -se ríe.
ANDAS COMO EN LAS NUBES
-Escribir una novela es como enamorarse.
-Claro, andas con vértigo, como en las nubes. La literatura produce un efecto liberador. Es como meterse a un cuarto oscuro a revelar fotos. Yo amo la soledad, hay gente que le carga. La soledad ha sido mi mejor amiga siempre. Yo creo que la gente que le tiene miedo a la soledad no puede escribir. La literatura y la soledad me han mantenido relativamente cuerda.
-No quieres tener un millón de amigos, como Roberto Carlos.
-¡No, no quiero! No sé de ningún escritor que le vaya regio bajo una palmera, una toalla y un bronceador. Yo amo a Hemingway, tengo mis deformaciones: viví cinco años en Washington de niña, mi padre fue embajador en la OEA allá. Me gusta mucho Toni Morrison, me gustan las mujeres que escriben. Estoy aburrida de escuchar a los hombres, de leer a los hombres, de soportar a los hombres. Aunque me encantan.
-Somos "especies" muy distintas.
-Uno no llega a conocer a la otra especie. Escasamente se conoce a uno. Y yo, de verdad, ¡ya como que tiré la esponja! Así como tiré la esponja respecto a que un hombre me vea. Las mujeres aspiramos a que nos quieran, y eso quiere decir que nos vean. Yo creo que muchos hombres me han querido, pero no me han visto. Maite, el personaje de "Arena negra", es una niña que juega a ser invisible, y con el tiempo ella quiere que la quieran. Que la quieran y que la vean.
-Y ese Roberto de la novela, la ama lo más que puede amar.
-Es mucho más fácil que ella ame, a que la amen. Ella se resiste a ser amada, también.
-¿Dónde has aprendido literatura?
-¡Nada, yo no he aprendido nada! Mi única formación es como periodista de 35 años de oficio, y la vida, la vida. Camilo Marks decía que se nota que soy periodista, porque hay una técnica en la novela de no latear, el periodista sabe cuándo va a comenzar a latear. ¡No latiemos! Nos quedan dos minutos. ¿Cuántos caracteres? Estamos acostumbrados a ajustarnos a un espacio. Y eso es una disciplina y una técnica.
-¿Te han dicho "ah, escritora"?
- La primera pregunta es: "¿Es una novela de amor?" O te preguntan "¿tiene sexo?"
-Y tu novela tiene sexo.
-Yo aproveché la novela para hablar de sexo, para contar que a nosotras nos gusta tanto el sexo como a los hombres.
Patty, la regalona
- Hace justamente un año yo llegué a Santiago de Chile a despedirme de la Patty (Verdugo)-cuenta-. Habíamos hecho una promesa, que la primera que muriera estaría con la otra. Y el 8 de enero, hace un año, recibí su último mail, que decía "Auxilio". Me decía "flaca, me interno en la clínica, me van a poner sonda, o algo, auxilio". Yo la había llamado diciéndole quiero que me prometas que cuando me necesites, me mandes llamar. Me dijo te lo prometo. Yo quiero que estés conmigo en las últimas. Eso llegó el 8 de enero. A ella le costaba mucho aceptar que iba a morir. Yo llegué el 13, y murió el mismo día, cinco horas después. Cuando llegué, estaba inconsciente. Estuve dos horas con ella, sola, hablándole, haciéndole cariño en el pelo, y le dije "es el colmo de la regalonería, Patty, que tenga que venir de Londres a hacerte cariño en el pelo. ¿Te acuerdas de cuando yo te hacía cariño?" Ella levantó la mano izquierda y la empuñó hacia su corazón, el clásico gesto cuando agradecía. Según todo el mundo, no escuchaba nada... me fui a las cuatro de la tarde, y a las diez y media murió. Yo me había pasado todo el día desde Londres a Santiago diciendo "espérame", esa fue la palabra, espérame. "Espérame". Y me esperó. Esa es la Patty.
Y ahora vuelvo un año después, a esto, a cumplir con la novela. El día que la terminé, tomé el teléfono y llamé a la Cata, a mi hija. Y llamé a la Patty, y le dije como un juego de palabras: acabé. Se cagó de la risa, ¡flaca, acabaste! La novela, huevona. Y se puso a llorar, se le quebró la voz, con esa cosa que uno no sabe cómo hablar, me dijo, sabes, una de las cosas que voy a lamentar, es que no voy a poder leer tu novela.
-Cuando hablaste en la iglesia, la gente lloraba a sollozo limpio.
-No lo voy a olvidar nunca.