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  Revolución ahora

Domingo 1 de febrero de 2009

Acercarse a la figura del "Che" Guevara desde otra arista que no sea la del mito, parece imposible. Sabemos más de él por lo que la historia, y no necesariamente la documentación nos ha dicho.

Esto no significa que la mirada sea falsa o condescendiente, el "Che" está en miles de poleras y chapitas, pero a la vez, es todavía y quizás más que en los años 60 ejemplo de consecuencia.

Esto es lo que hace tan interesante a la cinta de Steven Soderbergh: no busca la biografía, busca al hombre y al mito en partes iguales como si no se pudieran separar.

Mira hacia atrás y no escapa del "Che" que da discursos, fuma habanos y habla con pasión, pero a la vez lo muestra agotado en la selva y respirando con dificultad por el asma.

Habría sido más fácil hacer una biografía que iconizara aún más al "Che" u otra que lo intentara explicar, pero Soderbergh hace una apuesta que es valiente incluso contra la reglas del mercado: filma en español y opta por relatar el proceso por sobre los hitos, aunque eso signifique tener que dividir en dos una cinta de cuatro horas de duración.

Prefiere la suma de los personajes que los estrellatos particulares, lo potencia aún más el aire de verosimilitud.

Esta primera parte se centra en el camino a la revolución mientras avanzan por la selva para derrotar a Batista, intercalando pasajes en blanco y negro de la visita del "Che" a las Naciones Unidas.

En esta mixtura de saltos temporales y cromáticos, Soderbergh deja claro cuál es su propuesta: no busca la alabanza ni la reconstrucción, prefiere que los fragmentos se completen en la cabeza del espectador y que éste concluya cuánto de hombre hay en el mito y de mito en la figura.

Por eso no duda en crear escenas extrañamente irreales y concretas a la vez. Como cuando Gonzalo Cienfuegos habla rápido y tartamudo, o el "Che" le pide a uno de sus hombres que haga la tarea de matemática, el sermón que le da a su traductor en Estados Unidos e incluso en las conversaciones que tiene Fidel Castro, todas ellas son más allá de si son reales, profundamente descriptivas de la naturaleza heroica y humana de Ernesto Guevara, pero sin caer en la elegía.

Este no es un biopic cualquiera, su construcción rehúsa de la explicación y la redención. Es un filme incluso frío y racional, muy diferente por ejemplo a "W", que se estrenó la semana pasada sobre Bush, un personaje diametralmente opuesto, al que Oliver Stone también humaniza, pero a la vez parece perdonar.

Esta diferencia es radical, a Soderbergh no le interesa las motivaciones personales, prefiere hablar de la revolución y cómo los hombres se desenvuelven en ella. Opta por lo colectivo, por sobre lo individual, en el fondo dice que las gestas heroicas dependen de hombres radicales y valientes que en conjunto se arman de valor.

Stone pone a un individuo como responsable de, en el caso de "W", el peor Gobierno de los Estados Unidos, por tanto le resta responsabilidades a sus consejeros, colegas y hasta a los propios electores.

Si se piensa esta diferencia es profundamente política, y por eso "Che" resulta tan provocadora en su mesura, tan sensible con el personaje, tan verosímil con la leyenda.

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