
Domingo 1 de febrero de 2009
-En Locos Por Larry te has peleado con casi todos los integrantes. ¿Hay banda todavía?
-Nos peleamos como en septiembre, octubre, pero yo tengo todo listo para que volvamos a ensayar. Estos últimos meses han sido un poco un calvario para mí, porque estamos con el disco, está guapo, y hay tocatas que hacer, un video que grabar. En cinco años, ya van seis o siete formaciones del grupo.
-Había muchas peleas con Los Peores de Chile, también. Es como la historia de tu vida ¿no?
-No quieren entender que esto es punk, tía. Los chilenitos a veces son tan frágiles. Y, claro, dentro de la banda peleamos cada quince días, pero ahora se lo tomaron en forma muy personal, muy grave. Yo aguanto bastante, pero cuando dejo de aguantar, lo digo de frente. Y, joder, siempre dejando en claro que son cosas puntuales, porque el primer desastre que puede haber soy yo. Mi vida es un desastre en todos los planos. Sus vidas funcionan pero son fomes, entonces yo les doy la oportunidad de subirse a un escenario a cantar canciones ricas, teniendo un público que nos sigue. Y soy yo el que hago la música, los arreglos, las letras. Simplemente utilizo la banda para desahogarme, para pegarle a la guitarra en vez de terminar rompiendo la pieza. La gente no sabe estar con alguien que es sistemáticamente desestabilizado: no tengo una pareja fija, estoy a la suerte de la ola, vivo como un náufrago. Pero a cambio les doy algo.
-Si todo se complica, ¿por qué seguir?
-A estas alturas, ¿qué más voy a hacer? ¿Meterme a un banco? Tengo 51 años, chica, voy a morir en lo mío. No sé si lo que hago es bueno, pero es entretenido. La función de un disco, tanto de Los Peores de Chile como de Locos por Larry, no es ganar plata, es lograr que la gente se divierta. Ahí están las canciones: no duran más de dos minutos y medio, buena rítmica, te hacen bailar. Las letras son un vacile más o menos.
-Hay una muy graciosa, "Amerika", sobre cómo reaccionan los monos animados ante el ataque a las Torres Gemelas.
-Está divertida. Estados Unidos es el país de las caricaturas, todas las caricaturas se inventaron ahí. Su religión lleva eso del blanco y negro: lo bueno y lo malo, estás conmigo o estás contra mí. No cabe el matiz de colores.
-Muchas de tus letras han tocado conflictos de política internacional. ¿Te gusta leer sobre eso?
-Tengo la Radio Bío Bío puesta todo el día, zapeo por los canales chilenos, aunque son un asco. Y para noticias internacionales me arranco al cable, porque tú sabes que eso en Chile no existe. Cuando vivía en España, para mí leer "El País" era como el cigarro: no podía dejarlo. Pero el otro día, en "LUN" le daban una página entera a una mina que se emborrachó en una fiesta, y cuatro líneas a los ataques de Gaza. Eso me da una sensación de ¿en qué mundo vivo? ¿Qué hago acá? Por eso siempre estoy dándome de cabezazos contra todo, tía. Si fuera un imbécil, no pasaría nada. Pero tuve desde pequeño una inquietud
-¿Por qué? ¿Por tu familia?
-Claro, partió por mi familia. Mi viejo era periodista, a mi casa llegaban seis periódicos diarios, lleno de libros siempre.
-¿Y después?
-Después estudié en buenos colegios, pero no aprendí nada. Estaba en lo que me creía: rebelde, punky, aunque no estuviera acuñada la palabra todavía Me gustaba la Historia, me gustaba la Geografía, me gustaba la Literatura, pero nada más. Luego me fui a Europa y cambió todo. Empecé a cultivarme de lleno y ahí sí que me farreé la historia. Hice que me sacaran a patadas de allá, caí acá ¿y aquí qué hago, tía? Es como si fueras profesor universitario, y de pronto te mandan a Futaleufú. Así me siento acá: dibujo cómics, tengo unos 50 ó 60 en mi casa que no publiqué, a excepción de algunos en la revista underground "Beso Negro", que desapareció. ¿Por qué? Porque tenían sexo violento, violencia gratuita, la salvaje descripción de un mundo horrible pero era lo que entonces ya se publicaba en Europa. Luego me tiré a las calles a fotografiar: la venida del Papa, las protestas. Publiqué en "La Época", en el "Fortín Mapocho", en el "Apsi" Para mí era maravilloso, pero los pacos me rompían la cámara cada dos por tres.
-¿Y ahora?
-Tengo la cabeza agitada, pero soy un perdedor nato, chica (se ríe). En mi casa hago diseño gráfico, escribo novelas, pinto me va como el culo en todo. Tengo tres novelas metidas en el computador, y están bien escritas, interesantes; son una mezcla de cómics, con storyboard, con chorradas, cualquier cantidad de barbaridades que no se parece a lo que escribe nadie. Mira, mientras mi computador no se me estropee: estoy bien.
-Viviste un tiempo en el Cajón del Maipo.
-Sí, un par de años.
-¿Y ahora?
-Ahora estoy en Vitacura. Una casa que era de mi familia en El Golf: calcula.
-Todo un personaje en el barrio.
-No pesco. Es que ahí ¿quién me va a conocer? Me saludan los motoboy y toda la chusma que va a trabajar allá: "¡Buena, Pogo!". El resto me ve y se agarra la cartera.
-En tiempos de Los Peores había que enviarte un télex para coordinar entrevistas; no tenías ni teléfono.
-Es que yo le ponía candado a la puerta porque no quería ver a nadie. Es una época que prefiero olvidar. Ahora me levanto temprano, me acuesto tarde, pero no porque ande carreteando sino porque me quedo trabajando. Estoy más lúcido. Pa' la movida de carretear estoy bien antisocial, pero para salir y ver cosas, encantado. Voy pedaleando a donde me inviten.
-Tocaste con Sinergia en la Cumbre del Rock, pero tu música no tiene mucho que ver con lo que se hace ahora.
-El otro día me decían: "Tus canciones con los Fiskales, los Peores ahora son la misma mierda. Tú no evolucionas nada". Y yo pensaba que si pudiera tener un solo grupo durante toda la vida, haría exactamente lo mismo: canciones con cuatro acordes y con todas las combinaciones posibles, como los Ramones. Lo mío es una movida súper funcional, una fórmula que me gusta: letras irónicas, canciones cortas, que hagan bailar, que hagan que la gente se entretenga muy sencillas. Y si se repite, ¿qué le vamos a hacer?.