
Domingo 1 de febrero de 2009
"La imaginación al poder", "Prohibido prohibir", "Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda". Mayo del '68 tapizó las calles parisinas con sus mensajes floridos.
El mundo enarboló la bandera y algo pasó con las consignas durante el tránsito por el Atlántico. Un año más tarde otro graffiti marcaba el comienzo del fin: "Helter Skelter", o cómo la manga de hippies lunáticos que comandó Charles Manson salía a destripar gente, con The Beatles como inspiración, abriendo una profunda herida en el ideal volador del año de las flores.
Fue 1969, o "El año en que todo cambió" (y así tituló su último libro el biógrafo de Bruce Springsteen, Rob Kirkpatrick). Y ya van 40 años desde un giro generacional cuya repercusión mundial contrasta con lo fugaz de su existencia.
Este año Hollywood entregará su informe sobre el mito. "Taking Woodstock" se llama la próxima película de Ang Lee ("Secreto en la montaña") y pondrá el lente sobre la generación que se metió en el barro. Para el reparto ya están citados Emile Hirsch ("Into the wild"), Liev Schreiber ("The Manchurian candidate") e Imelda Staunton ("Vera Drake").
La película está basada en la memorias de Elliot Tiber, "Taking Woodstock: a true story of a riot", un diseñador de interiores y administrador de un motel en las afueras del Nueva York que sirvió como base de operaciones para los organizadores de megaconcierto, donde Janis Joplin, The Who y Jimi Hendrix amenizaron la catarsis juvenil de los sesenta.
El celuloide ya tiene en sus registros un documental definitivo sobre Woodstock ("Woodstock", 1970) dirigido por Michael Wadleigh y con Martin Scorsese en la edición.
Fue una época vital y en Chile, el cine despertaba con desparpajo: "Caliche sangriento" era prohibida por su crudo punto de vista, en el que mostraba otra cara de la Guerra del Pacífico. Miguel Littin presentaba su mítico "El Chacal de Nahueltoro".
Pero el "zeitgeist" de 1969 lo captó "Busco mi destino" ("Easy rider", 1969), una película con Dennis Hopper y Peter Fonda como unos motoqueros reventados, protagonistas de un viaje con paradas en comunas hippies, fiestas lisérgicas y una banda sonora precisa, con Steppenwolf, The Band y Hendrix presionando el velocímetro.
Pero en 1999, a 30 años de convertirse en mito, Fonda protagonizó su propio testamento paródico. En "Vengar la sangre" ("The limey", 1999, de Steven Soderbergh), Fonda interpretó a un magnate "cool", veterano de los meses ácidos del '69. Y con una amargura donde se confunden personaje y actor, el actor sentencia: "¿Has soñado con un lugar del cual no te acuerdas haber estado antes? ( ) Un lugar lejano, que recuerdas a medias cuando despiertas. Cuando estabas ahí, claro, sabías el lenguaje. Sabías cómo moverte. 'Eso' fueron los años sesenta O no. Ni siquiera eso. Fue sólo el '66 y el comienzo del '67. Y eso fue todo".
"Easy rider", el clásico contracultural, maneja ahora según las reglas del tránsito. Este año, la película tendrá su edición de las cuatro décadas, pero antes hay que arreglar asuntos de industria.
Dennis Hopper está desde el año pasado enfrentado con el escritor Terry Southern, acreditado entre las plumas de la película. Según Hopper, sólo él y Fonda fueron los responsables de la creación. Cuarenta años después, la moto no ruge sin las cuentas claras.
EL VERANO CALIENTE
Ubicado en Manhattan, el Stonewall Inn era reconocido a finales de los 60 como una guarida gay. El 29 de junio de 1969, los parroquianos del "bar rosa" sabotearon una redada policial y cerraron la puerta del local con los de uniforme adentro.
Los incidentes se extendieron por casi una semana, hubo disturbios y protestas y surgieron las reivindicaciones de un nuevo sector social: los gays. En dos meses habían surgido con infraestructura legal cinco organizaciones pro-defensa de derechos homosexuales. Fue un verano caliente para Estados Unidos, que sintió cómo su estructura se resquebrajaba.
El libro "En el camino" de Jack Kerouac era referencia. Vietnam entraba a su etapa más violenta. Yasser Arafat se convertía en jefe de la Organización para la Liberación Palestina. Faltaban algunos meses para que asomara el lado oscuro de la luna.
Al otro lado del Atlántico, en un tejado de Saville Road, The Beatles sellaban su separación con un último concierto gratuito y callejero. El 30 de enero de 1969.
Aunque si de aniversarios se trata, Santiago será una de las pocas y exclusivas- sedes que ofrecerán techo a la gira de Ten Year After. La banda inglesa, veterana de Woodstock, programó su única presentación en Latinoamérica en el Backstage del Patio Bellavista, con las guitarras cargadas hacia el verano del amor.
Cada cinco años, "Woodstock", el documental, ha tenido ediciones y reediciones. El oportunismo del número redondo ha traído productos dignos el primer corte del director de 1994- o bodrios como el traspaso a DVD de 2003.
Así que, a 40 años del concierto, ya hay una edición conmemorativa en el horno que se aprovechará de la alta definición. Se trata de la versión en formato "Blu-ray" que aparece en julio y por fin espera hacer justicia con el original.
Y cajas, películas y discos aparte, la más importante conmemoración de Woodstock ya tuvo lugar. Según la columnista del "New York Times", Gail Collins, Woodstock ya tuvo su reedición: "sin barro y más frío", no tocó Hendrix, sino Barack Obama. O como afirmó el bueno de Richie Havens, veterano del recital original e invitado de Obama.
"Sentí lo mismo que sentí en Woodstock hace 40 años. Esta es nuestra voz colectiva, nuestro tiempo y nuestro derecho", declaró. Claro que Havens, viejo zorro, no dudó en aportar un poco de cinismo esta vez, incluyendo en su último disco la canción "We won't be fooled again" de The Who. O en chileno: "No nos harán huevones de nuevo".