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  No pierdan de vista a Alberto Montt

Domingo 1 de febrero de 2009

No tiene nuestro país la suerte de contar con tiras cómicas a granel ni menos libros de historieta con continuidad. Hay dibujantes notables como nuestro Gai siempre presente (ahí levanta su lápiz).

Pero muy de tarde en tarde aparece un libro de historieta que merece aplaudirse.

Me olvido varios que tengo y no dejo de juntar en mi colección, pero confieso que mi mayor pasión es el estilo argentino donde Fontanarrosa me quitaba el sueño y me regalaba carcajadas (ojo, leerlo como cuentista) y Quino me ayudó a crecer y a reflexionar, siempre infalible.

Maitena es un logro notable y Caloi un señor por el que hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero o, por lo menos, el cuero cabelludo.

De las muchas tiras que he seguido (no olvidar la profusa escuela norteamericana con esa joya que es Peanuts y ese monstruo que fue Jules Feiffer ni tampoco la escuela española, con autores como El Roto) mi último fanatismo es Liniers, un sujeto de un humor muy pero muy absurdo, lindando entre lo ingenuo y lo perverso, de una cuidada gráfica y una poesía sorprendente y delicada.

No ha llegado a Chile y hay que encargarlo. Circula solamente su diario "Conejo en viaje", menos sorprendente y portentoso.

Liniers, un autor joven y muy distinto a todo, se las arregló para que cada volumen de su producción lo presentara algún consolidado.

He aquí que, ahora, Liniers (el fantástico Liniers) es el encargado de presentar al que hoy es el mejor dibujante chileno de humor, Alberto Montt, que sólo ha publicado en su blog hasta que algo le sonó en la cabeza y ha decidido imprimir con Ediciones B su obra magna e impresionante "En dosis diarias".

He conseguido casi a empujones que algunos amigos, incluso ese monstruo del sentido del humor que es el dramaturgo Andrés Kalawski, lo adquieran y la reacción es unánime, es imperdible, es fenomenal. Andrés corrió y se compró la camiseta de propaganda y es un nuevo fan que hace proselitismo.

Alberto Montt es nuestro ídolo y su humor corrosivo, indecente, tierno a ratos, con esa deliciosa gota de amargura que lo convierte en un diálogo permanente entre Dios y el Diablo, como un Libro de Job en caricaturas, una carcajada de los dioses, donde no hay trivialidades sino la apelación a sentimientos profundos, invitando a sonrisas abiertas y con una calidad de dibujo que no tiene nada que envidiarle a ningún maestro en el género.

Hay que leerlo, conseguirlo donde sea y darlo a conocer. No prestarlo ni fotocopiarlo y hasta enmarcar algunos chistes que son de antología. Yo también me voy a comprar una camiseta.

En la Feria de Vitacura no había XL pero la conseguiré. Hace mucho tiempo que no me reía tanto y por eso se la regalé a mi hijo Gonzalo, eximio dibujante que todavía se está riendo.

Nada más hermoso que escuchar la risa desde otra habitación. Alberto Montt, anótenlo y subráyenlo. En la agenda del verano puede ser la gran noticia. Búsquenlo en las Ferias del Libro del verano.

El stand de Ediciones B que tienes muchas cosas buenas y esta que es extraordinaria. Recordé en un momento en los años 60 la tira de chistes de Artemio, recordé a Palomo, al eterno Hervi, a los dibujantes emergentes, a la historieta chilena que viene subiendo y hoy los jóvenes aprenden más de leer la novela gráfica que la literatura a la antigua. Montt hasta hoy, es un genio. Buscar su blog. Conseguir su libro. No perderlo de vista.

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