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  "Favs", el poeta que la rompió con Obama

Domingo 1 de febrero de 2009

Vive en Washington, en un departamento de una sola habitación, apenas amoblado con un colchón inflable.

Cada mañana, después de trotar una hora, se instala con su notebook en el Starbucks de la esquina, y mientras sorbe un macchiato doble, deja que lentamente su mente se inunde de voces.

Son susurros misteriosos, múltiples, imperiosos, los que parecen brotar de todos los rincones imaginables: de sus propios conocimientos, de sus ancestros, de su intuición, de debajo de la tierra de los cementerios.

Vaya uno a saber. Son las voces de los vivos y los muertos, que emergen de una América profunda, y frente a la cual todos parecieran estar sordos. Es Jon Favreau, más conocido simplemente como Favs o el "poeta" de Obama.

 Ese joven de 27 años, de quien se ha dicho que, más que un escritor de discursos, parece "un lector de mentes", y que ha redactado con toda seguridad los textos políticos más poderosos y conmovedores de los últimos cincuenta años, pese a que muchos han criticado ácidamente la supuesta "vacuidad y excesiva belleza de sus discursos".

Ya se habrán tragado sus palabras: la retórica de Favreau triunfó, usando un término del boxeo, por la vía rápida. Fue ella la que propulsó al carismático Obama en la Convención Demócrata de Denver, cuando éste dejó paralizados a sus correligionarios con una alocución que contó con la nada despreciable audiencia de 38 millones de telespectadores.

"Tenemos más riqueza que nadie, pero eso no nos hace ricos. Tenemos las mayores fuerzas armadas sobre la tierra, pero no es eso lo que nos hace fuertes. Es el espíritu americano, esa promesa americana que nos empuja cuando el camino se hace incierto. Esa promesa constituye nuestra mayor herencia".

Un gancho al mentón salido de la pluma de Favs, que como todo buen boxeador, se aseguró el knock out con el imponente discurso del triunfo: "Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo".

Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama".

Es la voz de un estoico que duerme sobre un colchón inflable, en un departamento desnudo, la que habla por boca de Barack Obama a una nación desorientada, odiada en todo el planeta y deseosa de retornar lo antes posible a los días soleados de la dignidad y la honra que Bush arteramente les saqueara.

Estamos frente al triunfo de la palabra, al destello del lenguaje inspirador y de las figuras nacidas en la literatura para anidar en lo más hondo del alma humana, que también, aunque no lo crean, es un distrito político.

¿Nuestros desplumados políticos habrán comprendido al menos, remotamente, la esencia de ese triunfo de la palabra iluminadora alcanzado por Obama y Favreau? ¿O nos van a seguir indigestando con las monsergas del PIB, el IVA y las fluctuaciones del dólar, la pavimentación de calles y los tubos de los desagües?

Si a algo se parece en algo este momento de Obama en la historia de Chile es al triunfo de Eduardo Frei Montalva alcanzado al son del Himno de la Patria Joven, escrita por el poeta Miguel Arteche.

Épica, ilusión, belleza, que hoy se vuelven imprescindibles a la hora de derrotar a los bolicheros, prestamistas y especuladores financieros dados a las "pasadas" que sueñan comprar, con los votos de los dormidos, la casa de Toesca.

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