Es mediodía del último jueves de enero. El sol apunta directamente a la cara de Felipe Córdova, por eso lleva unas grandes gafas negras. Está parado fuera de la construcción en que trabajó hasta esta semana.
No le permiten entrar a la faena, por eso se ve obligado a soportar en la calle los veinte y tantos grados que queman a esta hora. Necesita que le entreguen el finiquito, pero todo va muy lento, ya que son muchos los obreros que están esperando lo mismo.
Córdova está decepcionado. El monto de finiquito que le dieron es mucho menor al de su amigo, quien trabajó dos meses menos que él.
No entiende por que pasó eso. Más encima, le rechazaron una licencia médica que había extendido hace algunos días. Cuenta que el despido lo pilló en un muy mal momento.
En los últimos meses se había endeudado mucho en Hites y en La Polar. De hecho, un par de horas lo llamaron de esta última multitienda para decirle que una de sus cuotas estaba atrasada. "Y pensar que también quería sacar la tarjeta Falabella. Menos mal que no lo hice", sostiene.
Ahora está de cabeza pensando dónde buscar una nueva pega. No puede quedarse cesante mucho tiempo: tiene que sacarse esas deudas de encima, pagar el departamento que arrienda con su señora y alimentar y vestir a su hija de seis meses.
Era una buena pega la que tenía, tal vez la mejor pagada que podía encontrar por estos lados. "Sabemos que en la minas del norte es muy bueno, pero aquí en Santiago ésta es la mejor faena que podemos encontrar", agrega uno de sus ex compañeros. Y efectivamente era la mejor faena: Costanera Center pretendía ser el complejo comercial y de negocios más grande de Chile.
Cuatro torres convertidas en modernas oficinas, un hotel de categoría internacional, un centro con convenciones, otro de eventos, todas las grandes multitiendas, un cine Una de esas torres iba a ser la más alta de Sudamérica: trescientos metros de altura o setenta pisos que recibirían a "importantes compañías nacionales y multinacionales, convirtiéndose en emblema de la ciudad", como consigna la web del proyecto.
Era el sueño de Horst Paulmann. Quería inaugurarlo durante el bicentenario. Pero el anhelo del controlador del holding Cencosud se truncó, convirtiéndose en el kilómetro cero de la crisis económica chilena.
Porque pese a que los despidos masivos comenzaron hace un par de meses, la paralización de las obras de Costanera Center se convirtió para muchos en la señal que demostró de forma más potente que la crisis ya se instaló en el país.
LAS RAZONES
A estas alturas ya era una imagen habitual. En la esquina de avenida Vitacura con Nueva Tajamar, en pleno corazón del nuevo centro de negocios capitalino, en Providencia, era normal ver a miles de trabajadores levantando la torre de Paulmann. Incluso en su momento peak eran más de 2.800 los obreros que estaban en la faena.
Sin embargo, el panorama para el proyecto más emblemático del dueño de Jumbo se empezó a complicar en octubre pasado, cuando a raíz de la crisis internacional había anunciado la paralización parcial de dos de las torres. Y esta semana, comenzó el desplome.
El miércoles en la noche la compañía anunció que postergaría en forma indefinida todas las obras del megaproyecto. La crisis económica fue la principal razón que dieron en la empresa para esta paralización.
"Por ahora no tiene sentido seguir avanzando al ritmo actual si no podemos rentabilizar las instalaciones de Costanera Center, por lo que en el actual contexto económico lo razonable y responsable hacia nuestros accionistas es enfocar nuestro plan de inversiones en aquellos proyectos que permitan obtener retornos inmediatos o garantizados", aseguraba el gerente general de Cencosud, Daniel Rodríguez.
No eran las únicas razones. En la firma de Horst Paulmann ven con preocupación el alto nivel de endeudamiento que tienen hoy, antecedente que pesó en esta decisión, sobre todo por el riesgo que ello implica en un período tan adverso como éste.
Y en algunos sectores del Gobierno interpretaron esta decisión como una forma de presión al MOP en uno de los aspectos que más complicaba a Paulmann: las obras de mitigación de los impactos viales del proyecto.
Éstas incluían un puente, un túnel y una pasarela peatonal, obras que en total sobrepasaban los 40 millones de dólares. Sin embargo, el empresario de origen alemán nunca estuvo de acuerdo en financiarlas por completo, pese a que la puesta en marcha de su proyecto podría haber multiplicado el caos vial que ya existe en "Sanhattan".
"Entiendo que hay situaciones económicas nacionales e internacionales que han impedido continuar de inmediato. Las mitigaciones viales no tienen nada que ver con esa decisión. Creo que eso hay que dejarlo clarito", aseguró el ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar.
SIN TARJETA
En las torres apenas se ve movimiento. Según el dirigente sindical Miguel Nazal, los obreros que continúan no superan los mil. Lo que están haciendo son tareas menores, ninguna relacionada con la obra gruesa. Algunas personas que pasan fuera y ven el proyecto a medio construir dicen que se convertirá en un elefante blanco.
La torre que debía alcanzar 70 pisos quedó en el nivel 23 y la que iba a tener 43, fue detenida en el piso 9. Apenas se alcanzó a construir un tercio de las obras.
En las últimas semanas el ritmo de Costanera Center ya era lento. Poco a poco fueron despidiendo a los trabajadores. Desde enero hasta el miércoles desvincularon a 1.100 de ellos. En casi todos los casos, conocieron la noticia de una forma poco diplomática y hasta cruel: al terminar su jornada, no estaban sus tarjetas para marcar el turno, lo que significaba que ya los habían echado.
"Después de bañarme, fui con otros compañeros a marcar tarjeta, pero ya no estaba. Y el encargado de entregarlas nos dijo que estábamos despedidos", cuenta Víctor Rivas, uno de los miles de obreros despedidos. "Lo normal en cualquier obra es que nos avisen un mes antes", agrega.
Rivas estaba al tanto de lo turbulentas que estaban las aguas en la famosa torre. En las últimas semanas, él y casi todos sus colegas estaban conscientes de lo que podría pasar. En algunas de las torres ya habían echado a varios "viejos". El jueves 22 fue el turno de Víctor y otros 300 obreros más.
El golpe le dolió. Sobre todo porque sabía que era una de las edificaciones mejor pagadas de Santiago y "si a ésta le estaba yendo mal, a los otros proyectos tal vez les está yendo peor". A la Costanera Center había llegado el 11 de septiembre de 2006, después de trabajar en muchas otras obras que levantó Salfacorp, la contratista encargada de este proyecto: la Línea 5 del Metro, los malls Plaza Norte, Vespucio y Tobalaba.
"Aquí empecé como jornal y me pagaban 200 lucas. Después me ascendieron a maestro andamiero y me subieron el sueldo a 320 lucas más o menos", cuenta Rivas.
El nuevo puesto que le dieron, si bien era mejor pagado, era mucho más peligroso. Y en un proyecto de esta magnitud, la palabra peligroso adquiría muchos más riesgos. Víctor estaba consciente de eso y cuando se acercaba la Navidad de 2006, sucedió lo que más trataba de evitar: caer del andamio.
"Estaba trabajando en el piso 15 de una de las torres y de repente se dio vuelta el andamio. Gracias a Dios que estaba amarrado y quedé colgando del arnés. Si no fuera por eso, a estas alturas estaría muerto. Apenas quedé con algunos raspillones y me dieron tres días de licencia", relata.
Pese a todo, estaba conforme. Con el sueldo suyo y el de su señora -que trabajaba como asesora del hogar en Los Trapenses, en Lo Barnechea- vivían de forma más o menos cómoda. Esos ingresos les alcanzaban para pagar los $80 mil del arriendo del departamento; otros $40 mil a la señora que cuida a su hija Hilda, de nueve años; y también las cuentas de agua, luz y gas.
Ahora que salió de Costanera Center le acaban de pagar un finiquito de un millón de pesos, de los cuales depositó altiro $700 mil en la cuenta de ahorro para la vivienda.
"En estos días me he dedicado a buscar pega. Fui al Metro y me di una vuelta por Las Condes, pero está mala la cosa. Con lo que hizo Cencosud ya las otras obras también empezaron a parar y más encima las que siguen van a pagar poco. Ojalá la cosa se recupere rápido", se lamenta.
RUMORES EN LA FAENA
Afortunadamente, Víctor fue previsor. El despido lo pilló casi sin deudas en las multitiendas, sólo una en La Polar que ya canceló. Uno de sus colegas en la obra, José Troncoso Inostroza, el último mes había decidido hacer un esfuerzo mayor y en Navidad le regaló un computador a su hija menor, la que tiene 17 años y la única persona que depende monetariamente de él, ya que es separado.
A sus 50 años había trabajado en muchas otras edificaciones pero ninguna con sueldos tan jugosos como ésta. En marzo del año pasado escuchó por ahí lo bien que estaban pagando en Costanera Center. Dejó sus papeles y al mes siguiente ya estaba trabajando en la torre 1 como carpintero M1, que son los más preparados y, por lo tanto, los que reciben mejor sueldo.
Mensualmente, José ganaba sobre 500 lucas, las que incluían las 30 ó 40 horas extras que hacía. Trabajaba de ocho a seis y a veces le pedían que fuera los sábados. Sin embargo, desde hace un par de meses, las cosas habían cambiado.
"De repente, cortaron las horas extra. Y la incertidumbre se hizo muy grande. Su rumoreaba mucho que iban a cortar gente, sobre todo en el turno de la tarde, en el que yo estaba y de donde salió más gente. Por eso sabíamos que la paralización venía muy fuerte", relata.
Para Troncoso, esa incertidumbre acabó el miércoles 21 cuando se enteró de que lo habían echado y le entregaron su respectivo finiquito, "que para los diez meses que estuve, está bastante bueno. Ahora tengo que llamar a unos contactos para ver si hay pega en las minas. Pero lamento mucho lo que pasó, porque son hartos ‘viejos’ los que quedaron sin trabajo. Y lo peor es que no hay nuevas construcciones. La cosa está muy mala".
