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  Curanilahue, el pueblo de la crisis eterna

  Curanilahue, el pueblo de la crisis eterna

  Cuando pareciera que nada puede ser peor, llega un pie enorme a impactarse contra sus habitantes. La hecatombe económica tiene a las forestales bajando sueldos y despidiendo trabajadores en un pueblo donde la cesantía y la pobreza son duras siempre. Donde la gente va a trabajar a pirquenes ilegales para sacar carbón y dignidad, o se planta en la plaza a exigir trabajos mal pagados. Una comuna que convive con la muerte, pero no se deja matar.

Domingo 8 de febrero de 2009

En Curanilahue las piedras no son grises, ni café. Acá, el negro predomina. En el suelo, en los recuerdos y en las mentes de estos chilenos cuya esperanza no está pintada de verde. Todo está teñido de carbón en el pueblo que comenzó a enterrar su alegría junto al fin de la minería, que nunca pudo reconvertirse, que intenta subsistir con pirquenes ilegales, empleos de emergencia y las precarias condiciones laborales de las empresas forestales. A la cruz de siempre, ahora se agrega la renombrada crisis. "Chue", como llaman a esta comuna, fue la primera en sufrir la hecatombe proveniente de Estados Unidos y, como va todo, terminará siendo la última en quitarse el pie de encima.

La cesantía es de un 10,8 por ciento según las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, y de un 11,5 por ciento, según los diarios locales. Pero la verdad cambia día a día. Para evitar el rechazo público, Celulosa Arauco ya no despide a los trabajadores de a 200, sino de 10 en 10 todas las semanas. Hay quienes apenas se salvan con los empleos de emergencia del Gobierno, que acogen a más de dos mil personas y que muchos comparan con el PEM y el POJH. Mujeres que trabajan limpiando juntas de vecinos e iglesias la mitad del día y el resto del tiempo buscan algún "pololito". Son empleos improductivos que muelen las expectativas de progreso a cambio de 159 mil pesos.

A las 9 de la mañana, la plaza principal se empieza a poblar lentamente de cesantes. Frente a la municipalidad se juntan hombres, mujeres, jóvenes y viejos a exigir trabajo. La mayoría pide cupos en los programas de empleo, como si fueran la panacea. En un pueblo como éste, donde el comercio casi está muerto por la falta de poder adquisitivo y no hay empresas que vengan a invertir, cualquier trabajito es bienvenido.

Graciela Soto tiene 30 años y lleva seis sin un trabajo. "Hago puros pololitos. Por ejemplo, hacía aseo en la escuela y me pagaban 15 mil pesos a la semana", dice. Por eso, decidió formar un comité de cesantes para pedir trabajo en la municipalidad. El 2 de enero llegó a la plaza y comenzó a inscribir gente. Ahora son 96 mujeres y 8 hombres los que se sientan hasta las cinco de la tarde para esperar que les den una peguita para subsistir, entre protestas y risas. Todos los días se pasa lista y el que no aparece es expulsado del Comité El Progreso. Hace unas semanas, hasta olla común hicieron. "Ojalá nos tengan respuesta porque ya viene marzo y las mamás que estamos aquí no tenemos cómo mandar a nuestros hijos al colegio porque ni un lápiz tenemos", asegura Graciela ante la mirada de aprobación de sus compañeras, que comparten unos pancitos matutinos, té y café en la plaza.

El sentir es mayoritario. Se viene marzo y no hay cómo enfrentarlo. Por eso, los trabajadores forestales están preparando la primera medida de movilización de este año: no enviar a los niños al colegio en marzo. "No hay cómo mandarlos. Este es un problema que nos afecta a todos en la provincia de Arauco, así es que vamos a iniciar una movilización masiva, no sólo de los forestales, sino de todos los ciudadanos", anuncia el presidente de la Federación de Trabajadores Forestales (Fetrafor), Juan Miranda.

Los aires de protesta se sienten en todo el pueblo. La conformidad no es para los curanilahuinos. "La gente aquí reacciona rápido. Se toma carreteras, el municipio, etcétera. Y ahora que viene la crisis, afectará enormemente a esta comuna. Las crisis siempre golpean a los más pobres y los más pobres están en esta comuna", dice al alcalde Ahimalec Benítez (DC).

Hacia el norte

Si la eterna situación se define en la cesantía y la pobreza, la crisis promete un futuro más negro. Cuando Enacar (la empresa estatal del carbón) abandonó esta zona, las forestales aparecieron con nuevas promesas. "Curanilahue es la capital del oro verde. Tú sales a la calle y ves mucha plata, pero nada de eso se queda acá. Las grandes transnacionales se lo llevan todo y nosotros seguimos siendo un pueblo abandonado por las empresas, por las autoridades y por el Gobierno", explica Miranda.

El sector forestal fue el primero en resentirse. Con la crisis subprime de Estados Unidos, la venta de maderas disminuyó drásticamente y los sueldos también. Dejaron de pagar bonos de producción y eliminaron las horas extra, principal fuente de ingreso de los curanilahuinos que trabajan en estas empresas. Además, están obligando a los trabajadores a tomarse sus vacaciones y feriados colectivos.

Mario Matamala trabaja en un aserradero y su sueldo está cada vez más bajo. Antes hacía cerca de 200 mil pesos en horas extra, con lo que llegaba a los 400 mil. Ahora llega más temprano a su casa a disfrutar con su hija y su esposa, pero tiene que apretarse el cinturón. "Antes uno llegaba a trabajar contento, me gustaba mi trabajo, pero ahora cada vez me desanimo más", explica. La incertidumbre aumenta la angustia. No sabe si mantendrá la pega, si le seguirán bajando el sueldo o si en algún momento todo mejorará. "Así como está la cosa, está el riesgo de que el empresario busque una razón y te despida. Con la plata que a uno le pagan cuando lo despiden hay que ver si se puede hacer algún negocio, pero así como está la cosa un negocio acá no es rentable. Si acá no hay trabajo, habrá que dejar Curanilahue y partir al norte", dice Matamala, no muy convencido de dejar "Chue", donde vive toda su familia.

La crisis llegó al rubro en 2006 y en dos años ya habían despedido a 1.500 trabajadores en la provincia de Arauco. En lo que va de 2009, han caído 1.200 más. "Todos los días me llaman para decirme que va a haber más despidos. Los cálculos que hemos sacado es que van a llegar a 4.000 trabajadores despedidos sólo en esta provincia", dice Miranda. El alcalde Benítez, aunque trata de conciliar con las forestales, también les llama la atención. "Una de las empresas forestales más grandes de Sudamérica tiene su corazón en la provincia más pobre de Chile. Esto lo digo para que Arauco reaccione", dice.

Trabajo o muerte

"Uno acá entra, pero no sabe si va a salir". Son casi las 4 de la tarde y José va a hundirse en el pirquén donde trabaja desde hace seis meses, cuando lo echaron de un aserradero de Arauco junto a otros 250 hombres. A las 12 de la noche debiera salir, junto a sus otros nueve compañeros que se encuentran 50 metros bajo tierra y tosca (piedras). "Esto es menos seguro, pero se gana más", dice José. A la semana completa cerca de 120 mil pesos, trabajando de lunes a sábado en turnos de ocho horas. Pide que no lo fotografíen porque teme que una foto pueda perjudicar su fuente de trabajo, no regularizada ni autorizada por los organismos gubernamentales. "Acá hay más riesgos, pero ésta era la única manera de seguir alimentando a la familia", justifica uno de los jóvenes que se prepara para entrar al pirquén.

Madera, zinc y un equipo generador de corriente son los principales elementos que forman el pirquén. Rústicos y menos equipados que las minas dependientes de grandes empresarios, casi ninguno cuenta con permiso. De los cien socavones que existen, sólo cuatro deben tener todas las autorizaciones para funcionar, según las mismas estimaciones de los empresarios pirquineros.

Mil quinientos curanilahuinos viajan todos los días en camiones o camionetas techadas para internarse a extraer oro negro. Todos hombres, porque las minas son celosas y no aguantan que entren mujeres. La venganza de las damas de carbón son derrumbes y muertes.

"El carbón es lo único que nos puede salvar, pero me da miedo porque es muy peligroso", dice Marta, pensando en su esposo que todavía trabaja en un aserradero. Con los despidos de las forestales, cada día son más los hombres que se internan en las minas ilegales, donde la muerte está a la orden del día.

Si no es por el peligro del pirquén, la muerte llega a Curanilahue de la mano de la depresión. A fines de enero, tres jóvenes se mataron en una semana. Uno tomó la cuerda por los problemas económicos que atravesaba su familia. En el Consultorio Eleuterio Ramírez, el único del pueblo, actualmente hay 150 pacientes que se tratan por depresión y 25 están en serio riesgo de suicidio. "Pero es que acá la gente se deprime por la falta de oportunidades, porque no se ve que la cosa vaya a mejorar", opina Pedro, un joven secundario que ve con claridad la situación.

Este mes se comenzó a preparar una nueva mina. Claro que ésta es legal y viene de la mano del empresario de "SQP", Rodrigo Danús, que quiso invertir en el oro negro. "La Chulita" se ve como una pequeña esperanza para el pueblo. En diciembre ya estará lista para recibir a 300 trabajadores que se internarán a sacar tosca y carbón, además de toda la gente que puede trabajar en lavado y transporte del producto. Esto puede ser una pequeña ventana para que entre algo de aire mientras dure la crisis. Cuando pase, y mientras ninguna política gubernamental y empresarial cambie, Curanilahue estará donde mismo. Con la necesidad de trabajo de su gente y la misma cruz de siempre. // LND

 

La Nación

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