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  "Una pareja dispareja": la química de la risa

  "Una pareja dispareja": la química de la risa

  Los referentes son demasiado obvios para dejarlos pasar. Pero al igual que en "Two and a half men", donde la química entre Charlie Sheen y Jon Cryer es el punto fuerte de la serie, en la sitcom chilena, Braun y Cruz-Coke construyen con sus interpretaciones, una de esas parejas cómicas que con el tiempo pueden convertirse en indispensables.

Lunes 9 de febrero de 2009

No todo ha sido malo para el verano de TVN. En medio del ruido generado por el desplome de "El juego del miedo", una sitcom con un nombre que parece sacado de un diccionario de clichés y con un argumento típico que no destila precisamente originalidad, ha terminado por ganarse un lugar bastante digno en una programación 2009 pasada a repeticiones y series extranjeras.

"Una pareja dispareja" puede haber tenido un comienzo flojo, aunque el defecto es perfectamente normal para un género que suele tomarse algún tiempo en presentar a sus personajes y en enrielar la trama. Con el correr de los episodios, de la mano de dos personajes encantadores y de una actuación sobresaliente de Luciano Cruz-Coke, la serie ha terminado por convencer y hacer reír, recurriendo a un humor de estereotipos perfectamente equilibrado gracias a guiones sencillos y diálogos bien condimentados.

Los referentes son demasiado obvios para dejarlos pasar. La setentera "The odd couple" es la franquicia de TV sobre la que se apoya, aunque el éxito reciente de "Two and a half men" (también tributaria a la vieja obra teatral de Niel Simons) resulta insoslayable. Esta última comparte mucho del argumento de sus émulos chilenos, y eso es ya mucho decir. La química perfecta entre sus protagonistas, Charlie Sheen y Jon Cryer, el punto fuerte de la serie creada por Chuck Lorre, es también el soporte de la chilena: Braun y Cruz-Coke construyen con sus interpretaciones una de esas parejas cómicas que con el tiempo pueden convertirse en indispensables.

Ágiles, creíbles y por sobre todo perfectamente ubicables en nuestro entorno, sobrepasando esa extrañeza que suele enfermar a las adaptaciones nacionales de series anglosajonas y también ese complejo de maqueta que generalmente se derivada de los escenarios reducidos: sin exteriores y con muy pocos elementos para variar el entorno (el living, la pieza de uno u otro hermano), el trabajo de los actores adquiere mucha importancia y sale perfectamente parado.

Al final, analizando la ingrata historia del género sitcom en la televisión chilena, la clave de la calidad parece demasiado sencilla: buenos guiones y buenas actuaciones (lo que recuerda que el último hit nacional del género, "Matrimonio con hijos" obtenía un sobresaliente en ambos rubros). Y poco importa si la idea es original, una copia o una franquicia.

 

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