A propósito de la polémica sobre el viaje de la Presidenta Bachelet a Cuba, es útil recordar que, según la Constitución, es a ella a quien le corresponde conducir la política exterior.
Eso no está en discusión. Tampoco lo está el criterio de que las relaciones diplomáticas deben superar los condicionamientos ideológicos y guiarse por razones de mutua conveniencia, lo que implica que Chile mantenga vínculos con naciones cuyos gobernantes están muy lejos de los valores democráticos, como China, Irán o Arabia Saudita.
Es razonable establecer múltiples formas de contacto con Cuba. Ello puede anular la noción sostenida por sus dirigentes de que la isla es una fortaleza sitiada, lo que justificaría la falta de libertades.
Es indispensable que el Gobierno de EEUU ponga fin al embargo comercial y a las restricciones a sus ciudadanos para viajar a Cuba.
El incremento de las relaciones económicas, culturales y de otro tipo es positivo para el pueblo cubano y puede contribuir a que la cúpula gobernante se abra al diálogo y a los compromisos internacionales.
Los empresarios que acompañan a la Presidenta Bachelet están interesados en invertir en la isla. Ello es legítimo. Como se sabe, algunos amigos del régimen de La Habana hace varios años que mantienen vínculos comerciales con la isla y, al parecer, les ha ido muy bien.
Pero no hay cómo soslayar el hecho de que en Cuba hay una dictadura desde hace 50 años. El balance es la opresión y la socialización de la pobreza.
La isla está obligada a importar hoy el 80% de los alimentos que consume (lo curioso es que buena parte procede de EEUU). Con la agricultura en ruinas y casi sin industrias, Cuba vive hoy del turismo, las remesas de dólares de los exiliados y los subsidios venezolanos. El sueldo promedio equivale a 20 dólares mensuales.
En ningún rubro ha sido tan eficaz el régimen de los hermanos Castro como en la propaganda. Durante muchos años ha difundido una narración mítica que ha tapado la sombría realidad del poder sin contrapesos.
En el pasado, le ayudó el mito universal del socialismo triunfante, pero los tiempos han cambiado. La URSS ya no existe y el modelo surgido de allí es un despojo.
El sacerdote José Conrado Rodríguez, párroco de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, dirigió recientemente una carta abierta a Raúl Castro (www.desdecuba.com) en la que señaló que "las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza" y le pidió que actuara con "audacia" para encontrar un nuevo camino para la isla.
Dijo además: "La inseguridad y el sentimiento generalizado de indefensión provocan la amoralidad, la hipocresía y la doble cara. Vale todo porque nada vale, más que la sobrevivencia a todo precio, que luego descubrimos que es a cualquier precio. De ahí que el sueño de los cubanos, en especial de los más jóvenes, sea abandonar el país".
Se inaugurará en estos días la Feria del Libro de La Habana. Aunque es válido el reclamo del novelista Roberto Ampuero por la prohibición de algunas obras chilenas, entre ellas una novela suya, el asunto principal no es ese, sino la falta de libertad de imprenta y la censura institucionalizada en la isla.
No pueden circular las obras de autores cubanos tan relevantes como Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, Carlos Franqui, Norberto Fuentes, etc.
De todos modos, el empresario chileno Max Marambio explicó las cosas a quienes no entienden: "En Cuba no existe la censura, sino que es el Estado quien edita los libros y elige cuáles publicar" (La Tercera, 08/02/2009).
Para que Cuba avance hacia la democratización y la reconciliación es clave el aliento internacional. Ello puede ayudar a que el grupo gobernante salga de las trincheras y los partidarios del cambio tomen la palabra.
Es hora de que las fuerzas que lucharon en Chile por la recuperación de las libertades muestren una mínima actitud de comprensión hacia quienes luchan por la misma causa en Cuba.
Se trata de las mismas banderas: respeto a los derechos humanos; libertad de asociación y reunión; libertad de prensa; derecho a elegir a los gobernantes, etc.
El interés de Cuba no es el de sus viejos gobernantes. Llegará el momento en que la isla se zafará de las ataduras y buscará recuperar el tiempo perdido.