
Jueves 19 de febrero de 2009
Ha conmocionado a los ambientes católicos e indignado al resto del mundo; obligó al Papa a asegurar a los judíos su "solidaridad total". Acaba de ser relevado de sus funciones a la cabeza del seminario integrista de La Reja en Argentina, el que dirigía hacía algunos años. Pero en la tormenta Richard Williamson no se inmuta y diserta en su blog, como melómano, sobre la belleza de la Tercera Sinfonía de Beethoven. Al asegurar en una entrevista televisada que "ningún judío pereció en las cámaras de gas", este obispo británico, de 68 años, miembro de la Fraternidad sacerdotal San Pío X, corriente cismática de monseñor Marcel Lefebvre, adquirió en horas una notoriedad mundial. Su bomba negacionista, lanzada en el momento en que el Papa anunciaba el levantamiento de la excomunión que lo afectaba desde hacía 20 años, instaló al personaje en su rol de "tipo incontrolable".
"Es un fanático que se pasa el tiempo diciendo estupideces", quiere creer un sacerdote francés que conoce bien el medio integrista. Profesor de literatura y filosofía, Williamson es conocido sobre todo por ser, entre los herederos de Lefebvre, uno de los exponentes de la línea más dura respecto del Vaticano. "Es de una intransigencia total en los temas que competen a la Iglesia y a su evolución desde el (concilio) Vaticano Segundo", testimonia una personalidad involucrada en el diálogo entre los integristas y los conciliares, y que se ha encontrado con él varias veces.
Se cuenta que Lefebvre, percibiendo en el personaje una inclinación a emitir juicios conflictivos, habría dudado en consagrarlo obispo, cosa que desmiente la Fraternidad San Pío X. "Fue elegido por sus dones en idiomas (la Fraternidad tiene la ambición de propagarse en el mundo) y su fidelidad al pensamiento de nuestro fundador", indica un seguidor de Lefebvre. Sus "cualidades" le valieron en todo caso entrar a la historia de la Iglesia Católica el 3 de junio de 1988, ante unos 6 mil fieles y decenas de periodistas. Aquel día, tras meses de dudas, Lefebvre consagró obispos a cuatro sacerdotes de la Fraternidad. Su misión era ordenar a su vez a sacerdotes para que la Fraternidad no se extinguiera con su fundador, por entonces de 83 años. Ese gesto causó la excomunión inmediata de los obispos y generó el cisma que Benedicto XVI se esfuerza hoy por reabsorber.
Para su consagración, Richard Williamson, de 48 años y convertido tardíamente al catolicismo, era el mayor de los cuatro impetrantes. Ese fulgurante itinerario eclesiástico fascinó a este anglicano londinense de buena familia, compañero de Lefebvre desde la primera hora. Horrorizado ante el viraje "liberal" que emprendían las sociedades occidentales, el profesor Williamson sucumbió al discurso conservador de monseñor Lefebvre, quien, desde el fin del Concilio Vaticano Segundo, se erigió en defensor de la "tradición", reclutando seguidores en los sectores más reaccionarios de la Iglesia. El obispo británico encontró en el seminario de la Fraternidad en Ecône un "ambiente favorable a una verdadera conversión", asegura una de las personas que lo conoció allí. Pronto el converso se consagró a la devoción por la Virgen; desarrolló además un gusto marcado por el Apocalipsis. Decididamente antimodernista, el obispo tomó el Syllabus de Pío IX que, en 1864, denunciaba ya "los errores de la sociedad moderna".
Uno de sus interlocutores cuenta que "estaba obsesionado por el laicismo, al que estimaba 'invasor'". Con el correr de los años, demostró ser más "lefebvrista que Lefebvre", señalan los observadores, de los cuales algunos consideran a monseñor Williamson cercano a la corriente sede-vacantista, que estima que, desde el lanzamiento del Concilio Vaticano Segundo por Juan XXIII, la sede de San Pedro está "vacante", porque es ocupada por un falso Papa. Para Williamson, los textos del Vaticano Segundo proclaman una "falsa religión".
También persiste la duda sobre su real voluntad de que se le levantara la excomunión, contrariamente a monseñor Bernard Feilla, superior general de la Fraternidad, que trabajó para ello durante varios años. "Al provocar escándalo con sus frases sobre las cámaras de gas, impide todo acuerdo de reconciliación entre la corriente integrista y el Vaticano", analiza el abate Guillaume de Tanoüarn, ex lefebvrista y actual miembro del Instituto del Buen Pastor. Esta intransigencia explicaría su "alejamiento" a Argentina, país que no alberga "el seminario más prestigioso de la Fraternidad", reconoce uno de sus miembros. Presentado como un "hombre de cultura", "pianista emérito", capaz de citar a Shakespeare en sus homilías, Williamson asegura haberse interesado en el negacionismo en los '80. "Siempre he buscado la verdad", se justifica el prelado inglés en Der Spiegel del 9 de febrero.
Una "búsqueda" que lo llevó a declarar en 1989 en Canadá: "Los judíos inventaron el Holocausto para ponernos de rodillas, para hacernos aceptar su nuevo Estado de Israel. Todo eso, no son más que mentiras". Después de reiterar sus posiciones que escandalizaron al mundo en estas últimas semanas, monseñor Williamson se declaró dispuesto a "estudiar" nuevamente el asunto. La Fraternidad rechazó oficialmente sus expresiones, mostrándose al mismo tiempo bastante comprensiva. En su sitio internet, la Fraternidad saluda la "voluntad (de Williamson) de informarse objetivamente estudiando la tesis adversa a la que él ha adherido hasta ahora", dejando entender a la pasada que habría en este tema la presencia de dos "tesis".
Por ahora, la Fraternidad no ha resuelto desembarazarse del obispo. Es verdad que, a la cabeza de sus tropas, "podría reproducirse" ordenando nuevos sacerdotes y, de esa manera, perpetuar el cisma. Paralelamente, su presencia complica un acuerdo, ya hipotético, con el Vaticano.
La Iglesia no puede excomulgarlo de nuevo: "El Papa no excomulga por temas históricos", indica un obispo. "¿Terminará quizás como capellán de religiosas contemplativas?", sugiere con ironía un cercano a la Fraternidad. O ante la justicia de los hombres. En Alemania, la fiscalía abrió una investigación; en Francia y Argentina, se presentaron demandas por "cuestionamiento de crímenes contra la humanidad". El "problema Williamson" está lejos de resolverse.
* Le Monde, derechos exclusivos para La Nación