
Domingo 22 de febrero de 2009
Una noche en un bar, un viejo amigo le cuenta a Ari Folman que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de animales. Los dos hombres llegan a la conclusión de que tiene que ver con una misión que realizaron para el ejército israelí durante la primera guerra con el Líbano a principios de los años ochenta.
"Todo nació cuando descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado y al trabajar en este proyecto sufrí un grave trastorno sicológico. Descubrí cosas muy duras de mi pasado. La verdad es que hice esta película para que cuando mis hijos crezcan la vean y no participen en ninguna guerra", dice Folman, director de "Vals con Bashir", primer documental animado de la historia que esta noche pelea el Oscar como mejor película extranjera con muchas posibilidades de ganarlo.
Como un ex soldado que estuvo en frente libanés, Folman explica que en Israel el servicio militar es obligatorio durante tres años y luego cada año se obliga al ciudadano a estar en la reserva dos semanas hasta los 50 años. Pero cuando el guionista tenía 40 años quiso dejarlo. Eso sí, antes el ejército le pidió participar en un experimento con siquiatras de la institución. "Hice ocho sesiones con un sicoanalista y hablé de mis tres años en el servicio militar y me di cuenta que, tras 20 años, era la primera vez que hablaba de este tema, de mi experiencia militar en el Líbano. Luego empecé a hablar con amigos, compañeros, con parientes y nadie hablaba de esta guerra, que no era heroica, no tenía glamour y no era muy popular".
Entonces, el israelí decidió que lo mejor era recuperar la memoria escarbando en el pasado a través de la animación, ya que rodar en imágenes reales no le convencía. Así nació "Vals con Bashir", nombre tomado del ex líder libanés falangista Bashir Gemayel, asesinado por radicales y que dio inicio a toda la masacre.
COSA SERIA
El documental se basa en la historia personal de Folman, donde se mezclan sueños, alucinaciones del subconsciente, pérdidas de memoria, pesadillas del infierno y juegos oníricos que sirvieron de terapia y los transformó profundamente. "La animación me daba la libertad absoluta para manejar todos estos medios y hacer una película con ellos. Cosa que con imágenes reales no hubiera sido posible y hubiera sido un aburrimiento para el espectador", explicó.
Muchos ex soldados israelíes han pasado por esta experiencia de estrés postraumático, comentó Folman. Algunos podrán vivir siempre negando su memoria aunque es posible que en cualquier momento exploten. "Para empezar a trabajar pusimos un anuncio en internet donde decíamos que necesitábamos gente que tuviera historias sobre el Líbano. Gente que hubiera estado ahí luchando y tuvimos respuesta de más o menos mil personas. Luego, tras recibir las respuestas visualicé que muchas personas estaban esperando que alguien contara estas historias".
A continuación, el realizador eligió 3.500 fotogramas y generó una animación flash. Para dar más vida a los dibujos aplicó también animación en 3D y si bien, el 99% del documental es animado, utilizó imágenes reales y muy dramáticas con la intención de dar más realismo a una historia negra de la humanidad donde tres mil niños y mujeres palestinos fueron masacrados.
"Fue decisión ideológica. No quería que la gente saliera del cine diciendo: 'qué buena película, qué fantástica animación, que música más buena de los ochentas, que cool'. No quería esa actitud. Yo lo que quería es que la gente saliera recordando y sabiendo la masacre de miles de personas durante tres días, especialmente de mujeres y niños, totalmente inocentes. Quería que se conociera el suceso de Sabra y Shatila. Lo que espero es que por lo menos dos o tres personas la vean y busquen en Google sobre estos sucesos en el Líbano". LCD