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  Fuego en el cielo

  Fuego en el cielo

  Como suman años, suman decibeles. Ian Gillan, vocalista de los rockeros británicos, cuenta cómo es que su banda soporta cuatro décadas de trote frente a un público que cada vez más joven se zambulle en la piscina de humo. "Y eso que vimos que cavaban nuestra tumba", dice el vocalista.

Domingo 22 de febrero de 2009

Deep Purple viene de bucear en la insolente indeferencia que le deparó la prensa inglesa por años, dedicada a echar tierra sobre sus dinosaurios rockeros. Los solos eternos, la fijación progresiva, el pelo largo, las referencias medievales: todo quedó pasado de moda ante los dictados del rock n'roll bailarín y el "un, dos, tres, cuá" de los herederos ramoneros. Pero hace algún tiempo, Ian Gillan, vocalista histórico de la banda británica, quedó desconcertado. "Honestamente, no sé cómo es que estas cosas funcionan", dice el frontman desde Portugal, donde brocha en mano, amonona su casa de veraneo. "Mi hija me acompañó hace un par de años a un concierto en Wembley. Y conversábamos en el camerino. Le dije: 'Diablos, ¿qué está pasando?, ¿de dónde salen todos estos chicos'. Y ella me respondió: 'Papá, ¿no entiendes nada, cierto?'. '¿A qué te refieres?'. 'A que Deep Purple es nuevamente cool'".

-¿Y cuándo no fueron "cool"?

-Montones de veces. Cuando nos llamaron "heavy metal". O cuando nos pusieron "dinosaurios". O la menos "cool" de todas: cuando nos rotularon como "rock clásico". Eso es como ver que están cavando tu tumba.

Deep Purple es "cool", según la hija de Gillan, pero la fuente es demasiado cercana. Habría que revisar también las reseñas al último trabajo de los rockeros canosos de bandana, "Rapture of the deep" (2005): llovieron flores y confirmaron un romance otoñal con la crítica musical, ya gentil con "Bananas" (2002), su trabajo anterior y el primero con la alineación actual: Gillan al frente, Steven Morse en guitarra, Don Ayre en teclados, el baterista Ian Pace, Richard Glover al bajo. Deep Purple, un grupo con 40 años de actividad -y repertorio suficiente para vivir una vida tranquila chupando sangre nostálgica- está viviendo una productiva crisis de mediana edad. Y con ese ñeque arriban nuevamente a Chile para tres conciertos: el 24 de febrero en Arena Puerto Montt, el 26 en el Teatro Caupolicán de Santiago y el 28 en Antofagasta, éste último gratis. Durante la gira nacional estarán acompañados por Dios Salve a la Reina, tributo argentino a Queen. "¿Qué más puedo decir sobre el show?", ríe el músico, "será el viejo y conocido Deep Purple. Todo lo que puedo decir es que vamos a estar explosivos, porque acabamos de tomarnos unas vacaciones de dos meses. Así que va a ser muy energético".

Bajo tierra

La relación de Chile con Deep Purple se forjó en sangre y fierro, cuando en 1997 cayó una torre de sonido sobre el público en el Estadio Santa Laura. Era el año en que "Machine head" (1972), opus máximo del grupo, fue reeditado en CD, "corrigiendo el terrible crimen que cometieron con nosotros con las primeras ediciones en compactos, que casi me hicieron llorar", recuerda el vocalista. Y en otras cuatro ocasiones han vuelto a tocar "Smoke on the water", "Highway star" o "Black night" junto al respetable local. Esta vez, habrá espacio para "lo inesperado", dice Gillan. Pero a estas alturas del partido -el vocalista recuerda su primera vez en el escenario en 1959- ninguna variación debería exigirse: "Nos aferramos a nosotros, fieles a nuestras armas. Ocurre que la mitad del tiempo vas a la deriva, solo, bajo tierra, mientras todos lo están pasando de maravilla en el negocio de la música, incluso sabiendo que tú andas por ahí. Así que, al final, se reduce a una relación entre nosotros y la audiencia".

Por eso es que Gillan no ve MTV ("mi mayor recreo es ponerlo en silencio y reírme, es el show más hilarante que existe"), ni escucha radio ("no soporto la estación de 'rock clásico' en Inglaterra, no entiendo cómo alguien puede escuchar la misma canción una y otra vez"), ni está muy interesado en la resurrección de sus contemporáneos. "¿Led Zeppelin? Claro que iría a verlos, pero después que giren unos dos años. Trabajen un poco, ármense, que esto no es un ensayo público y cuesta mucho trabajo. Y después pagaría las diez mil libras que van a andar cobrando": arrugas y panzas orgullosas al viento, que ahora sí, el argumento de autoridad se impone. LCD

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