Inicio » Opinión

  Chile y Cuba: balance de una gira

  Chile y Cuba: balance de una gira

  La gira de la Presidenta ha permitido colocar en un nivel superior las relaciones chileno-cubanas, favoreciendo con ello el intercambio económico, político y cultural entre ambos países, lo que además de ser bueno en sí mismo, puede generar mejores condiciones para que Chile pueda influir al desarrollo de un escenario político futuro de mayor apertura democrática y comercial de Cuba.

Domingo 22 de febrero de 2009

foto_01
w:300
h:524
46 kbA la hora de realizar un balance de la visita de la Presidenta Bachelet a Cuba, constituye un mínimo ejercicio de objetividad distinguir entre los alcances de ésta en el marco de la política exterior del país y de la particular coyuntura histórica que vive Cuba, de las palabras de Fidel Castro sobre las relaciones entre Chile y Bolivia, y del impasse político que de allí se derivó.

En efecto, Cuba vive una situación expectante, marcada por el retiro de Fidel Castro como Jefe de Estado y su lento pero inexorable ocaso político (lo que quedó en evidencia en este affaire con la Presidenta chilena, cuyos dichos no contaron con el respaldo del Gobierno cubano); y por una nueva administración norteamericana, la cual podría introducir modificaciones a una política de bloqueo comercial de décadas a Cuba y apostar por aumentar su influencia de la manera como tradicionalmente suele hacerse en política exterior: incrementando los intercambios entre los países, y no restringiéndolos o suprimiéndolos.

Por otra parte, constituía una clara anomalía de la política exterior chilena que un presidente no visitara Cuba desde hace casi cuarenta años. No existe un precedente parecido en la política internacional de Chile en relación a otro país del mundo (de cualquier signo y régimen político), menos aún tratándose, como en este caso, de un país latinoamericano. Por tanto, normalizar relaciones; contribuir a la política de reinserción de Cuba al concierto latinoamericano siguiendo los acuerdos y directrices del Grupo de Río; aumentar los intercambios comerciales, científicos y culturales; estrechar lazos con la sociedad civil (por ejemplo, a través de la visita a la Iglesia Católica cubana que incluyó la gira); y participar de la Feria del Libro de La Habana, en la cual Chile era el invitado principal, constituían un núcleo suficiente de razones para justificar un viaje de un Presidente chileno a Cuba en la actual etapa.

Por su parte, la postura en materia de libertades políticas y derechos humanos en Cuba, el Gobierno de Chile la había hecho pública una semana antes del viaje de la Presidenta, donde correspondía y era pertinente hacerlo: en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra. Allí, Chile instó a Cuba a ratificar los instrumentos internacionales en materia de DDHH (dicho sea de paso, Chile aún no lo ha hecho en relación al Tribunal Penal Internacional, TPI); abogó por un fortalecimiento de la independencia del Poder Judicial cubano, y por la no restricción del ejercicio de las libertades públicas utilizando legislación de emergencia (la que suele ser invocada internamente apelando al "bloqueo" norteamericano). A su vez, Chile llamó a respetar y proteger los derechos de quienes disienten políticamente en Cuba.

A juicio de José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, la postura asumida por Chile fue clara en materia de libertades públicas y de DDHH en Cuba en el marco global de la gira presidencial, y la definió "como más eficiente que las otras dos posturas tradicionales que adopta la comunidad internacional ante La Habana: la incondicionalidad de los aliados o el apego irrestricto a la política estadounidense con bloqueo incluido" (LND 19/02/09). Esta posición ratifica una línea estratégica de independencia y no alineamiento de Chile en materia de política internacional como en su momento lo hizo frente al conflicto de Irak , lo que no es compartido por quienes quisieran ver a nuestro país y su política exterior alineada sin matices con Estados Unidos, o bien con el régimen cubano, o prisionera de arcaicas categorías y sensibilidades propias de la guerra fría.

La visita de la Presidenta Bachelet más allá del affaire con Fidel Castro, quien ha demostrado una notable falta de sintonía fina con la política chilena, ya desde los tiempos de su interminable y a la postre contraproducente visita a Chile durante el Gobierno de Allende , ha servido para normalizar las relaciones entre dos países latinoamericanos con muchos lazos históricos y afinidades, y ha constituido una presencia oportuna de Chile en un especial momento de la historia de Cuba.

La gira de la Presidenta ha permitido colocar en un nivel superior las relaciones chileno-cubanas, favoreciendo con ello el intercambio económico, político y cultural entre ambos países, lo que además de ser bueno en sí mismo, puede generar mejores condiciones para que Chile pueda influir en el marco de los acuerdos y mecanismos de los organismos multilaterales latinoamericanos al desarrollo de un escenario político futuro de mayor apertura democrática y comercial de Cuba. //LND

* Director ejecutivo del Instituto Igualdad.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.