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  El Masters of Food and Wine mendocino, ejemplo y lección

  El Masters of Food and Wine mendocino, ejemplo y lección

  ¿Qué hace que una sociedad como la mendocina, convocada por un magnífico hotel, sea capaz de hacer un evento enológico-gastronómico admirable, de un nivel con el que los chilenos no llegamos a soñar? Clase, pensamos. Pero eso deben reflexionarlo también los actores chilenos, hoteles, viñas, productores de insumos y autoridades de Gobierno.

Domingo 22 de febrero de 2009

Argentina, y específicamente Mendoza, acaba de dejarnos a los chilenos mirando desde atrás en lo que a promoción de nuestro producto nacional, el vino, se refiere. El Hotel Hyatt Park, en torno al cual se escenificó el Masters of Food and Wine 2009, nos admiró con la magnificencia con que organizó una jornada eno-gastronómica admirable, generosa y de altísima calidad, con presencia de 24 chefs de cocina, de varios países del mundo, algunos del prestigio de Philippe Labbé, Kevin Thornton, Nicolás Sale y Montse Estruch, todos galardonados con estrellas en la mundialmente famosa Guía Michelin, de Francia.

El evento comenzó el jueves 12 con un inmenso cóctel de bienvenida, en el mismo Hyatt, con stands de las bodegas Cuvée Mumm, Finca Flishman, Catena Zapata, Terrazas de los Andes, Grafigna, Luigi Bosca, Bodega Cobos, Trapiche, La Rural y Bodega Séptima, con cocina informal pero deliciosa, preparada por trece de los chefs asistentes. Y el broche de oro fue la cena de gala de despedida, la Wine Spectator Gala Dinner, el sábado 14, preparada por el conjunto de los chefs, con menú fastuoso y los vinos de mayor categoría de Argentina, para al menos 200 personas. Una joya del servicio, una créme brûlée de foie gras armonizando con Chardonnay de Angélica Zapata.

Fuera de eso, en el hotel tuvieron lugar degustaciones y cursos de cocina, entre los más brillantes el de Montse Estruch y una cata de vinos notable por lo que nos toca a los chilenos. Los protagonistas fueron el austríaco Aldo Sohm, mejor sommelier del mundo 2008, y Patricio Tapia, crítico chileno de vinos y único participante de nuestro país, que arrancaron aplausos en una degustación didáctica y animada, en inglés y español, y en la que Tapia opacó al sobrio profesional europeo con su humor y fluidez propios de las grandes jornadas.

En el Bistró M, el mejor comedor del Hyatt Park, todos los días se servía un fastuoso desayuno buffet a discreción, desde las 6:30 a las 9 de la mañana. En seguida, a abordar los buses de lujo para salir a las distintas bodegas, escoltados por una treintena de las muchachas más hermosas, elegantes y sobrias que hemos visto jamás en un evento de esta naturaleza. Con ligeros vestidos negros con hombros y brazos descubiertos (nada de escotes atrevidos), alpargatas de terraplén atadas a los tobillos con cintas negras y sobrerito de paja de ala angosta, las llamadas "Chicas Master" fueron algo de lo más llamativo, hermoso y útil del gran evento, porque habían sido entrenadas para ayudar y no sólo para adornar.

Los buses salían, por ejemplo, hacia la finca Flischman, para visitar viñedos y bodegas y almorzar preparaciones de los chefs Fernando Trocca y Alfredo Heredia. Otro grupo iba a Catena Zapata, con almuerzo del japonés Takashi Yagihashi y el célebre Jean Paul Bondoux, consagrado en la Bourgogne del Alvear Plaza de Buenos Aires.

Quien escribe tuvo una jornada feliz al mediodía en la visita a la bodega Terrazas de los Andes, del Grupo Moet-Chandon y con almuerzo preprado especialmente por uruguayo Luis Acuña, de la parrilla El Pobre Luis, de Buenos Aires, que disputa palmo a palmo la primacía asadora de la capital del Plata con el mendocino Hugo Echevarrieta.

Menos mal y esto es una ironía que el evento duró sólo cuatro días. En la noche hubo, cada vez, un "tour de force" gastronómico, porque cerca de las 9 había que visitar otra bodega y comer otra cena de tres o cuatro platos.

La síntesis es opulencia, magnífica organización, prestigio tremendo para un evento que llega a su tercer año y que galardona a Hyatt, su organizador. Pero, obviamente, queda una reflexión que nos duele. ¿Por qué los chilenos no somos capaces de hacer algo que siquiera se acerque a la calidad, elegancia y potencia de lo que hacen, tan cerca, al otro lado de la cordillera?

Cierto, el evento debe haber costado una fortuna. Pero Hyatt consiguió apoyo de American Airlines y Lan en los pasajes, que es un ítem muy costoso. También contribuyeron el Instituto Nacional de Promoción Turística, la Secretaría de Turismo de Mendoza, el Canal Gourmet de Buenos Aires y gran parte de las bodegas más poderosas, varias de las cuales están a media hora o menos de la puerta del hotel. El Hyatt dio hospedaje principesco a más de un centenar de invitados y protagonistas, pero también vendió paquetes en los que participaron aficionados al vino y a la alta cocina hasta de Chile.

El Servicio Nacional de Turismo chileno nunca se ha preocupado ni por la comida chilena ni por el vino, pero sí nos volvimos locos parte del Gobierno también y nos gastamos millones en el Rally Dakar, que dejó daño ambiental, heridos y fracasos para los chilenos. ¿Qué quedó para Chile? ¿Qué para el vino, se dice que es el emblema nacional de nuestro país?

El aplauso y la difusión del éxito del Master of Food and Wine de Mendoza no es sólo un hecho de justicia, sino también de autocrítica. El Hyatt de Santiago, Vinos de Chile, los salmoneros, los fruticultores, los productores de una carne chilena cada vez mejor, nuestro Gobierno, ¿se atreverían a intentarlo? Quizá lo dijeron muchos al otro lado de los Andes la diferencia es que ellos "se creen el cuento y son generosos". Nosotros no. //LND

 

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