
Domingo 22 de febrero de 2009
La forma en que Sebastián Piñera publicitó sus reuniones con tres alcaldes DC de la Región de la Araucanía, provocando la ira de la directiva de ese partido, no debiera ser una novedad para quienes recuerdan los denodados esfuerzos que el abanderado de la Alianza hizo en su anterior campaña presidencial para apoderarse de los símbolos del falangismo.
Claro que algunos fueron burdos en exceso, como ocurrió durante un acto en la comuna de Conchalí, al que acudieron la esposa del candidato, Cecilia Morel, y el ya derrotado abanderado del gremialismo, Joaquín Lavín.
Aquella vez llamó la atención la presencia de varias banderas de la DC ondeando entre los asistentes. Pero una nota de TVN destapó que no se trataba más que de un engaño: los supuestos "decé-piñeristas" confesaron en pantalla que nunca habían estado afiliadas a ese partido, que eran en realidad militantes de la UDI y que las banderas se las habían entregado en la sede del comando.
Según informó después el Diario Siete (imagen de la izquierda) quienes proveyeron las banderas fueron ex militantes que habían sido expulsados varios años antes de la DC, aunque el caso provocó una comedia de contradicciones entre el propio Piñera, la diputada Karla Rubilar y el dirigente UDI Alfredo Galdames.