
Miércoles 25 de febrero de 2009
Tienen más de 50 años, y algunos sobre 60, y pueden quedarse literalmente pegados frente a la pantalla del televisor, pero jugando. Estos abuelos rompen esquemas y manejan consolas de videojuegos igual o mejor que sus hijos y nietos. Lo bueno: expertos dicen que los ayuda a mantener sus cerebros activos. Aun mejor: los productores de juegos ya están pensando en productos para ellos.
Rosa Ramírez Ruffinatti tiene 65 años y maneja la Wii como experta. Su afición por los videojuegos data de hace más de 25 años, dice. "Jugaba Pong hace chorrocientos años -cuenta riendo- y después me tenté con los Nintendo". Tanto, que en los noventa se compró un Game Boy que aún conserva. "El Nintendo me relajaba, como era enfermera me lo llevaba a los turnos", dice.
El Pacman, Tetris y los juegos de habilidad son sus favoritos, sobre todo el Bejeweled, que puede jugar en el computador. Cada vez que puede, Rosa juega Wii con sus hijos, nietos e incluso con su marido, un poco mayor.
El sicólogo Claudio Boza, de la Universidad Mayor, destaca el efecto que tienen los juegos en el mejoramiento de las habilidades cognitivas, sobre todo en los adultos mayores. "Además, favorece sus habilidades motrices y en el caso de quienes viven con sus nietos o que tienen contacto con ellos, el que puedan jugar juntos favorece el vínculo afectivo", afirma.
Para Juan Carlos Molina, geriatra de la Clínica Meds y del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, es necesario mantener el equilibrio físico y mental de los adultos jugadores, de manera de evitar que se conviertan en hábiles, pero sedentarios. "Hay que tener el balance justo para que el elemento de estimulación cognitiva no caiga en una disminución de las capacidades funcionales motoras. Hay videojuegos como el Wii que son bastante efectivos para recuperar la movilidad. El movimiento es fundamental en la vida, es el medicamento para mantenerse vivos. Mientras podamos mantenerlo, tendremos una persona, más autovalente, con mejor calidad de vida y con más vida", sostiene.
Fanáticos de antaño
Juan Román Travieso (50) si bien aún no es abuelo, representa a los fanáticos de antaño y pretende seguir siéndolo. Comenzó en los años setenta jugando Pong. "No tenían buena gráfica, pero uno se entretenía a mil", afirma. Con el tiempo ha pasado por todas las consolas y en su casa hoy maneja PlayStation, Xbox y Wii.
Admite que causa extrañeza cuando juega en público. "En el último ATP en Viña había una fila de gente esperando para jugar tenis con la Wii. A mí, el chico que estaba a cargo me quedó mirando raro y me hizo una advertencia, creyendo que no sabía jugar, pero cuando gané, quedó sorprendido", cuenta.
Le gustan los simuladores de vuelo y el Assassin's Creed, basado en una historia de templarios. "Me gustan los juegos en que los diseñadores se preocupan de mantener el contexto histórico", dice, y es que siendo profesor de esa disciplina en Valparaíso, algunos títulos incluso le han servido para hacer clases.
Abuelas gamer
Mónica Amaya tiene 55 años y hace diez que es toda una "abuela gamer". Comenzó a jugar cuando sus hijas dejaron botado el PlayStation. "A ninguna le llamó tanto la atención y como había que aprovecharlo, si a ellas no les gustaba, tenía que usarlo yo", dice. Siempre le gustó el Pacman, pero ahora no suelta la saga "Leyenda de Spyro" -la historia de un dragón que se enfrenta a diversos enemigos-, repite varias veces las etapas y hasta ayuda a sus nietos a pasar las partes más difíciles. Asegura que le encanta porque es un reto.
"Siempre hay que mantener la mente en algo, el hecho de estar desocupada hace pensar en los dolores, el juego te hace menos achacosa", dice Rosa. Mónica coincide y cuenta que hasta ahora no tiene ningún achaque y, de hecho, hace cinco años que no visita a un médico.
"Los mayores estamos absolutamente más despiertos al jugar", dice Juan. "El ser humano es eminentemente lúdico, si una persona desarrolla su capacidad lúdica asociada al aprendizaje, esto le va a permitir llegar a mucha edad lúcida", agrega.
El único consejo, dice el sicólogo, es no exagerar con los movimientos, pues puedan generar lesiones.
