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  Restauradora de muñecas

  Restauradora de muñecas

  Katrina Maturana remoza antiquísimas muñecas, para evitar que sólo queden en los recuerdos.

Viernes 27 de febrero de 2009

No sabe cuántas, pero asegura que son más de mil esparcidas entre mesas, sillas, vitrinas y repisas. Katrina Maturana tiene un raro y cada vez menos frecuente oficio: reparadora de muñecas. En su taller de Viña del Mar tiene hasta Olivia, la eterna amada de Popeye, La Pequeña Lulú o Heidi.

Autodidacta, aunque de profesión diseñadora, aprendió su oficio gracias a sus estudios en Estados Unidos y a que en más de una ocasión un desconocido le pidió que le restaurara la muñeca de algún familiar por su gran valor sentimental.

En sus constantes viajes a India, Tailandia, República Checa, Hong Kong y toda Sudamérica, Katrina fue adquiriendo libros que le ayudaron a conocer los materiales utilizados en la fabricación de estos antiguos juguetes, como madera, cartón, trapo, plástico o cerámica y sus distintas procedencias, especialmente Alemania y Francia, la cuna de las muñecas de porcelana. "Todo mi dinero lo he gastado en esto. No sé cómo llegué a tener tanta historia en un recinto", asegura entre risas.

Mirando, leyendo y asumiéndolo como un hobby, Katrina se sintió confiada para reparar lo encomendado. Su especialidad es la reposición de los elásticos de las extremidades, la reinstalación de ojos de cristal, pelucas y la vestimenta, todos ellos elementos que determinan el valor de la muñeca, que en promedio llega a los 300 mil pesos, pero que pueden superar los 8 millones de pesos.

Asegura que la demanda por la restauración es muy variable, promediando una al mes.

En lo que más tarda es en el diseño de los vestidos, ya que se preocupa de conseguir géneros que representen la época: algodón y lino. De nylon, ni hablar. Este servicio cuesta alrededor de 50 mil pesos, mientras que un trabajo más completo puede llegar a unos 120 mil.

Sin avisos en los diarios ni en internet, su fama fue adquirida gracias al boca a boca, el que ha llegado incluso a Bélgica donde una clienta le envió su muñeca para ser reparada.

Pero Katrina no sólo se dedica a restaurarlas y a coleccionarlas, ella además las fabrica. Llena sus moldes con porcelana líquida, que es comercializada en bidones, las moldea y las lleva a un horno antes de pintarlas.

De cera inglesa

Katrina está más que orgullosa de su colección. Asegura que posee el único ejemplar de lata alemán, que atesora junto a una muñeca de cera inglesa de 1870 y una de madera de la época colonial.

Pero su "chiche" es la Pepina, a la que vio durante meses en la vitrina de una tienda y que llegó a sus brazos en su cumpleaños número seis gracias a su madre.

Tanto ama a sus muñecas que preferiría vender sus muebles y zapatos antes que a ellas, pero su sueño es compartirlas, y por eso piensa en grande.

Junto a otros coleccionistas, ha formulado un proyecto para crear el Museo del Juguete en Valparaíso, el que está en estudio con fondos de Corfo y Valpo Mío. Hoy todas sus esperanzas están puestas en este proyecto, ya que asegura que no quiere que el patrimonio de las muñecas de Chile siga encerrado en las cuatro paredes de su taller.

La Nación

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