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  Groupies literarias

  Groupies literarias

  Suelen ser estudiantes de literatura y periodismo, que hablan de los autores llamándolos por su primer nombre como si fueran sus mejores amigos. No les interesa su literatura, sino ellos, y más que un libro buscan un número de teléfono, una cita y el interno deseo de un affaire o, como lo llaman en algunos blogs, un "orgasmo intelectual".

Domingo 1 de marzo de 2009

No son como la rubia Penny Lane de la película "Casi famosos", que perseguía a una estrella de rock durante una gira. Pero sí se le parecen en la persistencia para seguir a su estrella y en el amor que les profesan. La diferencia es que, en su caso, el adorado es un escritor y el contexto, un festival de literatura internacional.

Son las denominadas groupies literarias, chicas que acechan a los escritores sólo con el objetivo de entrar y formar parte de su círculo de amistades. Suelen ser estudiantes jóvenes, de periodismo o literatura, que ven en los encuentros o ferias internacionales una oportunidad para conocer a los escritores de cerca. Tan cerca como sea necesario.

El Teatro Heredia de Cartagena de Indias esta lleno y la gente que no cabe se desparrama por las calles de la ciudad amurallada. A pesar de los empujones y los intentos de señoras que reclaman un lugar entrada en mano, con sus mejores vestidos y carteras Luis Vuitton, las puertas se cierran. No es un concierto de Juanes, sino la ceremonia de inicio de unos de los festivales de literatura más taquilleros de Latinoamérica: el "Hay Festival".

Mirando el programa no es difícil entender cómo las categorías de escritor célebre y rockstar prácticamente se han mimetizado. El evento que cuenta con la asistencia de escritores del renombre de Martín Caparrós, Juan Villoro, Laura Restrepo, Fernando Vallejo y Salman Rushdie está colmado de conferencias, entrevistas y lecturas, proyectadas en pantalla gigante y traducción inmediata. En ocasiones, en lugar del silencio sepulcral que se supone permitirá oír las presentaciones, se escuchan gritos, silbidos e interpelaciones, todo en medio de flashes que ciegan una y otra vez la mirada de los escritores. Y en cuanto éstos bajan del escenario, son seguidos por una avalancha de peticiones de autógrafos, papelitos con números de teléfono y direcciones de correo electrónico. Es un verdadero paraíso para las groupies: una vez al año, y en medio del calor ardiente del Caribe colombiano, los escritores y cronistas con mejor publicidad de América Latina caminan por la misma vereda, beben café en la misma librería y bailan salsa en el mismo local que las chicas que los admiran y/o los desean. Los dioses bajan del Olimpo y se hacen carne a menos de cinco metros de distancia.

Quiero ser tu discípulo

Las chicas, en general veinteañeras y que saltan de un evento a otro, tienen en general una extraña capacidad para mezclar sensuales escotes con un levísimo halo de intelectualidad, a menudo gracias a los lentes de carey que ocupan y la cara de ensimismamiento que colocan entre pregunta y pregunta. El objetivo táctico puede variar: salir a comer, acompañarlos a un bar o terminar en la cama con ellos. El objetivo estratégico suele ser uno solo: ufanarse de la cercanía con una pluma famosa.

El director de una conocida revista literaria es un claro ejemplo: prácticamente debe quitarse a las chicas del cuello para poder seguir caminando por las calles de Cartagena. Circula acompañado siempre por un séquito de cinco veinteañeras que le rinden pleitesía en un flirteo trasnochado y escuchan absortas su opinión sobre el momento que vive la crónica latinoamericana.

Otra chica, estudiante de literatura que colabora en un periódico de Bogotá, se ha paseado toda la tarde junto a Junot Díaz, un escritor dominicano que hace un año era un total desconocido pero que se hizo famoso al ganar el premio Pulitzer con su novela "La maravillosa vida breve de Oscar Wao".

¿Pudiste entrevistarlo?, le preguntamos.

No, pero lo pasamos muy bien paseando juntos, somos casi amigos responde, mientras lleva como un trofeo la rosa que Díaz recibió de regalo durante la presentación de su libro. La misma muchacha no tiene problemas en explicarnos el modus operandi que utiliza para acercarse a otros escritores, una persecución que, entre fachadas coloniales y calles adoquinadas, puede alcanzar ribetes detectivescos: el escritor dobla la esquina y ella lo sigue despreocupada. Él entra a la librería Ábaco y ella ingresa también. Él toma un libro y ella toma el de al lado. Así, es casi inevitable que comiencen a hablar.

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CIRCO LITERARIO.- Un festival literario colmado de conferencias, entrevistas y lecturas proyectadas en pantalla gigante.
Poderoso afrodisíaco

El fenómeno, eso sí, no es nada nuevo ni exclusivo de los eventos internacionales. En 1988, justo antes del plebiscito, visitó nuestro país el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Periodistas de la época todavía recuerdan asombrados la numerosísima corte femenina que persiguió entre conferencia y conferencia al autor de "Las venas abiertas de América Latina". "Un tipo comprometido políticamente, un súper ventas que siempre ha hecho conferencias multitudinarias, y que visitaba a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, entonces no había mujer que no lo siguiera", recuerda un reportero que por ese entonces trabajaba en una revista de oposición.

Pero sin duda, las fanáticas así como los cazadores de autógrafos y los festivales internacionales en los que ambas especies se concentran han prosperado de la mano de la profesionalización de la industria editorial.

Hernán Rivera, el autor de "La reina Isabel cantaba rancheras", señala que estos fenómenos que escapan a lo literario son cada vez más comunes desde que los libros se venden en series, o se promueven los best seller. "Es algo que he vivido en carne propia, cada vez que uno va a una feria del libro, sea aquí o fuera del país, se siente un poco rockstar. Siempre pasarán esas cosas que sobrepasan lo literario. Hay personas que te piden que toques a su hijo recién nacido o que vayas a ver al padre o a la madre que está en la clínica; hay chicas que me han dejado cartas de amor en los bolsillos de la chaqueta, números de teléfono, estudiantes enamoradas que te adoran. Pero en general es lo que pasa con la fama: al igual que el dinero o el poder, es un efectivo afrodisíaco", explica el escritor antofagastino.

Lo que sí, advierte Rivera, es que este fenómeno en general tiene poco que ver con la verdadera literatura y mucho más con las leyes del mercado. "Hay autores que se van transformando en especie de rockstar y otros son reacios a este tipo de manifestaciones. Que pase esto, en gran parte es culpa de la televisión: te invitan a programas y éstos te acercan a la gente que nunca ha leído tus libros, pero que escuchó tal frase en una entrevista y te comenta que se sintió inspirada, por muy disparatadas que hayan sido tus palabras".

"Es algo súper común entre los aspirantes a escritores más jóvenes, hombres y mujeres. Les piden el teléfono, o los llaman por su nombre de pila aunque ni siquiera los conozcan: 'Pablo' 'Diego'. Esa es la primera señal para identificar a un groupie", señala un escritor que hace poco pasó la barrera de los 40.

Uno de los escritores chilenos con más fanáticas es Pablo Mackenna. Pese a que sus libros de poemas han tenido una dispar recepción de la crítica, sus seguidoras repletan su fotolog para dejarle saludos, alabar su belleza de querubín, despotricar contra su matrimonio con la actriz Javiera Díaz de Valdés y, una que otra, comentarle que no quedó conforme después de leer su último trabajo, "Cuarenta noches".

Todo por el showbiz

Según el escritor Rafael Gumucio, en el medio literario chileno este fenómeno es más escaso por la pequeña dimensión del mercado nacional, al menos comparado con la efervescencia que se vive en otros rincones de Latinoamérica. "Trabajé en televisión antes, así que todo esa cuestión del ego, las groupies y los autógrafos en el mundo de los escritores me parece ridículamente pequeño y simpático. Además, en una de estas ferias, si el escritor dice algo interesante y es inteligente no hay problema, eso no tiene nada que ver con la calidad de lo que escriben. Me gusta hablar en público, pero concibo perfectamente que otros detesten hacerlo. Lo que sí no soporto es a esos escritores quitados de bulla-bullangeros, esa gente que utiliza su odio a la publicidad como un truco publicitario", asegura.

El poeta Claudio Bertoni, en tanto, explica que él ha rechazado la oferta de ferias internacionales de Cuba y España, y que por opción ha preferido no hacer lanzamientos de sus libros, pero que ni así se salva del acoso de seguidores y seguidoras. "Me pasa que me habla y me escribe mucha gente al correo. Me han invitado a lecturas de poesía. También reconozco que en ocasiones hay escritores sin interés por la literatura, sino más bien con lo que roza la farándula. Eso es indeseable", dispara.

Camilo Marks, abogado, crítico literario y autor de dos novelas, señala que el fenómeno es un claro producto del predominio de la cultura audiovisual sobre la escrita, y que sus derivaciones, como los lanzamientos de libros, los escritores de best seller y las giras, se enmarcan en esta tendencia. "Hasta la primera mitad del siglo pasado, la literatura era un acto de creación y reflexión y después, la trascendencia la producía la viabilidad de comunicarse con otro. Todo eso se está acabando", explica, y avanza en otras motivaciones: la superabundancia de lo que el denomina "lectores idiotas", es decir, gente que se considera lectora porque hojea libros como "El secreto", y la valoración excesiva, o al menos apresurada, de los escritores voraces de premios que pululan por los mencionados festivales. "Ellos seguirán siendo parte de la publicidad, darán trescientas entrevistas, en tres días de un festival literario se quedarán en buenos hoteles, saltarán de evento en evento y tendrán una aventura con una chica del público. Todo por el showbiz. Pero la trascendencia de un escritor se mide en si llegará a ser leído en cincuenta años más, cosa que no sé si pasará ni siquiera con el mismo Bolaño", explica. "¡Qué groupies! Si antes no habías leído 'La casa verde', 'Conversación en la catedral' o 'El beso de la mujer araña' no eras nadie".

Hay una frase que dice "un escritor raramente está tan bien inspirado como cuando habla de sí mismo". Por eso, las groupies seguirán existiendo, así como seguirán erguidos los pendones que anuncian grandes festivales y entrevistas proyectadas en pantalla gigante para un público que chillará por sus estrellas aunque ni siquiera haya leído lo que escriben.

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