
Sábado 21 de marzo de 2009
Durante el próximo año, cinco "peces robot" serán liberados en el Cantábrico en el transcurso de un experimento sin precedentes en Europa y cuya finalidad será medir la contaminación de las aguas.
Los dispositivos, desarrollados por científicos británicos y que imitan a la perfección los movimientos reales de un pez, serán "puestos en libertad" en el puerto de Gijón.
Si el experimento tiene éxito, todo un ejército de esta nueva especie de peces mecánicos podría empezar a verse pronto en los ríos, lagos y mares de todo el mundo.
Los robots que imitan las formas de una carpa, se mueven en las piscinas de los laboratorios de la Universidad de Essex, donde fueron creados, con entera libertad y de una forma muy similar a la que lo haría un pez real.
Con un costo de cerca de 29.000 dólares por unidad, estos robots están equipados con sensores químicos capaces de "olfatear" cualquier sustancia potencialmente peligrosa o contaminante, incluidos los escapes de combustible de los barcos o de las tuberías submarinas.
Toda la información que recolecten durante sus patrullas será enviada vía WiFi hasta los laboratorios de análisis de datos.
Rory Doyle, el científico que ha dirigido el grupo de desarrollo en la universidad de Essex, asegura que existen muy buenas razones para haber desarrollado un robot en forma de pez, en lugar de limitarse a diseñar un minisubmarino convencional.
"Al hacerlo, estamos construyendo sobre un diseño que lleva funcionando cientos de millones de años -explica el científico- probado por la evolución y que tiene una increíble eficiencia energética. Y eso es precisamente lo que necesitamos para asegurar que nuestros sensores de contaminación puedan navegar bajo las aguas durante muchas horas".
A diferencia de generaciones anteriores de peces robóticos, donde era necesario operar por control remoto, éstos son capaces de navegar de forma independiente y sin necesidad de ninguna comunicación ni intervención humana.
Lo único que no ha explicado el científico es lo que sucederá cuando algún depredador, atraído por los movimientos, intente comerse alguna de sus creaciones.