
Lunes 6 de abril de 2009
El siempre controvertido régimen de Corea del Norte volvió ayer a desafiar a la comunidad internacional y, de paso, le puso presión al flamante Presidente estadounidense, que no puede darse el lujo de retroceder lo avanzado hacia la pacificación de la península coreana, por poco que sea.
Washington condenó ayer el lanzamiento del cohete norcoreano, pues no puede permitir que el régimen de Pyongyang viole las exigencias internacionales sobre ensayos misilísticos y ponga en alerta a sus aliados asiáticos: Corea del Sur y Japón.
Sin embargo, Barack Obama tampoco puede inaugurar su política exterior sepultando las negociaciones con Corea del Norte, que insiste en que su lanzamiento fue para poner en órbita un satélite de comunicaciones y no se trataba de un misil de largo alcance como denuncian Seúl y Tokio.
El lanzamiento encendió ayer todas las alertas e incluso el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunió de manera urgente.
Sin embargo, el encuentro terminó sin acuerdo sobre posibles nuevas sanciones al régimen norcoreano, principalmente por las oposiciones de Rusia y China.
Pyongyang, anticipando el disgusto internacional, ya había anunciado que si se le aplicaban nuevas sanciones daría por muertas las conversaciones a seis bandas (las dos Corea, Estados Unidos, China, Rusia y Japón) que se mantienen congeladas pero que Washington pretende reponer a la brevedad.
Y es que el conflicto en la península coreana es una prioridad para la Casa Blanca pues se trata de la última disputa heredada de la guerra fría. Por eso, Obama debe parecer firme pero no ganarse el rechazo total de Norcorea y menos de sus aliados China y Rusia.
MANO DURA
Aunque legisladores estadounidenses, tanto demócratas como republicanos, pedían ayer mano firme con Corea del Norte, Washington prefirió no perder la cabeza.
El lanzamiento, según explicó el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, "no fue una sorpresa", porque Obama venía analizando la situación en "las últimas tres o cuatro semanas".
Si el cohete fuera una amenaza para EEUU, "hubiésemos tomado las medidas necesarias para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense", comentó, aclarando por qué el cohete norcoreano no fue destruido como se había anunciado.
China, principal fuente de apoyo económico y diplomático de Corea del Norte, también pidió mantener la calma y Rusia llamó a la moderación.
ASISTENCIA DE KIM
"Corea del Norte desesperadamente ansía lo que el mundo no le da -atención y respeto-. Este último lanzamiento también podría reflejar una lucha de poderes interna entre los de línea dura y los más pragmáticos, si tal cosa existe, que luchan por el poder ante un debilitado líder, Kim Jong-il", explicaba ayer Tim Brown, experto en asuntos de inteligencia de GlobalSecurity.org.
De hecho, el lanzamiento fue considerado tan importante por el régimen norcoreano que -según informó la agencia oficial norcoreana KCNA- el propio Presidente Kim asistió a la supuesta puesta en órbita del satélite experimental Kwangmyongsong-2.
De acuerdo a KCNA, el líder -que no había sido visto hace semanas tras un supuesto ataque cerebral- felicitó a los científicos que trabajaron en el proyecto y los "animó calurosamente", antes de sacarse una foto con ellos.