
Lunes 6 de abril de 2009
Casi al borde del río Mapocho, en el último sector de Independencia y Recoleta antes de cruzar el cauce, un centenario reducto colonial de Santiago mantiene la tradición santiaguina casi intacta.
Con casi 125 años de historia y resistiendo el avance de platos congelados y esculturales promotoras ofreciendo muestras gratis, la Vega Central es sin duda uno de los sectores insignes de la capital.
Original del sector llamado La Chimba, que en lengua quechua significa "de la otra banda", en sus 9,5 hectáreas da refugio a unos dos mil comerciantes y centenares de visitantes todos los días,
En los rubros hortícola, abarrotes, carnes y flores, además de unos 150 mayoristas que manejan el 20 por ciento de las ventas que se concretan en Santiago, La Vega Central es uno de los principales mercados junto a Lo Valledor y al Mersan.
Fue en 1895 cuando Agustín Gómez García -un acaudalado vendedor de frutas y verduras- tuvo la iniciativa de construir un "Gran Mercado de Abastos de la Ciudad".
Pero a los pocos años la gente comenzó a llamarle La Vega, por estar ubicado a un costado del Mapocho. Entonces, la población de la otra ribera era "mal entretenida" y "sin costumbres ni ocupación", aunque día a día proporcionaba las mejores y más frescas hortalizas de la capital.
Por eso perduró en el tiempo y se transformó en el mejor centro de abastecimiento alimenticio de Santiago.
Ordenada por un cabildo para orientar a sus compradores, cada uno de sus galpones y laberintos ofrece delicias distintas, desde el toque mágico de un chef internacional al engañito que endulza un puchero improvisado en una de sus esquinas.
Uno ofrece frutas, carnes, mariscos y uno que otro piropo a las caseritas regalonas; otro tiene frutas secas, amapolas, orégano, comino, maní con merquen y más de un bar mal llamado de mala muerte, lugar ideal para la reflexión del consumo.
También está la Vega Chica, con las cocinerías que además de matar el hambre, reaniman el cuerpo y lo dejan folclórico.
Y todo lo que rodee las calles Dávila, Antonia López de Bello y Rengifo, el lugar perfecto para conspirar una comilona, ahora se está remodelando.
La modernidad promete mejorar sus instalaciones y bodegas, manteniendo los laberintos donde los lanzas se camuflan entre las mejores papas y lechugas de la zona central y el sonido del agua que río abajo trae el "coche largo".