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Lunes 6 de abril de 2009
Lloran las guitarras junto a su féretro. Vestido de blanco y corbata roja, el tío más querido de Chile contempla la muerte en el espejo. Se oyen cuecas y suspiros en la Divina Providencia, zapateos y aplausos retumban en el espacio hueco.
Es la una de la tarde de ayer en la capilla de la iglesia. Es domingo de ramos y los niños corren a saludar al cantor chileno. Las rosas hacen reverencias a su cuerpo pálido.
Sereno como los vientos de su Chillán viejo. Suena "Gracias a la vida" y la familia Parra se busca los ojos. Lalo está haciendo rondas en un paraíso que no vemos. Con sus hermanos Violeta y Roberto, baila en el mercado de su adolescencia o bajo la carpa de un circo añejo.
Es un día soleado y las coronas fúnebres llegan con música. Al son de pañuelos y cánticos del conjunto Tierra Chilena, se acomodan las de Illapu, la que envía la ministra de Cultura Paulina Urrutia y una especialmente bella que dice: "Adiós padre". Miles de anónimos escriben en el libro de condolencias. Trajes de huaso y chinas brindan su homenaje.
Elizabeth Castro llora su partida. Desde ayer que no se despega de su esposo muerto. "Cuando veníamos de la clínica me improvisó una canción: 'Vamos para la casa amor mío, la casa que te compré'. Luego no cantó más", recuerda con la mirada ida su última mujer. Las manos le tiemblan de sólo recordar al viejo que muchas veces dijo "Voy y vuelvo", pero que el sábado pasado a las 14:15 horas no tuvo pasaje de regreso, debido a un "shock séptico secundario o de neumonía espirativa".
LA OTRA PATITA
Una y media de la tarde y el cuerpo del tío Lalo es trasladado a la iglesia. "¡No dejen de cantar!" suplica su hija Clarita. Y es su yerno quien toma la guitarra y entona "Con una pala y un sombrero".
Los familiares siguen llegando. Isabel Parra con lentes oscuros, mastica la partida del folclorista en silencio. Ángel Parra abraza a su gente. Ximena Rivas custodia su memoria desde una esquina.
Roberto Márquez prepara junto a Illapu una tocata homenaje, que se materializó ayer a las 18 horas. A las 19 horas, en tanto, fue el turno de Isabel Parra e Inti Illimani. Fueron uno de los pocos momentos en que la hija de Violeta rompió su mutismo.
Es larga la fila en el ataúd de Lalo. Padres con hijos miran al rey guachaca, tendido como novio de puerto. Entre la multitud está un emocionado Joe Vasconcellos.
Con los ojos llorosos despide al amigo que se llevó en vida todos los brindis que no tuvo Violeta. La iglesia también está plagada de personajes callejeros.
Un joven con una polera de las Juventudes Comunistas afina su guitarra. Lleva chaqueta de cuero y está acompañado de una niña que se balancea nerviosa y triste en el asiento.
No es el único seguidor del tío Lalo. En primera fila y vestido de milico, un chico tiene la mirada perdida en el infinito. Se llama Iván Maturana (30). Y dice ser el primer discapacitado del ejército.
"Me vine desde Maipú en micro. El tío se merece todo en este momento", confesó con los ojos humedecidos el desconocido que conoció a Eduardo Parra en el velorio de otro grande, el del "Gato" Alquinta.
"Hay dos personas que me marcaron en la vida: Violeta y el tío Lalo. Recuerdo que cuando lo conocí le dije que necesitaba su música para vivir. Y él sonrió sabiendo que era cierto", agrega el chico que trabaja como miembro honorario en el Regimiento de Buin desde 2005.
Son las tres de la tarde y las otras familias de Lalo Parra llegan a verlo. Nietos, sobrinos y parientes siguen apareciendo. "Elita" recibe con el corazón generoso a quien dice ser la tercera señora de Lalo: Luisa de las Mercedes Soto, la que asegura que conversó con el guachaca tres días antes de su muerte.
"Cuando lo vi comprobé que los años cambian a la gente. Estaba más maduro", dice sobre el tipo divertido que en sus años mozos recuerda como "muy mujeriego".
"Nosotros nos conocimos cuando tenía 17 años. Fue a través de la hija del payaso Zapatín. Todas las mujeres andaban detrás de él", revela con alegría sobre la época circense del viejo que hoy tendrá su adiós final.
Luego de una misa que se llevará a cabo a las 10 horas en la iglesia Divina Providencia, el tío Lalo será trasladado a la SCD (Condell 346) para un breve homenaje.
Un aperitivo a lo que se realizará en su querido Chillán. Por tierra y en caravana, el folclorista que lustró zapatos y limpió cementerios, "volverá a su tierra". Lo dice Clarita con la pena de los que se quedan con su canto flotando en la casa vacía.