
Domingo 12 de abril de 2009
Después de quedarme sin trabajo, sentí que todos mis planes se esfumaron y me dio depresión: no me levantaba, no cumplía horarios y dejé de sentirme bonita. No tenía ganas de nada, tampoco de tener sexo con mi pareja, mientras más tiempo pasaba entre entrevistas de trabajo, de las que no me llamaban, más me alejaba de mi pareja: un día no nos acostamos más".
Ese es el testimonio de Patricia (25), sicóloga. Su caso es el mismo que viven otros chilenos golpeados por la cesantía y que como consecuencia experimentan la baja del deseo sexual y el quiebre de su relación de pareja.
Según los expertos, lo que es inequívoco, es que ambos géneros reaccionan de distinta manera ante el embate: los especialistas señalan que las mujeres no necesariamente tienen relaciones con menos frecuencia, pero sí que las realizan con menor motivación. Las consecuencias: anorgasmia, dolor y molestias por la falta de lubricación. En el caso de los hombres, el desempleo los afecta profundamente por el estereotipo machista del "hombre proveedor" que aún predomina en Latinoamérica y nuestro país. Por ende, un hombre sin trabajo se siente menos hombre.
Las cifras económicas negativas avalan la preocupación. Una reciente encuesta del Instituto Libertad y Desarrollo señala que un 42 % de los chilenos demuestran un muy alto temor a perder el empleo durante la crisis. El estudio "Percepción del desempleo" ahondó en el leve aumento de esta sensación con respecto al año pasado (32%). Según la investigación, más de la mitad de la gente desempleada que conocen los encuestados son jefes de hogar. Eso se suma a que el 49% de los encuestados desempleados se encuentra cesante hace más de tres meses.
Ante estos números en rojo, es difícil pensar que la mente de los chilenos pueda estar completamente dispuesta a vivir una sexualidad plena con su pareja.
Ximena Santa Cruz, sicóloga de la Universidad de Chile y terapeuta familiar, dice que cualquier situación que nos haga pensar en exceso provoca una inmediata desconexión con el cuerpo, lo que puede afectar directamente la vida sexual de una pareja. "En el caso de los hombres, los problemas económicos afectan directamente su vida sexual, porque se sienten menos hombres. En el caso de las mujeres, se manifiesta en la baja o ausencia de deseo", explica.
Para la especialista, la mejor forma de aplacar la tensión es realizando actividades fuera de la casa, o dentro de ella, pero que logren desconectar la cabeza de esta idea fija de la cesantía. "Es bueno que caminen por un lugar agradable, que vayan a la feria juntos, que traten de no ver tanto las noticias y que opten por una película. En la intimidad tienen que atenderse el uno al otro y pensar 'al menos estoy acompañado' y 'juntos podemos hacer algo'. Y que entre ellos se toquen harto, se hagan cariño, eso sin duda los va erotizando y mejora la calidad de las relaciones sexuales", explica.
Al mal tiempo, buen sexo
Una encuesta de la multinacional YouGov en Inglaterra mostró que para los hombres británicos, el pasatiempo favorito durante la crisis económica es el sexo. La investigación se realizó a fines del año pasado con una muestra de 2 mil adultos. Las preguntas no sondearon si las relaciones sexuales en tiempo de crisis reflejan más o menos placer, sino sólo su periodicidad. El 37 % de los encuestados contestó que tienen más sexo en tiempo de crisis económica.
Christian Thomas, ginecólogo y sexólogo, director del Centro de Estudio del Cambio, aclara esa disonancia. Señala que con relación a la cesantía, inicialmente tanto el hombre como la mujer pueden manifestar un estado de estrés agudo en el que, en vez de producirse una baja de la libido, puede aumentar la tendencia a las relaciones sexuales para disminuir la angustia. Pero que esa curva de sexo ascendente se va en picada cuando la falta de trabajo se extiende en el tiempo o se agota el seguro de cesantía. En ese momento pueden comenzar los síntomas de un estrés crónico hasta transformarse en depresión y en la pérdida del deseo sexual. Según el sexólogo, tanto en el hombre como la mujer esta baja del apetito sexual se puede expresar de forma distinta. "En el hombre se manifiesta con dificultad en la erección y en la mujer en un desinterés gradual por el coito", explica.
Para el especialista, hombre y mujer no sólo enfrentan de distinta forma la baja del deseo, sino también la forma de superar su angustia frente a la pérdida del empleo. "La mujer sobrellava el tema porque vive la cesantía desde la 'web thinking'. Es decir, ella tiende a efectuar una especie de red con las amigas y con la familia; en cambio, el hombre lo hace desde el 'step thinking'. Es decir, paso paso. No usa redes, sino la lógica del 'yo lo puedo solo'", explica.
Al final, si se enfrenta bien el tema, la historia de amor muchas veces se robustece gracias a los embates que enfrenta. Así al menos lo cree Thomas. Para el sexólogo, la mejor cura para la baja del deseo provocada por la cesantía es la comunicación. Si la mujer se ve enfrentada a la pérdida del apetito sexual, lo primero que debe hacer es conversar con su pareja para comunicarle que necesita caricias y apoyo más que el mismo coito; lo mismo debe ocurrir en el caso del hombre. "Los abrazos, las caricias y los besos, sin necesariamente presionar para una relación sexual
aclara , van estimulando a la pareja que de un momento a otro reaccionará".
El sexólogo Eduardo Pino conduce un programa sobre sexualidad que se emite todos los domingos a las nueve de la noche en Radio Corazón. El especialista señala que en los primeros meses del año han aumentado las consultas de hombres obreros, oficinistas y profesionales que confiesan cómo su libido ha ido bajando después de perder su empleo, cómo su pareja se va alejando de ellos, poco a poco tras las recriminaciones. También que al pasar tanto tiempo en la casa, se sienten un estorbo y con la autoestima muy baja. Señala que preguntas como "¿qué puedo hacer si mi esposa no me quiere ver ni en pintura?" o confesiones como "me tengo que ir a dar una vuelta a la plaza y fumarme un pucho pa' que mi señora no se enoje" son las angustias que escucha el sexólogo una vez a la semana. Chilenos afligidos que ven cómo la falta de trabajo va devastando su matrimonio. "Cuando el marido pierde el trabajo es una especie de duelo, porque él se va sintiendo una molestia y ella piensa en los planes o proyectos que se derrumbaron, entonces ella no tiene ganas de tener sexo y la tensión del hombre deriva en eyaculaciones precoces o erecciones incompletas", aclara.
Por otra parte, señala el sexólogo, la mujer se ve afectada porque siente que tiene que restringirse en los gastos y comienza a estresarse. El doctor plantea que la comprensión es el único fármaco para resolver los problemas de pareja en medio de la crisis. "Las mujeres se estresan con la presencia del hombre en la casa y, en muchas ocasiones, los varones que llaman al programa comentan que se sienten inútiles, porque las señoras creen que no están haciendo el esfuerzo suficiente para encontrar trabajo. Ambos deben encontrar apoyo en el otro: la mujer le puede decir que encontrará alguna actividad de donde sacar algún dinero extra y ayudarle y él puede decir que recuerde que el problema será sólo algo transitorio", explica.
Intimidad y pobreza
Helena Heresi, sicóloga de la Universidad Diego Portales, señala que a veces los problemas económicos y el estrato social inciden directamente en la relación de pareja y en el disfrute del sexo. Heresi explica que existe una estrecha relación entre satisfacción sexual y nivel socioeconómico, donde los niveles medios y altos presentan mayor nivel de gozo que los sectores socioeconómicos medios y bajos. "Esto se ha relacionado con que estos grupos han sido más influenciados por los procesos de cambio social: en los niveles más altos hay mayor equidad de género, mayor relevancia del placer en ambos miembros de la pareja, mayores exigencias de afectividad en la sexualidad de la pareja", explica.
La especialista señala que en este grupo hay menos dificultades económicas y, por ende, menos problemas en la vida de pareja. "Los menores niveles de satisfacción de los estratos más bajos se asocian con la calidad de vida en general, menor nivel educacional y cultural", explica.
Ese es el caso de Elizabeth. A los 50 años siente que la vida se le ha ido lavando ropa, planchando y cocinando. Si a eso le sumamos su trabajo como asesora del hogar puertas afuera y el cuidado de sus dos hijos que hoy tienen 27 y 18 años, el panorama no se vislumbra muy alentador. Cuenta que durante 30 años, poco a poco, la Elizabeth-amante quedó postergada en un paraje de su cerebro, detrás de todas las otras preocupaciones domésticas. La cesantía de su esposo aumentó aún más la distancia entre ambos. Su esposo trabajaba como nochero, pero perdió el trabajo hace un mes y medio. Elizabeth no se dio cuenta cómo un día, en la intimidad de su pieza, su esposo ya no la tocaba.
De casualidad, Elizabeth se integró a un taller de sexualidad de su comuna, organizado por EPES (Educación Popular en Salud). Ella y 20 mujeres de El Bosque se desprendieron de todas las dudas que tenían acerca del sexo, también aprendieron sobre el amor en los tiempos de crisis. Confiesa que lo primero que hizo fue convertir la pieza matrimonial en un espacio íntimo y seductor, donde no se hablaría de los problemas económicos. Dice que con poco dinero le dio a ese espacio de intimidad un ambiente cálido y de privacidad, lugar al que volvieron los mimos que su marido le propinaba antes de la cesantía. "Empezamos querer acercarnos más, aún con muchos problemas hicimos de la habitación un lugar donde con poco dinero, con velas y flores, nos daban ganas de estar juntos. También aprendí a no presionar a mi marido, sino a darle cariño, abrazos y besos. El sexo ha vuelto de a poco, aunque enfrentemos problemas económicos, porque el sexo es un derecho ", aclara. //LND