
Lunes 13 de abril de 2009
"El cerebro de nuestro hijo es su corazón / eso me dirás sacándote la ropa para que hagamos el amor llorando": dos versos volantes luego de "Cigüeña down", primer poema de la segunda parte de este volumen de poemas de carne y hueso, y que dice: "La cigüeña down herida por los perros / buscando a su niño con los ojos rojos / ( ) // La cigüeña down sabe que se está muriendo / sabe que el niño tendrá que quedarse en esta casa que no lo llamó ni lo esperaba. // ( )".
Este libro, "Mi hijo down", de Pablo Paredes (1982), tiene cuatro "partes", y la cuarta no consiste en poemas sino en un diálogo dramático, "Enfermitas sagradas de Chile. Diálogo con lo peor de mí", entre Ema, Nadia y María, respectivamente Hemofílica Morena, Mongola y Mujer Elefante. Dice ésta: "Hay maires que preferirían parir un hijo muerto en vez de un hijo enfermo". Discuten sobre el odio, y María larga otra: "you fuckin coward hemofilic! Ojalá therty knifes falls over the veins of your wrist". Antes de eso, hay versos como los de "Cuídate": "Estuviste jugando en mi embarazo por eso ahora vienes cochino, / por eso vienes con la sonrisa traviesa de romper la placenta, / ( )"; o como los de "La Masa Difusa": "Cuando nacen las criaturas chilenas / las crías vivas del país/ / todas nacen como si fueran chinas / todas nacen feas como si fueran chinas ahogándose, / ( ) / ( ) un bebé es lo más bello que puede pasarle a la patria, / toman con delicadeza a las guagüitas / les besan la mancha mongola / y la llaman así para no tener que decir mancha mapuche, / ( )". Hay una curiosa "tensión étnica" inmiscuida en tanta tensión sexual y textual y filial: dar a luz un "defecto" que se homogeneiza en la comunidad. Ferocidad verbal en los pañales. "Todos nosotros somos Down": "No se puede escribir todos nosotros somos Down / No podemos querernos mucho / No podemos entender el cuerpo herido por los síndromes / No nos queremos como decimos // ( ) / sin embargo, el cielo mongólico de la escritura, / sin embargo, el útero roto de nuestro amor.".
La natural contradicción en el alma penetra, tal vez, la alcoba tras la reunión de grupo: "Me dijo que nunca debí haber dicho eso sobre el hijo del periodista. Sonreí y le dije que todos los hijos se mueren menos el nuestro. No me acuerdo ( )": éste sería un poema en prosa, y sabemos que el tema es a la vez prosaico y trascendente (existencialmente hablando). Lo dirá la Mujer Elefante: "Te llamas Síndrome de Down igual que tu abuela". Del insulto a la cualidad inmediata del afecto vibrante: las cosas son así, y sobre ellas se ha de construir. Lectura para toda la parentela.
MI HIJO DOWN
PoesíaPablo Paredes
Black & Vermelho, 2008. 61 páginas