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  Los nenes versus los compañeros

  Los nenes versus los compañeros

  Escalona y Gumucio son dos seres de distinta clase, tan desiguales que esta vez evidenciaron que la única forma de tragarse mutuamente es la ironía. Aquí los 70 y los 90 tuvieron un cara a cara. Los nenes por un lado y los compañeros por el otro. Todos unidos por Andrés Velasco. La cosa rara ésta.

Domingo 19 de abril de 2009


Como si se hubiesen puesto de acuerdo el PS Camilo Escalona y el rockanpopero Rafael Gumucio lanzaron sus nuevos libros esta semana. Los dos con sus estilos propios delataron las diferentes luces que los invaden. Uno más contemporáneo que otro. Y qué decir: el mundo de Gumucio se mostró entero, exitoso y el de Escalona como un país sin oportunidades, aunque las tengan. Rafael escribió su novela "La deuda" y Camilo sus "Cuentos del infierno".

El primero eligió el Ópera Catedral y el segundo el Café Torres del subterráneo de La Moneda para recibir a sus familiares. Lo importante es que ambos retrataron lo que les sale natural: Gumucio se lanzó con la mirada de esa generación de los '90 que se mareó con la plata, el éxito, la televisión, el poder y, en términos políticos, con la idea de que la transición era una forma de "transitar" más que otra cosa. Y a Escalona. ¿Qué le sale fácil a este señor? Pinochet y el sueño eterno de querer armar una sociedad nueva. Escalona y Gumucio dos seres de distintas clases, tan desiguales que esta vez evidenciaron que la única forma de tragarse unos con otros es la ironía. Aquí los '70 y los '90 se dieron un cara a cara. Los nenes por un lado y por el otro los compañeros. Todos unidos por Andrés Velasco. La cosa rara ésta. "Poco a poco fuimos volviéndonos locos", sería la canción de foto_02
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13 kbesta ensalada de chilenos unidos por Velasco que es el amigo en común y presentador obligado de ambas historias. El expansivo hoy día se mezcla transversalmente con una paciencia que deberían elegirlo como vocero de la Concertación. Velasco además de revisar diariamente la economía nacional tiene tiempo de leer cuanto libro llega a sus manos. El de Escalona le llegó cuando estaba en la clínica y con insomnio y todo lo leyó y se rió de lo lindo.

En el Ópera el mundo de Rafita, como le dicen los nenes, se juntó en pleno: Pablo Simonetti. Ángel Carcavilla, Juan Cristóbal Guarello, Ricardo Solari. Las periodistas de TVN Montserrat Álvarez y Mónica Pérez, la gente de "El Mercurio" como Felipe Edwards y la editora de suplementos Paula Escobar, además de famosos como Mauricio Hoffman, Carmen Luz Parot, Héctor Soto y Víctor Carrasco llegaron a abrazarlo. En cambio a apoyar a Escalona llegaron Osvaldo Andrade, José Antonio Viera-Gallo, Camila Benado y Denisse Malebrán, entre otros menos famosos compañeros.

Velasco se mandó buenos discursos en ambas obras de arte. De "La deuda", de Gumucio, comentó que todos, en su medida, estamos endeudados. Unos más que otros. Y su gran deuda es con todos aquellos que lo apoyaron cuando conoció "el infierno" como describió el accidente de su hijita Ema. A su lado un Gonzalo Garcés, el otro presentador, le siguió con una nota negativa. Se tomó el micrófono y no paró de hablar de sí mismo en largos 28 minutos que dedicó para describir y autoanalizar lo que le sucedió con la novela. Era de una lata insoportable el pobre. Dijo que la prosa de Gumucio era espeluznante y bla, bla, bla. La elite progresista se incomodó. Se miró de reojo cuando se dio cuenta que Garcés hablaba más de la cuenta. Nadie dijo nada, pero a ratos con la seguridad que da el éxito y la fama, dijeron no por favor, no cuente el final, es suficiente. El chiquillo seguía comentando como si tuviera el síndrome del hijo único. Atroz. Lo pelaron hasta decir basta.

En el mundo de Escalona a quien destrozaron fue a la otra presentadora: la cantante Denisse Malebrán. Se dijo de ella que es la transversalidad pura porque un día puede estar con Escalona y al otro con Piñera y lo hace con la misma sonrisa de muñeca de loza que saca suspiros en algunos de sus compañeros. ¿Qué onda? Podríamos aplicar la ley de la transparencia a los artistas o es que se cree la nueva Tironi de la música. Y es que en el mundo socialista los colores son únicos y esto de que la chiquilla se fotografiara con Sebastián Piñera de lo lindo no le gustó a su gente y ésta fue la oportunidad de aclarar su comportamiento. Le preguntamos qué le pasó. Y ella con la misma sonrisa dijo que por ningún motivo apoya la candidatura de Sebastián Piñera y si se juntó con él fue para aclarar el rol que tiene el jurado del Fondart que "el hombre de los bracitos cortos" cuestionó públicamente. Le creemos a la cantante, pero para la otra trate de sonreír menos porque de lo contrario las cosas se confunden en Chile. Y es feo que se haga la linda con Tatán o que se arrime a cualquier árbol frondoso del poder.

En el Café Torres las cosas eran de puro aplausos y abrazos bien apretados. Escalona molestó a Osvaldo Andrade con las marchas del día y a Viera-Gallo le dijo que por favor no le regale el libro a sus interlocutores de la derecha. Lo bueno es que esta vez no se le salió ningún garabato al socialista. Lo bueno también es que Escalona a diferencia de Gumucio dijo no haberse sentido nunca solo bajo la compañía de su esposa Ximena. Qué suerte la de él. Reconoció que no lee diarios y que le pesa que Pinochet se haya ido sin pagar su gran deuda. Gumucio, al contrario del líder del PS, asumió que por sentirse solo en la época que vivió en Nueva York tuvo que inventarse amigos. Así nacieron los personajes de su novela que de frentón inaugura la moda de los '90. Si el 2008 le tocó el turno a todo lo ochentero antes de llegar al bicentenario se verán retratados todos aquellos que alucinaron con la película "Reality bites". Ya ven. Hay dos panoramas literarios en el mercado, dos plumas irónicas que retratan más que historias épocas. La de Escalona la de siempre: esa generación que se movilizó y tenía como objetivo al Pinochet malvado mientras que Gumucio parece ser algo de esa década noventera individualista, donde el presente histórico tuvo que ver con compartir sala con los retornados más que con la calle y los lienzos. ¿De qué generación es usted? ¿Qué generación le gusta más?

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