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  "Nos pareció cruel hablar con madres de desaparecidos"

  "Nos pareció cruel hablar con madres de desaparecidos"

  Sin previo aviso TVN mandó al frente a la serie donde la madre de una menor desaparecida hace crecer el rating con un regadero de lágrimas. Sigrid, su intérprete, cuenta cómo construyó a esta mujer que "lloró mucho y estuvo volviéndose loca un rato".

Jueves 23 de abril de 2009


Los sufridos primeros capítulos de "¿Dónde está Elisa?" confirmaron lo que parece obvio pensar de una mujer que pierde a un hijo. Su madre, Francisca Correa, rompió en un desgarrador llanto al encontrar una pilcha de Elisa en la playa. Fue el punto más álgido del sorpresivo inicio de una serie que capturó peaks de 30 puntos de rating, con los litros de lágrimas que exigió a Sigrid Alegría durante su grabación.

"Efectivamente es una mujer que lloró mucho, peleó y estuvo volviéndose loca un rato. Pero no es un peligro público, es un personaje muy extremo, muy apasionado, con un motor muy bonito que es la maternidad", explica la colorina actriz de TVN sobre uno de sus papeles más difíciles en televisión.

Porque Sigrid no sólo fue una máquina de llorar tupido y parejo. Su degradación es acelerada y progresiva. Con el correr de los capítulos, gracias a los flashbacks de la serie, se irá haciendo más notorio el contraste entre una madre desesperada -que confía más en el detective Camilo Rivas (Álvaro Rudolphy) que en su marido- y quien fuera la esposa perfecta del empresario Raimundo Domínguez (Francisco Melo): apacible, cariñosa, amante de la naturaleza y por sobre todo, de su perfecta familia.

"Parte bien enojada con la situación", advierte la actriz, "primero culpa a la hija por no llamar, luego a su entorno, después se entera de que es un rapto y le echa la culpa al éxito del marido. Finalmente dentro de toda la locura, duda de ella misma. Se culpa de no haber visto la vida real de su hija, para haberla cuidado mejor".

ÉXITO DE MIEDO

La puesta en marcha de "¿Dónde está Elisa?" desarticuló la programación de Canal 13, que a la misma hora programó su caballito de batalla para hacerle frente, el reality "1810", que terminó aplastado en sintonía. Porque pese a lo imprevisto de su emisión -según Pancho Melo, ni a él le avisaron- la serie de TVN había ganado terreno durante los últimos meses con una poderosa campaña comunicacional, y una interpelación directa al sistema nervioso: "A cualquiera le puede pasar".

"Que sea un gran temor es algo muy bueno para la dramaturgia, porque es algo que nos interesa a todos", reconoce Sigrid, "las mujeres que han vivido esto se nos han acercado mucho después de la sinopsis. Han llamado, dado entrevistas y sienten que al fin alguien puede explicar lo que pasa en estas circunstancias, porque la serie invita a cuidar mejor a tus hijos".

Más aún si en su inspiración está, no sólo el ejemplo reciente de Madeleine McCain, sino también algunos rasgos de la desaparición en Concepción de Jorge Matute Johns. Y ni hablar del millar de detenidos desaparecidos que Chile heredó de la dictadura.

"Por supuesto que todo eso pasó por las conversaciones del equipo. Pero no quisimos ir a hablar con las madres de detenidos desaparecidos, ni pedir que nos recordaran sus sufrimientos. Nos pareció desubicado y cruel, así que decidimos aferrarnos a nuestros grandes dolores y trabajar desde esa emoción para arriba, dejando los pudores de lado".

La Nación

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