
Domingo 26 de abril de 2009
En una extraña posición se ve por estos días al Presidente de Estados Unidos. Una situación que nos evoca, y mucho, a la de los primeros gobiernos democráticos de Chile y Argentina con respecto a las violaciones de los Derechos Humanos tras el final de sus respectivas dictaduras. Y francamente se lo ve bastante débil, tiritón y debilucho al moreno Mandatario cuando afirma: "Quienes cumplieron con su obligación en la CIA no serán juzgados". Obama está, pues, en un estadio anterior al de "justicia en la medida de lo posible" de Aylwin y tirando firme para ley de punto final. Poca cintura parece tener Obama tras la caída de la dictadura bushista que se instauró con la llamada Acta Patriótica, documento que se constituyó en el golpe de Estado bautista episcopaliano dado por Bush y sus secuaces.
Muy a la gringa, los violadores de los Derechos Humanos redactaron un manual, de manera tal, que hiciera muy difícil, sino imposible, calificar sus técnicas, legalmente, como trato cruel o inhumano, ya que ello está expresamente prohibido por la Octava Enmienda de la Constitución. El manual no trae "parrillas", "picanas", "perros violadores", "submarinos en bencina", "pao arará" u otras oferta del torturador chileno, argentino o brasileño. Todo era "simulado". Si se encerraba a alguien con los ojos vendados en un cajón lleno de insectos venenosos, éstos "en realidad" debían ser "inofensivas orugas". Está escrito así en ese hipócrita manual. El "waterboarding", o asfixia simulada, que consiste en cubrir la boca del detenido con una toalla y dejar caer agua sobre ella durante treinta o cuarenta segundos, es también una "simulación" y no se trata en caso alguno de verdadera asfixia. El bendito manual receta el uso de waterboarding lo más seguido posible. Y asegura que una dieta de waterboarding combinada con una privación de sueño de unas 180 horas, ¡promete resultados fantásticos!
"Nuestro país ha atravesado un capítulo negro y doloroso de su historia", declaró Obama luego de leer la ilustrativa publicación evacuada por el Departamento de Justicia. "Ya he puesto punto final a las técnicas descritas en los informes", aseguró junto con la determinación presidencial de no llevar a tribunales a sus responsables. "Es hora de reflexionar y no de castigar", insistió el Presidente, en un comunicado público. Eric Holder, Fiscal General del Estado, fue un poco más lejos al comentar que "sería injusto procesar a los entregados hombres y mujeres que trabajaban para proteger América por una conducta que fue autorizada por el Departamento de Justicia". Desnudos, esposados y con la cabeza cubierta, los detenidos permanecían por días antes de ser sometidos a interrogatorio. El manual de Cortapalos del buen torturador norteamericano recomienda abofetear con la mano abierta: "Produce sorpresa, susto y humillación". Se encarece también, muy enfáticamente, el uso de "walling", técnica consistente en lanzar contra una falsa pared al detenido. Ojo, la pared es falsa. Aquí todo es fantasía, sueño, ilusión. Nada que pueda ser impugnado desde la Octava Enmienda. Todo es puro efecto, nada es verdadero. Incluso adoptar "posiciones estresantes", estar amarrado a un muro con un collar de plástico, ser despojado de la comida recién servida, verse privado del sueño hasta por siete días y medio, es sólo un juego. Y así pareció entenderlo, a fin de cuentas, la flamante administración Obama. //LND