
Domingo 26 de abril de 2009
El puente está bien parado hasta ahora, pero se levanta sobre aguas turbulentas. Éstas no se agitan tanto en la superficie como sí bajo un mar de fondo. La candidatura presidencial de Sebastián Piñera cuenta con el apoyo de la dirigencia de la UDI, en la medida que no se carcoma la campaña parlamentaria de ese partido, no siga la congestión de errores que impidan el avance del abanderado ni lo más temido- se retroceda en las encuestas. De lo contrario, podrá plantearse una nueva ingeniería electoral para rediseñar los planos de la Alianza por Chile.
Es lo que arroja una indagación al interior del partido gremialista, a niveles de dirigentes de primera línea y de cuadros medios. Los primeros están expectantes, pero esperanzados. Los coroneles y sus comandos, algunos de ellos, enfrentan difíciles reelecciones senatoriales y quisieran contribuir con su éxito electoral a mantener una bancada con los mismos nueve escaños con que cuentan actualmente.
Que para ello necesiten un abanderado propio es algo que descartan por ahora, pero tomando una precaución: estirar al máximo posible la realización del consejo general de la colectividad, que debe ratificar lo resuelto por el consejo directivo ampliado de noviembre pasado: proclamar a Piñera "en la comprensión de que sea la mejor opción para garantizar el triunfo de la Alianza". La instancia bien pudo convocarse para abril o mayo, pero al tener lugar en junio o julio se amplía la posibilidad de que coincida con el momento de la verdad.
Entre los diputados, los mandos medios y los cuadros juveniles la inquietud es manifiesta, porque todo confirma que el piñerismo no se compenetra en el hondo ser del movimiento fundado por Jaime Guzmán y porque tal como temían la dirigencia de Renovación Nacional ha reverdecido su antiguo proyecto de hegemonizar el sector. No sólo diputados como Kast, sino también senadores como Matthei piensan que quienes se adelantaron a la proclamación del líder de RN quisieron hacer de la generosidad una virtud política, sin asegurarse nada a cambio. Hoy dos de esos diputados Álvarez y Forni están en peligro, mientras que Marcela Cubillos debió bajarse, aunque en este caso se estimó que su reelección estaba perdida, principalmente por su notorio ausentismo en su distrito de Ñuñoa y Providencia.
Ante el "laxismo" que un dirigente kastista le atribuye al jefe partidario Juan Antonio Coloma y la inclinación manifiesta del senador Chadwick Piñera por su primo Sebastián, el liderazgo del partido tiende naturalmente a ser ejercido por Pablo Longueira. Éste no estuvo en el 30% de dirigentes que en el cónclave de las termas de Colina se opuso a la proclamación inmediata del abanderado. Su carácter mesiánico lo llevó entonces a una actitud fatalista: no había ya tiempo para perfilar un abanderado propio. Él mismo se había ofrecido dos años antes, pero estimó que el partido no lo quiso y optó por retraerse. Semanas después se integró al comando de Piñera, tragándose el cobro de las últimas cuentas con él (caso Pía Guzmán) y Allamand (apropiación de un proyecto legislativo). Pero más sorprendente y espectacular que eso fue su retiro del grupo la semana pasada.
¿Qué busca Longueira? Es algo que no aciertan a responderse los coroneles ni sus aliados. Pero sí dejan en evidencia dos cosas: que si bien no es cierto que el senador por Santiago Oriente pueda echarse el próximo consejo general al bolsillo consiguiendo "en dos segundos" que lo proclamen a él en vez de Piñera , se trata de todas maneras de un líder natural que puede influenciar, y mucho, el curso de los acontecimientos. En la UDI "todos quieren a Pablo" y nadie lo odia, para parodiar el título de ciertas series de TV estadounidenses. Más bien puede llegarse a la situación de que "todos odien a Piñera".
Sin coincidir necesariamente con algunas de sus tácticas de coyuntura, consideran al "parlamentario de las poblaciones" la gran reserva para dinamizar y eventualmente encabezar el proyecto estratégico de "derecha popular", propio del gremialismo.
Justamente para acentuar ese perfil es que se efectuará el inminente congreso programático del partido en Punta de Tralca. Este paso doctrinario coincidirá con una demanda a Piñera de una definición certera frente al desafío de conseguir 61 diputados de la Alianza en la próxima legislatura. El abanderado debe involucrarse y eso implica ordenar a los aspirantes de su partido que no intenten arrebatarles escaños a la UDI que hoy tiene 34 en la cámara baja y enviarlos a competir en distritos donde faltan plata y buenos candidatos y existe peligro de doblaje de la Concertación, máxime si se da el pacto con el Juntos Podemos.
Si el candidato presidencial decide no jugar en el tablero parlamentario, la UDI entera lo tomará como una muestra de desafección, la que podrá ser correspondida o con el desapego aunque los postulantes a parlamentarios se tomen la foto con él, se integren a sus giras y se nombre a un reemplazante en el comando central o con la sanción máxima: el desahucio del apoyo en primera vuelta, para correr con alguien que esté dispuesto: Evelyn Matthei o Kast. La gran incógnita hasta el final será Longueira. //LND