
Domingo 26 de abril de 2009
Durante las últimas semanas ha estado muy presente la temática de la juventud, a propósito de la promulgación de la ley de subsidio al empleo juvenil; la aprobación en la Cámara de Diputados del Ministerio de la Juventud, y la reforma constitucional que instaura la inscripción automática y el voto voluntario.
Estos temas son reflejo de una consciencia creciente acerca de la perspectiva de juventud en el campo de la política pública. La preocupación por la juventud como agente en el desarrollo del país ha sido respaldada por todos los sectores políticos, e inclusive fue el tema central de la última cumbre iberoamericana de jefes de Estado.
Si bien estas medidas son avances importantes, que ponen en sintonía al mundo juvenil con la "cuestión pública", algunos sectores más críticos apelan a que la paradoja sobre una eventual falta de renovación de los rostros en la política chilena distanciaría a muchos líderes de la realidad juvenil. Pero, en términos concretos, ¿afecta esta realidad al avance de la política pública en juventud?
La paradoja sería atendible si, por ejemplo, abordáramos la edad de los principales líderes políticos, lo cual avalaría la existencia de un círculo vicioso en el que los dirigentes no hacen propuestas para captar el voto juvenil porque la mayoría de los jóvenes no están inscritos, y éstos, a su vez, no se inscriben en los registros electorales porque se sienten muy distantes de los políticos.
Desde el Instituto Nacional de la Juventud hemos aprendido que, a pesar de la edad de las autoridades, lo que prevalece en definitiva es el reconocimiento que hace la política en su conjunto, especialmente sus líderes, de la diversidad existente en nuestra sociedad, la cual demanda progresivamente atenciones nuevas y más específicas.
Desde este punto de vista, poco importa la edad de quien tome las grandes decisiones. Lo importante es que el Estado, y específicamente la clase política, den señales positivas hacia los jóvenes, expresando que ellos también son parte del devenir del país, y, por lo tanto, sujetos de derecho. Por cierto, una mayor atención hacia los jóvenes inevitablemente redundará en una mayor participación de éstos en el padrón electoral.
Ante todo, debemos tener en cuenta que medidas como las antes mencionadas responden a un deber que el Estado tiene que asumir para contribuir a la inclusión social de la juventud- la cual es vulnerable en ámbitos tan sensibles como el consumo de drogas o el acceso al empleo- a la cultura y a la alfabetización digital, entre otros.
Por otra parte, el trabajo constante que desarrollan diferentes organizaciones con jóvenes, como la Asociación de Guías y Scouts, las juventudes políticas, las federaciones de estudiantes, las organizaciones de voluntariado, o el mismo Injuv (por nombrar sólo algunos), nos demuestran que la perspectiva de juventud debe ser una política de Estado de largo aliento.
Han debido pasar varias generaciones para que nuestra sociedad entienda que la política pública con "perspectiva de juventud" es tan importante y contributiva como las perspectivas de género; de minorías; de discapacidad o de equidad. Esperamos, por lo tanto, que el Senado ratifique la existencia del Ministerio de la Juventud, como asimismo esperamos que los jóvenes progresivamente comiencen a ser agentes de decisión del país. //LND