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  Cosas inexplicables

Domingo 26 de abril de 2009

¿Pueden las explicaciones de Piñera, absolverlo de la responsabilidad por sus espantosos actos y dichos de las últimas semanas? ¿Se habrá arrepentido de lo que hizo y dijo?

El desatino de Piñera no es una disfunción individual, sino el mal de los que se dedican a los negocios, el mal que padecen los tipos que se saben capaces de someter la realidad a su arbitrio y manejar los hilos de los que pende el resto, pero que como están acostumbrados a conseguir con el dinero lo que no pueden conseguir con argumentos, no tienen idea sobre la empatía y la compasión. Piñera está acostumbrado a moverse en un mundo que se muestra indiferente a las necesidades sociales, un mundo que no puede perder el tiempo en detenerse en los problemas esenciales de la existencia, porque sólo sabe operar con números y no conoce, ni le interesan las personas que hay detrás de ellos. Su problema no es que esté mal asesorado, es simplemente que no le interesa escuchar a nadie. Probablemente porque en sus negocios siempre hizo lo que quiso a pesar de lo que le advirtiera el resto. Y si bien la política es un negocio, se especula de otra forma.

Piñera es del tipo de personas que se inventó la manera de contarse a sí mismo la historia de su vida, por lo que sus actos no pueden necesariamente explicarse, ni racionalizarse. Tratar de entenderlo es perder el tiempo. Piñera no es un político, cuestión que a él lo enorgullece, pero que debería preocuparle, ya que sólo maneja la cordialidad vulgar de los que se dedican a los negocios y desconoce los modales populares y el encanto casero de quienes se dedican realmente a este oficio.

Cualquiera sabe que para manejarse entre los vericuetos, a menudo traicioneros de la política, hay que tener la humildad de aprender por experiencia y sacarle el máximo provecho a todo, desde los matices más delicados y menos reconocidos del sentido humano, hasta las conexiones implícitas entre las experiencias reales y la utopía, pero sobre todo hay que saber cuándo algo es o no verdaderamente apropiado, lo que está bien y lo que está mal. Obviamente, Piñera no lo sabe. Y al parecer ni siquiera le interesa aprenderlo.

 

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