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  El funeral de Piñera

Domingo 26 de abril de 2009

El jote lo planeó campante. Planeó bien de planear volando, no muy bien de planear de plan. Dando círculos llegó hasta La Pintana y se dejó caer en picada, porque creyó ver carroña fácil. Parecían rebaño allá desde su cumbre. Andan en piño, balan sólo por balar, son todas iguales pero no de igualdad. Vio el cuerpo muerto y se lanzó.

Lo que no intuyó nunca fue encontrarse con seres humanos. No se los imaginaba en esos lares pungas. Aquí agarro sangre, aquí agarro vísceras, aquí agarro votos. Aquí hay que puro jotear. No esperaba que lo espantasen a escobazos de su festín.

Al cordero le da lo mismo cuando muere el semejante, mami, papi o hijo. Mira quizás el cuerpo muerto y si llegan los jotes a hacer carroña los deja nomás, ni se imagina que eso le va a pasar también algún día y va a terminar hecha ñache su sangre ancestral.

Pero este homo sapiens no lo tolera. Nos parece insultante su sola idea de venir a picotear las sobras donde ya ha comido la muerte, porque de ahí nace algo muy complejo parecido a la angustia ante la pregunta antigua e inmensa, que se abre tras ese velo insobornable que es la muerte. No soportamos la imagen del cuerpo muerto desde que tomamos conciencia de que no morimos como los animales, cuando nos enteramos que nosotros mismo vamos a morir algún día y tal vez para siempre. Por eso queremos ver el cuerpo del que se ha ido para después despedirlo. A ver si le calza que los familiares de los DDDD no insisten de puro catetes, sino simplemente no pueden evitarlo porque le va con la especie.

Este jote va donde la niña baleada, pero jamás moverá un ala, ni la suya ni la de sus Lan, por encontrar un desaparecido. Es mucho trabajo para el carroñero. No le va con su especie. Pero este jote no sabe de eso porque no estudió humanidades, para economizarse sentimientos tan mal vistos en Harvard. El jote piensa que esto es Darwin y que así nomás es la cosa y como todo-todo-todo es escaso hay que puro acumular. Pero se le pasó que el recurso humano no se llama humano nomás porque errar humanum est, sino porque también interpreta, reflexiona, se conmueve, se emociona, que ese humano aquí quiere llevar humanidad.

Lo que no previó Darwin es que después de milenios de evolución natural para desligarnos del mono la evolución económica iba a convertirnos en monos de nuevo.

Porque hay situaciones en las que no queda otra que volverse monos. Como que te vayan a carroñar a tu hija. Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear, dijo Bolaño. Éste era uno para los últimos.

 

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