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  Echarse el pollo

  Echarse el pollo

  "Indignación" del gran narrador estadounidense es la historia de un estudiante que huye de la locura familiar y de la certeza de morir atravesado por una bayoneta en Corea en la entrepierna de una compañera trastornada. Roth vuelve a los temas que mejor maneja: la muerte, el sexo y las relaciones familiares. Publicamos este adelanto con autorización de Random House Mondadori. Los subtítulos son nuestros.

Domingo 26 de abril de 2009

EYACULATOR

-¿Qué te dan de comer?- me preguntó.

-Gelatina de frutas y cerveza de jengibre. Mañana empezarán a darme caracoles.

-Pareces muy animado.

¡Qué hermosa era! ¿Cómo podía habérsela chupado a Sonny Cottler? Claro que, ¿cómo podía habérmela chupado a mí? Si Cottler había salido con ella una sola vez, entonces ella también se la habría chupado en la primera cita. ¡También, el tormento de ese "también"!

-Mira- le dije, y retiré las sábanas.

Ella bajó las pestañas, recatadamente.

-¿Qué pasaría si entrara alguien, mi amo?

No podía creer que ella hubiera dicho eso, pero tampoco podía creer lo que yo acababa de hacer. ¿Era ella la causante de mi audacia, o era yo quien se la causaba a ella, o nos la causábamos mutuamente?

-¿Se está drenando la herida?- me preguntó-. ¿Es ese tubo que cuelga de ahí un drenaje?

-No lo sé. No sabría que decirte. Supongo que sí.

-¿Y qué me dices de los puntos?

-Esto es un hospital. ¿Dónde estaría mejor que aquí si se salen?

Se movía con un leve contoneo erótico mientras se acercaba lentamente a la cama señalando mi erección con un dedo.

-Eres raro, ¿sabes? Muy raro -me dijo, cuando por fin llegó a mi lado-. Más raro de lo que pienso que te crees.

-Siempre me comporto de forma rara después de que me extirpen el apéndice.

-¿Siempre se te pone tan enorme después de que te extirpen el apéndice?

-Nunca falla.

Enorme. Había dicho enorme. ¿Lo era?

-No deberíamos, claro- susurró pícaramente mientras rodeaba mi polla con su mano-. Por una cosa así podrían expulsarnos a los dos de la universidad.

-¡Entonces no lo hagas!- le susurré a mi vez, comprendiendo que, por supuesto, tenía razón, que eso es exactamente lo que sucedería: pillados y expulsados de la universidad, ella volvería humillada y avergonzada a Hunting Valley, y a mí me llamarían a filas y me matarían.

Pero no tuvo que detenerse, en realidad ni siquiera tuvo que empezar, porque yo ya había eyaculado en el aire, y el semen se desparramó sobre la ropa de cama, mientras recitaba dulcemente: "Disparé una flecha al aire, / cayó a tierra, no supe dónde", justo en el momento en que la enfermera entraba en la habitación para tomarme la temperatura.

Diálogo entre el protagonista Marcus Messner y su chica suicida Olivia Hutton.

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Cuando era niño, en ocasiones mi padre me llevaba al matadero, que estaba en la calle Astor del Ironbound, el extenso barrio de clase obrera de Newark, y también me llevaba al mercado de volatería, al final de la calle Bergen. En este último les veía sacrificar los pollos. Les veía matar a millares de pollos de acuerdo con las leyes kosher. Primero, mi padre elegía los pollos que quería. Estaban en una jaula, tal vez de cinco compartimientos de altura, y él metía la mano para sacar uno, lo agarraba por la cabeza para que no le picara y palpaba el esternón. Si éste se movía, el pollo era joven y su carne no sería dura; si estaba rígido, es más probable que el pollo fuera viejo y estuviera duro. También le soplaba las plumas para verle la piel: quería que la carne fuese amarilla y un poco grasa. Colocaba a los seleccionados en una de las cajas que tenían allí, y entonces el shochet, el matarife, procedía a sacrificarlos ritualmente. Doblaba el cuello hacia atrás, sin romperlo, sólo arqueándolo, tal vez arrancaba algunas plumas para que el cuello estuviera al descubierto y poder ver lo que estaba haciendo, y entonces, con el cuchillo afilado como una navaja de afeitar, lo degollaba. Para que el pollo fuese kosher, tenía que degollarlo de un solo golpe certero y letal. Una de las imágenes más extrañas que recuerdo de mi niñez era la matanza de los pollos no kosher, a los que decapitaban sin más.

Marcus junto a su padre carnicero en el mercado.

MADRE HAY UNA SOLA

Pero ahora debo pedirte algo a cambio. Porque hay algo que es inimaginable para mí. Nunca hasta ahora te había pedido nada. Nunca te he pedido nada porque nunca he tenido necesidad de hacerlo, porque, como hijo, eres perfecto. Lo único que siempre has querido es ser un chico que hace las cosas bien. Has sido el mejor hijo que una madre podría tener. Pero voy a pedirte que dejes de relacionarte con la señorita Hutton. Porque me resulta inimaginable que estés con ella. Markie, aquí has venido a estudiar, a estudiar el Tribunal Supremo y a Thomas Jefferson y a prepararte para seguir la carrera de derecho. Estás aquí para que algún día seas una persona respetada en la comunidad a la que los demás acudan en busca de ayuda. Estás aquí para no tener que ser un Messner como tu abuelo, tu padre y tus primos y trabajar en una carnicería durante toda tu vida. No estás aquí para meterte en líos con una chica que se ha cortado las muñecas con una cuchilla de afeitar.

-Una muñeca -puntualicé-. Se cortó una muñeca.

-Una es suficiente. Sólo tenemos dos, y una es demasiado. ( )

Sal con quien quieras, cásate con quien quieras siempre que no haya intentado quitarse la vida con una cuchilla de afeitar. Una chica tan herida que llega a ser una cosa así no te conviene. Querer borrarlo todo antes de que haya empezado tu vida ¡de ninguna manera! No tienes nada que ver con una persona así, no la necesitas para nada, por más que te parezca una diosa y por muchas flores bonitas que te traiga. Es una chica guapa, de eso no hay ninguna duda, y resulta evidente que es de buena familia, aunque tal vez no la haya criado tan bien como parece a simple vista. Esas cosas nunca se saben. Nunca sabes la verdad de lo que ocurre en las casas de los demás. ( )

La madre de Marcus pidiéndole que deje a Olivia Hutton.

Selección de fragmentos: Rodrigo Quiroz Castro

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