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  "No quisiera estar en Chile para el bicentenario"

  "No quisiera estar en Chile para el bicentenario"

  El autor de "Bosque quemado" reconoce haber madurado en la lejanía. Ya no tiene ascos ni resentimientos con este país. Y es justamente sobre la tontería de los rencores que escribe su próxima obra. "Hay un momento que te duele más a ti que al otro", dice.

Domingo 26 de abril de 2009

La primavera llegó a la capital del imperio. Los termómetros suben de los cero grados y los ciruelos pintan la ciudad. Blondas y afroamericanas sacan sus mejores tenidas estivales para festejar la mejor estación de Washington DC: minifaldas y escotes estrictos y recatados ambos empiezan a dejar menos a la imaginación masculina. Y lo que cualquier hombre encontraría atractivo, Roberto Brodsky lo encuentra fatal. No duda ni un segundo en responder que lo peor del distrito son las mujeres que no saben peinarse y ni siquiera reírse como corresponde. "Son como las madres superioras de los conventos", dice.  

Quizás un poco menos irreverente que siempre, confiesa empezar a sentirse cómodo en la capital de Estados Unidos y lo que partió como dos años en la Universidad de Georgetown (donde dicta el seminario política y ficción en el Centro de Estudios Latinoamericanos), hoy no tiene fecha de regreso.  

-Años atrás escribiste sobre tus ascos con Chile y algunos de sus personajes. ¿Hoy harías una segunda parte?

-Obama me cambió (ríe). En ese minuto quería manifestar un sentimiento generalizado: Pinochet se moría y nos habíamos pasado la vida con un tipo que no merecía los honores ni las evaluaciones que estaban saliendo a flote. Lo peor es que los que estaban salvándolo eran los líderes de opinión que tenían que decir qué lugar debía ocupar. Y para eso estaban, para hablar en los momentos calientes porque el resto del año se la pasaban calentando el asiento.

-Dijiste que no había reconciliación con Chile. ¿Ha cambiado algo con la distancia de estos dos años acá?

-Sí, pero sigo creyendo que no hay reconciliación. Ahora además creo que es inútil pedirla. En Chile un día te golpean, al otro te reconocen y al otro te ningunean. Estoy escribiendo exactamente de ese mundo, que hizo que finalmente decidiera irme de Chile.

-Pero eso va más allá de tu experiencia del "exilio", tiene que ver con la forma cómo los chilenos se relacionan.

-Por supuesto. Cómo está condicionada cierta forma de relación, cómo incorporamos una experiencia distinta a la nuestra. Si pienso que el próximo año es el bicentenario de Chile, no quisiera estar ahí porque ya veo todas las mentiras que se van a decir.

-¿Como cuáles?

-Creo que la primera mentira va a ser la historia. Y es porque son relatos desde el Estado queriendo conseguir una imagen, una representación de comunidad que no existe.

-¿Quién tendría que escribir la historia entonces?

-Los poetas, narradores, escritores, artistas y cineastas.

-¿Y "Machuca" no es ejemplo de eso?

-No me puedo quejar de ciertas experiencias que he tenido, pero creo que no tienen que validarse a través de las elites intelectuales sino a través de las personas, de los Machuca y los Infante.

-Los chilenos que fueron al cine, ¿no lo validaron de alguna manera?

-Sí, pero para el 2010 la construcción de nuestra historia va a ser en parte por la gente y otra por las instituciones. Si las instituciones son las que van a ordenar ese relato, no puedo dejar de pensar que la historia será sospechosa.

-Los personajes de tus libros padecen la historia. ¿Qué pasa en tu nuevo proyecto? ¿Gozan un poco más la vida?

-Yo creo que sí. Pero hay un sentimiento de pérdida importante, de un daño irreparable. Aprenden a vivir, ya no a sobrevivir. Y lo hacen en la dispersión total y hay una forma de felicidad ahí. Los límites están más claros y las utopías más reguladas.

-Pero eres tú.

-Sí, puedo ser yo finalmente. Me siento bastante más autorregulado en mis perspectivas, tanto con Chile como con Estados Unidos.

-¿Has madurado tus vivencias?

-Exactamente. Madurar y sopesar intuiciones, incluso madurar rabias. Cuando maduras ciertas broncas, te das cuenta que son absurdas, sutiles y pasajeras. No es que me haya vendido al imperialismo, lo que pasa es que la rabia y la venganza no sirven. Hay un momento que te duele más a ti que al otro.

-¿Estás viviendo tu propia transición 20 años después?

-Completamente. Una transición que no se dónde me lleva, sólo espero que no a elegir a Frei de nuevo.

-¿A Piñera entonces?

-Creo que no podemos dejar que en esta generación la derecha llegue al poder. Tienen que sacar una lección histórica de lo que ocurre cuando apoya y sostiene una dictadura. Todos los que conforman la Alianza, tienen que pasar a retiro y sacar una nueva generación de derecha que no se haya enriquecido con la dictadura, que haya aprendido en democracia a ganar y perder elecciones.

"Bolaño es Tom Sawyer"

-¿Qué te ha parecido lo que ha pasado con Roberto Bolaño en EEUU?

-Me parece emocionante, pero no me sorprende. Bolaño siempre manejó una profundidad de tiro lo suficientemente sólida como para validarse en el mercado norteamericano. Lo más interesante es que a Bolaño no lo nomina la academia, como la mayoría de los escritores latinos, es el mercado el que lo valida.

-Incluso "The Economist" lo nombra como el "Harry Potter" de los adultos.

-Sí, es muy comprensible. Su novelística tiene un link muy especial con la narrativa norteamericana, tiene que ver con las formas de heroísmo, de vencer los obstáculos, tiene que ver con un legendario modo norteamericano de leer la historia. Para ellos, leer a Bolaño es leer a Tom Sawyer.

-¿Qué sabes de "El Tercer Reich", el manuscrito misterioso de Bolaño que anda circulando?

-Yo sólo voy a recordar esa frase magnífica de Pablo Neruda, "se publicarán hasta mis calcetines". No sería raro que empezaran a competir muy luego en el mercado biografías de Roberto. LCD

 

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