
Domingo 26 de abril de 2009
Tenían en común haber participado en la orquesta de Aníbal Troilo. Claro que cuando Astor Piazzolla compuso para "Pichuco" en la década del 40, el violinista Fernando Suárez Paz recién daba sus primeros manotazos a la vida. Sólo décadas más tarde, Suárez fue parte de la emblemática formación del fornido y achinado bandoneonista que desde 1920 volcó su creación en una corriente de tango bailable y tradicional.
Piazzolla quería otras cosas y lo dejó, para experimentar su propio camino al que llamaría "nuevo tango" (nombre que le traería problemas). En tanto Suárez Paz creció en una familia donde querían un hijo médico.
Pero fue su propio padre poeta quien lo hizo pisar el palito regalándole un violín a los cinco años. No pudieron despegarlo más. Entró al conservatorio y luego lo metieron en una sinfónica. Fue entonces cuando despertó. Todo lo demás fue secundario. A los 14 años se metió en el tango. Corría 1955 y por no tocar de oído pasó sus primeros papelones. En tanto, la música docta seguía considerando al tango como un género menor, que no daba la talla para estar a la altura de los grandes clásicos. Pero Suárez Paz replica desde Buenos Aires. "El músico antiguo lo hacía todo por amor y eso lo hacía sacar cosas preciosas, en cambio el músico docto no lo puede hacer".
Y NO TE DOY OTRA
Sus virtudes llamaban la atención. Y en 1978 Astor Piazzolla lo concertó. El violinista pasaba por sus mejores momentos en Buenos Aires, pero su mujer lo empujó a correr el riesgo de trabajar con este loco que tenía fama de romperle la cara a quien no respetaba su trabajo. Era un momento en que Astor todavía no provocaba fervor mundial ni se cabeceaba por conseguirlo. "Mi mujer me dijo que con lo que yo lo admiraba no podía rechazar esa oferta y no lo hice".Así Piazzolla formó una nueva versión de su quinteto que, para su suerte, fue la que lo catapultaría a la fama mundial. El trabajo electrónico y los cuartetos de cuerdas quedaban atrás. El quinteto era lo mejor, y se dio a conocer como tal. "Así tuve la oportunidad de tocar con uno de los mejores músicos de la historia y estoy muy agradecido por ello". "El negro", así lo llamaba el maestro, amó incondicionalmente a su maestro. Lo siguió admirando y creció en su música. Sin embargo, ese amor incondicional al músico sí tuvo condiciones. Y es que dos años antes de su muerte, luego de la embolia que aquejó al músico, Suárez Paz no volvió nunca más a visitar a Piazzolla.
-Pero, ¿qué pasó?
-Precisamente, porque lo quería no podía verlo en ese estado casi vegetal. Quise siempre tener su imagen con toda la vitalidad. Nunca quise verle dormido.
-¿Tenía un carácter tan podrido como cuenta la historia?
-Era muy ansioso y a veces histérico, pero era muy profesional, muy responsable con su trabajo, por eso era ansioso. Imagina que a veces hacíamos pruebas de sonidos de dos horas y tocábamos menos de una.
-¿Sufrió mucho Piazzolla con las críticas de los ortodoxos del tango que decían que su música no era tango?
-Él tal vez se equivocó en ponerle "nuevo tango" a su música, en vez de ponerle música de Buenos Aires o música de Piazzolla. El tanguero de acá es muy tradicionalista y quizás por capricho no lo quieren aceptar como tal. Pero la música de Piazzolla nació en el tango, él le dio otra forma, quizás otro acento. Pero eso ya pasó, ahora todos lo aceptan.
-Piazzolla le pegaba al bandoneón como a esas teles antiguas, que si fallan hay que charchetearlas. Decía que su música lo hacía acariciar, pero también rasguñar el instrumento, golpearlo. ¿A usted qué le sucedía con su violín?
-Él siempre andaba con dos bandoneones y a mí me hacía andar con dos violines. Una vez, en Estados Unidos, el quinteto tocaba tan furioso, tan valiente, que en una arcada de prima corda, partí un arco. Imagínese. Afortunadamente un luthier me lo pudo arreglar. El quinteto era muy furioso como dulce.
-¿Cómo es hacer un quinteto y tocar a Piazzolla sin Piazzolla?
-Una vez en 1988 vino un grupo a tocarle a él su música. Y la tocaban muy mal. Entonces me dijo: "'Negro', cuando yo ya no esté en este mundo, te pido por favor, si llegas a tener la posibilidad de tocar la música mía, hacélo como a nosotros nos gusta, no como estos tipos". Y le prometí que lo respetaría, eso es lo que hacemos hoy. Claro, los solistas cada uno en sus partes pone de lo suyo.
-Hay una anécdota entrañable sobre el carácter de Piazzolla y lo que dejaba intervenir en su música
-Me parece que fue en la obra "Revirado", al principio. Ahí yo le cambié un pedazo a un movimiento. Al salir me agarró y me dijo: "A mí me tocas lo que está escrito, a mí no me cambiés la música". Le dije que estaba bien y luego la toqué tal como estaba en el pentagrama. Entonces me dijo: "En realidad me gusta más como lo tocabas vos". A partir de entonces nuestra relación cambió y él me dejaba tocar a mi manera.
-Usted ha seguido con Piazzolla, y su versión del Invierno Porteño en "Cuerdas para Piazzolla" hace llorar.
-¿Tan mal me sale?
-No, se lo digo en serio.
-Bueno le agradezco, pero yo soy sólo un intérprete. La música y los arreglos son de Piazzolla. Todo se lo debemos a él. LCD