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Lunes 4 de mayo de 2009
"En el fondo sabía que había hecho mal con Mariana", se dice el siquiatra Beltrán. Ella era una paciente que, tras huir del hospital, terminó viviendo con este mentigaleno, quien narra la historia con mucha autoconciencia.
"¿Te arrepientes de haber perdido tu trabajo por mi culpa, Beltrán?", inquiere la muchacha.
Él, meditando en un curioso asunto que involucra a un sacerdote (ahí reside el sentido de esta historia), reprime su malhumor: "No creo que haya sido tu culpa".
Estadísticamente -¿ocasión hace ladrón?-, la especialidad en que más a menudo un médico varón acaba en brazos de una paciente fémina es la ginecología. La siquiatría iría segunda. Beltrán fue terapeuta de Mariana en el hospital; tras su fuga, él renunció.
Ahora ella le ejecuta una ¿desganada? felación y él elabora en voz alta su renuncia laboral: "-Estoy feliz de no seguir preso de la utilidad, el poder transforma todo en utilidad -mi tono sonó inteligente, aunque lo único que quería era que Mariana continuara".
Ella tiene 19; Beltrán, 40. "No pretendía volver a buscar empleo como siquiatra y en el último tiempo me había dedicado a creerme alcohólico", cavilará, terminada o interrumpida (no queda claro) la felación. "Siento que desaparezco", dice ella. "Lo sé", replica él, preocupado.
¿Y el sacerdote? La muchacha desea que le den una extremaunción, pero no está muriéndose. Fervor por una muerte simbólica en esta historia de amor. A Beltrán lo reprende su amiga Victoria, por andar "siempre borracho" y vestido de negro.
"Deja a esa loca antes que sea tarde", le gruñe, celosa de Mariana. A la siguiente página ("La moralidad que siempre me carcomía se había quedado sentada en el sillón") el doctor penetra analmente a Victoria, "derrotándola" a la fuerza.
Primero, en cópula non contra natura, ella susurró "te quiero", pero ante la "brutanalidad" de Beltrán, "comenzó a chillar como un puerco".
Más tarde le reprocha: "¿Te hace más hombre hacerme daño?". El misterio es Mariana, su historia de pérdida o crimen o luto en nuestra capital envenenada de esmog.
El siquiatra está para hacerse ver: a poco andar se encaleta con un travesti a quien, errando el bulto, confunde con un transformista.
El tipo ha sufrido en la vida. Felipe Banderas (1976) ha escrito una novela gótico-sexual, donde la perturbación lleva la batuta.
Una opción existencial, pero su prosa, siendo expresiva, precisa ajuste: dice "colocó rostro de", digamos, "sorpresa", cuando debió ser "puso cara de". Tal vez un adelantado. Lean de prisa, que Mariana se hace humo. Niños, abstenerse.