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Lunes 4 de mayo de 2009
Fue un tipo productivo. Experto en literatura, teatro, cine, manicomios y dolor. Y hoy llega a Chile traducido por Editorial Caja Negra con "El arte y la muerte", publicado originalmente en 1929, y otra colección de textos escritos entre el 25 y el 27.
En ellos expone su cosmovisión dolorosa, además del hastío y decepción que le ha provocado su expulsión del grupo surrealista donde por años fue un pilar junto a Breton.
Con este último rompió definitivamente el 27, tras haber sido un surrealista de mirada crítica al movimiento y a su quehacer.
En múltiples oportunidades fue acusado de intentar aburguesar la cofradía de creadores con sus teorías y visiones poéticas, donde el dolor y la poesía se volvían un cuerpo físico que se expone al público y que, en teoría, se ofrecía como una ofrenda palpitante y viva.
El texto principal está escrito en el naufragio de la hostilidad pública, de la no comprensión de lo ofrecido, con un autor que, como siempre, parece al borde del desequilibrio mental y nervioso.
Artaud paso varios y prolongados periodos recluido en casas de orates desde la cuales escribió grandes trabajos en el género epistolar como "cartas a Genica" o "Cartas desde Rhodes", donde expone sin filtros la visión de un loco que mira con toda lucidez la política, el mundo y el amor como un paraíso imposible, pero irrenunciable.
En estos textos Artaud dinamita los valores más inamovibles y los reemplaza por preguntas medulares que siembran las dudas y el vacío de certezas en los lectores, como señala Esteban Ierardo en el prólogo: "Existe una nostalgia de no sólo ordenar lo pensable, sino de pensar lo vivido, y vivir lo pensado. Artaud quiere vivir en la presencia de lo real, no en su representación."
Tópicos que ya había tratado en libros anteriores y más conocidos como "El pesa-nervios" (1927) o "Van Gogh suicidado por la sociedad", libros que están en la línea surrealista más dura, donde de contrabando ataca las instituciones más respetadas e incuestionables de la época.
Considerado un teórico del teatro contemporáneo, Artaud saltó a la palestra universal con el libro "El teatro y su doble", publicado en 1938, donde entrega pistas para realizar un teatro con predominio del lenguaje físico y gestual, proponiendo de paso terminar con el teatro sicológico.
El atormentado autor no sucumbió a largos períodos de enfermedad ni a la reclusión en manicomios, pasó por temporadas de dependencia con drogas duras y por espantosas etapas de rehabilitación que incluyeron, sin resultados, hasta el temido electroshock.
Fue un pilar de los surrealistas y fue capaz de enemistarse con todos ellos persiguiendo lo que creía y soñaba para un futuro que no ofrecía oportunidades para la diferencia, pero que tenía en este escritor, poeta y dramaturgo a uno de sus pilares irreductibles.
El libro en cuestión vale la pena para comprender que leer es más que buenos ratos, a veces también siembra dolor y sufrimiento.