Incomoda reconocer que la actual sociedad chilena tenga desconfianza de los políticos; cuando uno tuvo como amigo a un gran político como fue Claudio Huepe.
Su vida la dedicó 100% a la política, a servir a la gente para hacer realidad sus sueños de dignidad y progreso. Tuvo un trato amigable y respetuoso con todos, se tratara de la máxima autoridad de la República o fuera un militante de base de una comuna humilde de su querida provincia de Arauco.
Fue un político distinto al estilo mediático y televisivo que actualmente predomina. Fue un político/amigo que estaba en las buenas y en las malas, para las alegrías y las tristezas; para luchar para que se respetaran los derechos humanos y con capacidad de articular consensos que solidificaran la reconstrucción democrática encabezada por la Concertación.
Creyó en una acción política comunitaria, donde importaba más el "nosotros" que el yo actual. Privilegió construir amistades y equipos plurales para construir un Chile mejor.
Será por eso que para su despedida llegaron autoridades, parlamentarios, políticos de variadas tendencias y también mujeres y hombres anónimos que lo tuvieron en su casa, compartiendo un té y sus sueños de un Chile con menos desigualdades.
Eso refleja la vida del "bueno de Huepe": un político de verdad, con un inmenso corazón para escuchar y ayudar a la gente.
Sus amigos que aquí quedamos sentimos tristeza por su partida tan inesperada, pero a la vez nos reconforta que su trayectoria no fue en vano: hay una democracia plural, se restableció la vigencia de los derechos humanos, predominan los acuerdos y no el conflicto; pero nos queda todavía una tarea pendiente que él soñó con Tomic, con Leighton, con Frei, con el cardenal Silva Henríquez tener un Chile más justo y más solidario.
Continuemos esa tarea en pro de la justicia social y de la renovación política para que en el futuro tengamos políticos como "el bueno de Huepe" y así seguir construyendo un Chile mejor.