Inicio » Vida y Estilo

  La muerte de Claudio Huepe

  Claudio Huepe, el ex parlamentario, ex embajador, ex ministro, dirigente político y social, el amigo y compañero de batallas, ha muerto y deja una estela de dolor de la cual sólo quedarán interminables memorias que guardaremos con su ejemplo.

Domingo 17 de mayo de 2009


Difícil resulta rendir homenaje póstumo a Claudio Huepe, más de una vez he reflexionado que cuando se piensa en la muerte de un ser admirado y querido, las dotes y defectos que impregnan el carácter del fallecido es lo que realmente se recordará de él. Huepe fue una persona franca, magnánima, modesta, falto de prejuicios, antiescalador, honesto, atípico, directo, sibarita y gozador de la vida.

Nosotros hacemos la vida breve, llenándola de ocupaciones inútiles, de superfluos deseos y de ridículos negocios. Claudio, durante su vida fue un discípulo de Séneca, aprendiendo a vivir y, cosa que tal vez asombre durante toda su vida, aprendió a morir.

Los griegos concibieron la muerte como petrificación. Es fácil ver por qué. El cuerpo vivo es tibio, es blando, es dúctil, flexible, y cimbreante; el cadáver en cambio es frío, duro, rígido e inmóvil. El mundo de los vivos es sonoro; el dominio de los muertos es callado, como la piedra. Los antiguos poetas, al hablar de la animación portentosa de una estatua, lo primero que dicen es que el demiurgo le concede una voz. Píndaro hablo de la muerte pétrea; Schopenhauer señaló que el interés que suscitan las religiones se debe sobre todo a los dogmas que prometen alguna forma de perdurabilidad después de la muerte; Platón afirmó que la filosofía es una meditación de la muerte; Cicerón dijo que filosofar no es otra cosa que prepararse para la muerte; Montaigne declamó que toda sabiduría y razonamiento del mundo se resumen en último término en enseñarnos a no tener miedo de morir.

Claudio Huepe, el ex parlamentario, ex embajador, ex ministro, dirigente político y social, el amigo y compañero de batallas, ha muerto y deja una estela de dolor de la cual sólo quedarán interminables memorias que guardaremos con su ejemplo, donde recordaremos que la muerte tiene un sentido. Y ésta es dar sentido a la vida.

El homenaje que se le puede rendir consiste en destacar sus silencios, que evocan los silencios que son parte de la música, aquella parte del todo que destaca, que en Claudio era su capacidad de escuchar, de oír y de conciliar.

No debemos estar tristes con su partida, los hechos cambian casi con la misma velocidad con que nos son presentados. Uno valora el elocuente recibimiento que prodigan a las personas la ciencia, la historia, la sociología y cuantas técnicas que tengamos que conocer para seguir adelante. Pero la vida esencial tiene canales más subterráneos y pertinaces.

En los pueblos de México existen funerales que son celebraciones de gozo. Hay, sí, la tristeza de la ausencia, pero también hay flores, cohetes y petardos, música y cantos. Creo que algún día la muerte será verdaderamente sentida como parte de la vida. No opuesta a ella, como anverso y reverso, o como la noche y el día, sino como lo que es, parte integrante de la vida, y lo que le da su significación. Creo que los pueblos latinos estamos más cerca de lograr esa comprensión y aceptación de la muerte. Cuando llegue ese día será más como el festín que como la prisión; y los cantos, y hasta las risas, no parecerán condenables liviandad en el funeral.

¡Claudio Huepe te recordaremos!

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.