José Leandro Urbina fue quien escribió ese texto brevísimo, terrible, que dice: "Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza. ¿Dónde está tu padre?, preguntó. Está en el cielo, susurró él. ¿Cómo? ¿Ha muerto?, preguntó asombrado el capitán. No, dijo el niño, todas las noches baja a comer del cielo. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho" (De su libro "Malas juntas").
Autor de "Cobro revertido" -novela finalista del Premio Planeta Argentina y ganadora del Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura en 1993- publica ahora "Las memorias del Baruni, Tomo I" (amenaza con la publicación de otros 7 u 8), precedido por el prólogo del supuesto editor, Leandro Urbina, donde se dan algunas explicaciones acerca del manuscrito original.
El tono es decididamente freak: un modo de hablar con los lectores a partir del supuesto de que no serán más de cuatro, o cinco, amigos muy cómplices. De paso, Urbina confiesa: "Hace mucho tiempo que no escribo. Después de algunos intentos fructíferos en la prosa, comencé a percibir progresivamente la literatura como un arte inconducente".
Después, aclara: "Hoy vuelvo a escribir, no porque me guste sino porque tengo una deuda con el Guatón Baruni y con su viuda. Él me entregó parte del maldito libro que ustedes van a leer a continuación. Sabía que me cargaría leerlo y editarlo...".
En notas a pie de página, sabotea al escritor Baruni. Que es un guatón exiliado con unos recuerdos divertidos, y proclive a las discusiones políticas y estéticas. Su posición es, se mire desde donde se mire, crítica. "Que me perdone el lector inteligente" -advierte. Gran parte del rollo o cuento "fue escrito en el hospital canadiense en que se internó Baruni como parte de un programa de historias de vida, que en realidad disfrazaba una investigación mal financiada sobre la sexualidad en el tercer mundo".
Y por eso Baruni -que tiene todo el aspecto de ser Urbina al revés y al derecho- recuerda su loca infancia desde una cama de hospital, mientras recibe visitas de amigos eufóricos y angustiosas cartas familiares exigiendo envíos de dinero que evidentemente no puede hacer. Otra cosa que no puede hacer, pero que intentará en un último gesto suicida, es escribir los capítulos de una telenovela. Dinero. Hasta el último minuto el dinero lo acosa. No es justo.
LAS MEMORIAS DEL BARUNI
Tomo I
José Leandro Urbina
Editorial La Calabaza del Diablo
Santiago, Chile, 2009, 131 páginas