
Domingo 7 de junio de 2009
Como una película de guerra futurista donde la humanidad fue completamente exterminada. Como una escena en que el neón se convierte en la bandera de una lucha perdida. Un paisaje que nos devuelve palos parados, hierros retorcidos y gente harapienta en medio de un desierto de soledad. Esa sensación me da guardando claro las proporciones la famosa manzana de Suecia, otrora centro top del carrete capitalino, y que hoy no es más que un escenario similar al de la vieja película "El hombre omega".
El filme relata la muerte de toda la humanidad víctima de un raro virus que dejó como sobreviviente a un solo hombre: Charlton Heston, que conduce un enorme automóvil, ametrallando los aparadores y calles de una Nueva York abandonada y mugrienta.
Hoy podríamos decir que en Santiago hay una locación parecida. Sólo basta darse una vuelta por el barrio Suecia para sentirse igual que en la película. Tiendas tapiadas, vidrios rotos y puertas desencajadas.
Abandono total. Orina en todo los rincones con su hedor característico. Aceras vacías como las de un pueblo fantasma.
Las quejas de los vecinos son insistentes. Dicen que hay hordas de vagos que llegan a dormir a los locales e incluso hacen fogatas para capear el frío. También es común, en la madrugada, ver gente defecando o vomitando en la vía pública, robos, asaltos, prostíbulos encubiertos, travestis, etc. Uno de esos vecinos, que tiene su tienda en el sector, recuerda con nostalgia cuando hablar del barrio Suecia era símbolo de estatus. "Era como Alonso de Córdova, de buenas y finas tiendas que emigraron", dice medio taciturno y con la vista enfocada hacia algo que hoy ya no existe, como la tienda del diseñador Rubén Campos, por ejemplo, que hace mucho huyó de aquí adivinando la tragedia.
Desesperado, el locatario culpa a la crisis y a la delincuencia. También dice que la Municipalidad de Providencia lo único que hizo fue repartir como loca licencias de bares y gastar plata en poner una espantosa fuente de agua que sólo funcionó un mes, para después entrar a engrosar la lista de saqueadas estructuras que repletan este rincón. Los lugares que se salvan son pocos, como el Bedrock o el Bull Green, que fundamentalmente agarran onda los fines de semana y luego mueren. El barrio Suecia es como un perro de raza infectado por una tiña irreparable y que hay que poner a dormir. Tal vez alguna maldición lo aceche. Basta mirar un poco más allá para ver cómo su ocaso es vigilado muy de cerca por la vacía mole del Mall Costanera Center. //LND