
Domingo 7 de junio de 2009
Si el último "Informe especial" hubiese sido pensado como un programa humorístico, sería lo más gracioso que he visto en el año desde Dinamita Show en el Festival de Viña. Repasemos: cuando a Julio Dittborn, un UDI que lleva tres períodos como parlamentario y postulará en las próximas elecciones, la periodista le pide que explique sus razones por ocupar casas particulares como oficinas en su distrito, el hombre suelta una respuesta antológica. "Los parlamentarios me dijeron ¡qué buena idea! No tienes que hacer aseo ni contratar a nadie". René Alinco, el PPD que sale a lustrarse los zapatos y hablar por celular fuera del Congreso, justifica sus inasistencias en la sala con una frase tan creíble como un cheque de Mauricio Israel. "Yo soy un hombre de la construcción. Un hombre de trabajo práctico. El sillón me enferma". O Marco Enríquez-Ominami, el inexplicablemente llamado "díscolo", quien es el hombre que menos habla en la Cámara. "He expuesto sólo en los temas que me parecen fundamentales", dice. Sí, el mismo muchacho renovado y ágil que quiere cambiar la forma de hacer política.
Los parlamentarios se componen de injertos extraños. Por ejemplo, se parecen a Pinochet. Con el tiempo, cada vez menos gente los respeta. A la Iglesia, ya que cada día tienen menos credibilidad. Y así, suma y sigue. He entrevistado a algunos políticos y todos, sin excepción, tienen un lado histriónico. Una capacidad de comediantes que, al ver un flash o una luz de una cámara de televisión, se agudiza según lo requiera el guión. Pueden ser agresivos si están en una votación , emotivos cuando están en campaña y besan hasta a las guaguas y muy dicharacheros cuando están en una fonda . Así, cuando a Ramón Farías, el ex cantante y ex actor, le hablaban por su adicción al Facebook en horarios de trabajo, el tipo respondía que "mi mamá está enferma y todos lo saben". Curioso. O Pablo Lorenzini, quien era de los que menos votaba porque "siempre he sido un poco díscolo".
Sin embargo, lo más lamentable en esta sinfonía de desaciertos es que los parlamentarios creen que la gente es idiota. Hace unos días, recibí un mail de un presidente de un partido que traía una petición: "colaborar" en su campaña para diputado. Quiere reunir entre "25 y 30 millones". ¿Para qué? Para que estén cinco minutos, digan presente y se vayan. Es un chiste.
Lo que mostró "Informe especial", a estas alturas, no tiene ningún impacto. Como no lo tienen los programas sobre "choros" y "cuicos" de Chilevisión. Sólo es un retrato de una institución desprestigiada y sin credibilidad. Y que, como bien dice Santiago Pavlovic, busca que "la ciudadanía tome mejores y más informadas decisiones". Algo que creo, los chilenos aprendieron hace rato.