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  Más que sumas y restas

  Más que sumas y restas

  Pero lo más interesante parece ser la perspectiva de aproximación y confluencia de la CAN y el Mercosur, en Unasur. Esta entidad que reúne a los países andinos y a los amazónicos; a los del Pacífico y a los del Atlántico, agrupados todos en la identidad común suramericana, es una promesa que tiene visos de convertirse en realidad. Como signo de los tiempos, el diálogo franco y entre pares ha permitido abordar temas controvertidos, como la aspiración boliviana a desatanizar el cultivo de la coca.

Domingo 7 de junio de 2009

La tentación de asumir una actitud escéptica frente al proceso de integración de los países andinos tiene argumentos válidos. Entre ellos, uno de perogrullo: no existe afinidad política para poner de acuerdo a los actores agrupados en la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Así se puede interpretar el alejamiento de Venezuela, en el 2006, y el retiro de Bolivia y recientemente de Ecuador de la negociación de un acuerdo de cooperación comercial y política con la Unión Europea. Se suma la ruptura diplomática que este último país mantiene con Colombia, a raíz del ataque a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano.

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40 kbSólo Perú y Colombia participarán en la cuarta ronda, el próximo 15 de junio, con la perspectiva de culminar en julio con las tratativas, que se iniciaron en el 2003. El acuerdo permitirá preferencias arancelarias a largo plazo y contará con un mecanismo para efectuar controles efectivos que contrarresten posibles efectos negativos en las economías locales. Pero las contradicciones afloraron a raíz de diferencias en el tema de la propiedad intelectual, tras el cual subyacen diversos enfoques políticos y económicos.

Ante estos tropiezos, parecen oportunas las palabras del canciller peruano, José Antonio García Belaunde, quien al celebrar los 40 años del Acuerdo de Cartagena, llamó a apostar al futuro y a rescatar la tradición de pluralismo ideológico y de respeto a la diversidad, que permitió salvar el proceso de integración en otras coyunturas complejas que se enfrentaron en décadas pasadas, como fue la crisis de la deuda en los años 80. De hecho, el Pacto Andino flexibilizó su estructura en los años 90 y se transformó en la actual Comunidad Andina de Naciones.

Si la mirada histórica ayuda a comprender el presente y a desdramatizarlo, las urgencias de la coyuntura resultan una alerta más que poderosa para apelar a la unidad, consolidar los avances y fortalecer los instrumentos de integración. Más allá de titulares esperanzadores o apocalípticos, algunos analistas financieros pronostican que los efectos más graves de la crisis económica internacional aún están por llegar, por lo que no parece responsable ahorrar esfuerzos de diálogo y de concertación para levantar posiciones comunes que permitan aminorar los impactos negativos en los sectores más empobrecidos de nuestras naciones. El bien común superior aconseja sumar y no restar.

Pero no se trata de una simple ecuación matemática, sino de una más compleja: la de la política de alianzas, aquella que indica que la vecindad geográfica se puede convertir en un arma poderosa para soluciones eficaces frente a las crisis. Los estudiosos de los procesos de integración argumentan que el regionalismo resulta un medio para el bienestar económico y la seguridad de los pueblos, y que la diversidad de actores e intereses, unido a la amplitud temática de estos procesos, exige flexibilidad, amplitud política y capacidad de negociación.

Otros agregan que estos procesos permiten crear una identidad colectiva y una noción de comunidad, es decir intereses comunes y expectativas a largo plazo. El carácter multifacético y comprehensivo de los procesos de integración diversidad de actores e intereses y amplitud temática es otra de sus características.

Conviene recordar que el programa 2009 de la CAN da continuidad a las iniciativas emprendidas en materias de desarrollo social, educación, trabajo, migraciones, salud y medio ambiente; desarrollo rural y fronterizo, desastres naturales y derechos del consumidor, entre otros.

Pero lo más interesante parece ser la perspectiva de aproximación y confluencia de la CAN y el Mercosur, en Unasur. Esta entidad que reúne a los países andinos y a los amazónicos; a los del Pacífico y a los del Atlántico, agrupados todos en la identidad común suramericana, es una promesa que tiene visos de convertirse en realidad. Como signo de los tiempos, el diálogo franco y entre pares ha permitido abordar temas controvertidos, como la aspiración boliviana a desatanizar el cultivo de la coca. Si hay flexibilidad política y es lo que se necesita , los gobernantes andinos podrían llegar a compartir, tal vez no una hoja de coca, pero sí una rama de olivo. //LND

La Nación

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