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Viernes 12 de junio de 2009
Dicen que Braulio Arenas era silencioso, pero muy irónico. Y que escribía día y noche, en el encierro y a la velocidad de André Bretón. Esto es, "sin tema previo y con tal rapidez que no puedas caer en la tentación de releerlo".
"No tenía ni un vicio y en los diarios de la época lo describían como un caballero", cuenta Ernesto Pfeiffer (24), licenciado en literatura y responsable del laberinto de 75 metros, que ubicado en la Biblioteca de Santiago hasta el 26 de julio, recorre la obra del multidisciplinario escritor chileno.
"Son 56 paneles con 120 espejos y la idea es que el espectador transite desde el surrealismo al lar. Además se puede descubrir su labor de traductor, sus collages y su divertida narrativa", explica Pfeiffer sobre el rescate que lleva por nombre "El laberinto en el espejo". "La idea de caminos que se cierran y se abren y la del reflejo recorrieron su obra. El espejo tiene memoria, construye cuadros de óleo, inmortaliza y trasciende", explica.
Nacido el 4 de abril de 1913 en La Serena, la leyenda negra escribió que el fundador del movimiento surrealista La Mandrágora comía alpiste y era homosexual. Que había sido mantenido por sus hermanas, que amaba el ajedrez tanto como Marcel Duchamp y que preferiría escribir "La divina comedia" antes de encender el calefón o freírse un huevo. "Nunca se casó ni tuvo hijos, pero escribió mucho sobre las mujeres", desmiente Pfeiffer, "de hecho, una vez se enamoró de una y fue su amigo Teófilo Cid quien lo arruinó. Era una niña burguesa y cuando le iba a pedir su mano, éste y Jorge Cáceres llegaron borrachos a su casa", explica el joven que paralelamente acaba de lanzar una antología de la pluma que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1984. Titulada "Realidad desalojada", hace alusión a un verso que Arenas rescribió doce veces en su famosa obra "El discurso del poder".
"Me costó mucho encontrarla, porque a pesar de que a Arenas se le considera la cabeza del barco, ha sido relegado al olvido", cuenta el literato. La razón según Pfeiffer viene de 1977, cuando el escritor publicó "Chile es así", poema que se interpretó como un apoyo descarado a la dictadura. "Son turbulencias, como diría Gonzalo Rojas, porque si nos fijáramos en la ideología de los autores y no en su obra estaríamos todos leyendo Papelucho", señala, "mi tesis es que como era un amante del orden, le chocó la UP, pero también fue crítico con el derechismo de Borges", agrega.
Muerto de cáncer en 1988, Pfeiffer prefiere evocarlo como un escritor que según el propio Enrique Lihn debiera sobrevivir, porque es real y hasta de una cierta surrealeza".