
Domingo 14 de junio de 2009
Toda historia donde se cruzan el amor, la decepción y la búsqueda y que va acompañada de un acordeón, es un tango.
Pero en este caso de la casona de la Corporación Chilena de la Prevención del Sida, más conocida por su fiestero nombre de Acción Gay" es una historia de "Tango queer".
En San Ignacio 167 se imparte el "tango queer" como un taller los días sábados: se trata de un baile de ritmo coqueto entre cuerpos masculinos, a ratos digno de un filme de David Lynch, pero lleno del festivo espíritu de celebración de los alegres locatarios del lugar, que tienen motivo de sobra para la fiesta. Inéditamente este es un tango con final feliz.
Cómo no, si esta corporación viene reuniendo desde la dictadura a la comunidad gay de Santiago en talleres en torno a temas como "Salir del clóset", o "La prevención y las consecuencias de una vida con VIH"; además de marchas y reivindicaciones sociales del mundo homosexual.
Los chicos se han ganado su espacio. Así lo reconoció hasta Bienes Nacionales, quien le adjudicó una vieja casa en ruinas.
Con platas propias y recolectadas, restauraron el inmueble para instituirlo como la primera casa de activismo pro homosexual en Chile, algo similar a las de Estados Unidos y Europa.
Lo que nació fundamentalmente como un lugar de encuentro de un grupo de amigos, hoy se ha convertido en un espacio de talleres de arte, conversación, consulta sicológica gratuita, exposiciones artísticas, policlínico y hasta pub, cuando la ocasión lo amerita.
El entusiasmo proyecta la casona como centro de eventos, casamientos e incluso velorios. Matías Leiva, quien se encarga de las comunicaciones y la parte cultural, cuenta que la tarea de armar todo ha sido grande.
El lugar perteneció a la familia Montt y en sus paredes se respira la historia, tanto así que fue incluido en la ruta de edificios patrimoniales de Santiago, que comprende lugares como La Moneda, el Museo Histórico y el Palacio Cousiño, monumentos que le dan el marco señorial a esta casona construida por Manuel Cifuentes.
El mismo que luego levantó los edificios de la Intendencia y la Universidad Católica. Sus añosas escaleras, sus altillos misteriosos y sus felices habitantes están de lunes a sábado esperando a quienes quieran ir a soltarse un poco las trenzas y divertirse como nunca bailando el mejor ritmo de todos: el de la diversidad.