
Domingo 14 de junio de 2009
La producción estuvo divine, y los convidados, cul. ¿El restaurante? "Mestizo", ése tan de moda, emplazado en el Parque Bicentenario de Vitacura.
Un vergel que nació hace poco y ya pinta para Central Park criollo. ¡Lo que es la fe! Algunos presuntuosos pasean por ahí como si los arbolitos ya tuvieran cien años y Donald Trump fuera a trotar bajo la misma sombra.
En fin. Con esa pinta de after hour cosmopolita, lo más granado de la clase dirigente chilensis llegó al convite. Udis, erreenes, decés, pepedés. Y caballeros de whisky-izquierda.
Síp. De esa izquierda que antaño acudía a las peñas a tomar vinito navegado. Pelucones charangueros que hoy, de vuelta de periplos políticos, geográficos e ideológicos, de vuelta de los años verde oliva y de vuelta de carnero, celebran con whisky su reconciliación con el mercado.
Esa whisquierda. Y su contraparte natural, la derecha socialmente responsable de estos tiempos. La que se toma fotos con la gallá de las pymes en talleres de liderazgo.
La que antaño se atragantaba antes de balbucear definiciones compuestas como derechos-humanos o detenidos-desaparecidos, y que hoy hace pucheros confesando que "perdió muchos amigos" por oponerse a la tortura.
¿Con quién se juntaba usted, don Carlos?, dan ganas de preguntar. Pero se autocensura una. Para eso están los panelistas de "Tolerancia cero".
Aunque esa noche, la tolerancia estaba all inclusive. Congregó de chincol a jote y a todos los agasajó con la misma calidez: Léase Schaulsohn, Alejandro Navarro, Marco Enríquez-Ominami, Juan Antonio Coloma, Carlos Ominami, Juan José Santa Cruz, Conca y muchos más.
Agreguemos a Marta Lagos, toda de rojo y con pañuelo al cuello, sonriente como suegra que maneja la llave de la despensa; gente del staff lindo de Chilevisión, columnistas. Póngalos usted a departir con tres ministras y ocho ministros en ejercicio, con Tironi, Melnick y otros gurúes.
Así fue. Nadie peleó. Cual cumbre editorial del manual de Carreño. Cual aristócrata, Jaime de Aguirre se apuró en saludar a Lucía Pinochet que llegó glamorosa, ataviada con esas perlas que tanto agradaban a su papá.
Lucía apareció sola, y los que degustaban aperitivos y se pasaban copuchas, no la vieron, o no la quisieron ver. El otrora cerebro de la campaña del "No" tendió a Lucía una mano que ella recibió sin asco. Chuic, Muac.
"Bienvenida, señora Lucía". "Encantada". Poco después, tendríamos a Nelson Ávila ejerciendo de galán. Larga su conversa con la hija del ex "primer infante". Todos los muertos son buenos o el pisco sour hace maravillas.
Entre los VIP de la política vimos a Hernán Larraín charlar animadamente con el ministro Viera-Gallo y a Carlos Larraín distendido, como si hubiera olvidado a Ana Frank, departir con el ministro de Justicia Carlos Maldonado. Luego se sentarían a la misma mesa.
Paulina Veloso, entusiasta, departió con la Pinochet y con Ávila, y luego fue a la mesa con sus colegas de Vivienda y Mideplan. Cual escolar ignaciano, el alcalde de Peñalolén andaba impecable, pero piola en suéter sin mangas de lana gris.
En la oficina quedaron su casco blanco y el peto comunal con el que va a terreno.
Redoble de tambores. El tinto de 30 lucas la botella surtía efecto y finísimos aromas advertían que algo se cocinaba. Maca Pizarro leyó la lista completa de panelistas de "Tolerancia", desde Guillier hasta Matías del Río.
Les entregaron medallas, los aplaudieron, y hasta Mauricio Israel fue recordado con cariño, pese a estar "lejos -según dijo Maca, un tanto críptica- probando lo suyo". ¿A qué se habrá referido?
Fernando Villegas habló por los históricos del panel, y hasta improvisó una diatriba light. Poniéndose el parche antes de la herida por estar en el canal de Piñera, Fernando el terrible vociferó micrófono en mano que "jamás, jamás, jamás, hemos recibido una instrucción para decir o no decir algo".
Obvio. Hay que ser de las chacras para querer "instruir" a Villegas. Él nació con el disco duro formateado. Inmune al aprendizaje. Pauteado para despotricar contra el mundo. A estas alturas, nos hemos resignado a que nunca, nunca, nunca propondrá algo. Como en los Titanes del Ring, su pega es darles como caja a los demás.
Cual parientes pobres entre los celebrities, los periodistas tampoco hicimos gran cosa para poner color al encuentro. ¡Quién tuviera ese desparpajo profesional con que se acorrala a los políticos en otras latitudes!
"¿Con qué plata compró esa tenida de paño italiano, diputado?" "¿Usted lee su horóscopo en el hemiciclo, honorable?". "¿De qué se conversa en una reunión-almuerzo de tres horas, caballeros?" Silencio. Somos apocados los reporteros chilenos.
El gran ausente de la noche: Frei. Seamos realistas: hubiera parecido artificial un abrazo palmoteado entre el candidato de la Concertación y el dueño de Chilevisión, que allí jugaba de local. Pero Marquito, que no pierde cámara, sí fue. Divo total, a cada rato mesaba su melena y hacía ojitos.
Su papi, Carlos, que andaba como clon de Gardel, de bufanda roja y actitud tanguera, no logró capitalizar a costa del divo. Otro que lo intentó fue el alcalde De la Maza.
Dejó enfriar su beef para ir a saludar y/o entrar al campo fotográfico de Enríquez-O. Marquito sacó libreta y pluma como para dar un autógrafo.
Los fotógrafos se precipitaron a capturar el momento. ¿Qué agendaron Marco y De la Maza? No supimos. De seguro, no fue un baile.
A las 11, como estaba previsto, llegó caminando rapidito Sebastián Piñera, con esa sonrisa tan espontánea que tiene. Dejando a su paso una estela de reverencias protocolares completó la tarea saludando a sus muchachos. Sonría, jefe. ¡Clic! Con similar euforia, sus huéspedes le agradecieron la velada.
¿A qué hora se marchó? Misterio. Hacia el final de la fiesta, había desaparecido. Entre el humo de los cigarrillos y la chispeante alegría de los bajativos, me topé con Villegas.
Whisky en mano, algo tambaleante, escuchaba los elogios de un trío de admiradoras bien peloláis. Pensé que las iba a retar por zalameras y beatas como hace en la tele. Pero no. Las miraba con ojos de buey viejo mientras sorbía su escocés. ¡Qué predecible es la naturaleza humana!