Paulina Bravo (35 años) es ciega y Cheyenne es su perra guía hace seis años. Gracias a ella se desplaza en forma independiente por ciudades construidas para videntes. Esta perra labradora es la responsable de que se sienta por primera vez integrada, lo que antes no consiguió a pesar de su capacidad y ganas. No exagera. Antes era insegura, "al margen macabro donde estamos (los ciegos) permanentemente pobreteados, donde somos dueños de la lástima", dice.
Junto a Cheyenne pudo caminar y pensar al mismo tiempo. Parece poco, pero antes debía estar absolutamente concentrada para hacer ambas cosas a la vez y de cualquier forma se cayó y golpeó la cabeza miles de veces. Hace seis años que no se cae y su independencia no tiene vuelta atrás. "Me podrán discriminar todo lo que quieran, me podrán bajar de las micros, echar de cualquier parte, pero hoy me siento integrada a la sociedad. Totalmente se lo debo a Cheyenne", sostiene.
¿Ley invisible?
Por eso Paulina está empeñada en evitar que la desinformación siga dándole espacio a la discriminación. Sabe que su batalla diaria -y la de cientos de discapacitados visuales, auditivos y motrices- para que se respete el ingreso de estos animales a lugares públicos es injusta si se piensa que en Chile existe desde 2006 la Ley 20.025 que les permite hacerlo, sean estos espacios de propiedad privada o pública.
La normativa también les concede el derecho de acceder y circular en cualquier medio de transporte terrestre o marítimo con sus perros. ¿El problema? Pocos la respetan.
Bien lo sabe Paulina, quien además de ciega, es abogada y presidenta de la ONG Corporación de Usuarios de Perros Guías de Chile. Como tal debe defender a diario a discapacitados a quienes les impiden actos tan simples como tomar un café, comer o trasladarse en el transporte público sin separarse de su perro.
En todos los casos, los perros llevan su debida identificación y peto distintivo, como lo señala la misma normativa. ¿Por qué, entonces, no se respeta la ley? "Porque la sociedad es discriminadora, aunque no se reconozca, y por desconocimiento, en particular, de quienes son los garantes del cumplimiento de esta normativa: los carabineros, y en muchas ocasiones quienes deben hacerla cumplir, los jueces de policía local", sostiene.
Un mundo de obstáculos
Paulina Bravo dice que la mayoría de las personas discapacitadas portan la ley o la conocen, pero que a la hora de inconvenientes para hacerla cumplir, se han topado con carabineros que ignoran la normativa y que no les creen cuando ellos se la comentan. "Hemos reclamado y ofrecido capacitación gratuita a la dirección de Carabineros, pero sin respuesta", dice Bravo.
Guillermo Benítez, director de adiestramiento de perros policiales de Carabineros de Chile, dice que si en algún caso ha existido discriminación o desconocimiento de la ley "es un hecho tremendamente lamentable y aislado", destacando la sensibilidad que tienen con la labor de perros para uso terapéutico y de rehabilitación de personas con "capacidades distintas", como él prefiere llamarlas.
Benítez confirma su preocupación y se comprometió con La Nación a reforzar la información de la Ley 20.025 y su normativa mediante un nuevo instructivo que enviará durante esta semana a todas las reparticiones del país.
Luisa Revertía, jefa jurídica de Fondo Nacional de la Discapacidad (Fonadis), admite el desconocimiento de esta ley y muchas otras, a pesar de campañas de información y los oficios a Carabineros. "La discriminación es un problema cultural de la sociedad que sólo se resuelve con educación en respeto por la diferencia y la diversidad", sostiene.
La odisea de transportarse
Uno de los problemas más recurrentes que tienen estos discapacitados es para acceder con su perro guía al transporte público y privado.
Bravo nombra a Metro. Dice que sus guardias los han expulsado de boleterías y vagones, especialmente en la Línea 4-A. Sin embargo la empresa sostiene que su personal está instruido "para dar todas las facilidades a las personas que deseen utilizar nuestro servicio acompañados de perros guías", destacando la diferencia con una mascota común y corriente, las cuales no están permitidas.
Las líneas aéreas son otro punto de conflicto permanente. La presidenta de la ONG señala que todos los viajes a EEUU en busca de sus perros guías se hacen a través de American Airline, empresa norteamericana que tiene clara la normativa y que permite el ingreso de estos animales y que éstos viajen junto a sus amos. En cambio, dice, viajar dentro de Chile es casi imposible, afirma, ya que Lan Chile sólo lo permite cuando el piloto lo consiente (pues deben ir en la cabina) lo que rara vez sucede. "Muchas personas ciegas han perdido sus pasajes en esta línea aérea".
Según el Código de Aeronáutica (DAN), que rige le transporte aéreo, para poder viajar estos perros deberán estar obligatoriamente identificados mediante el distintivo de carácter oficial (según lo estipula Ley N 20.025), comprobar su buen estado de salud y "viajar con bozal puesto". 
En esta última exigencia radica el problema, ya que Bravo explica que en estos perros -adiestrados para asistir- su hocico es un instrumento esencial para cumplir tal función. Para la presidenta de esta ONG este requerimiento -que no contempla la Ley 20.025- sólo demuestra desinformación y falta de voluntad. "Lan Chile es la línea aérea que concentra todos los destinos dentro del país y los ciegos están impedidos de viajar por ella, porque para una usuaria de perro guía, el uso de bozal no es una alternativa. Con él, el perro pierde su funcionalidad y por eso tal criterio debe erradicarse, como lo han hecho otras aerolíneas", afirma.
►Procedimiento de denuncia
Si la persona con discapacidad, por causa de acto u omisión arbitraria o ilegal, sufre discriminación o amenaza en el ejercicio de este derecho puede concurrir, por sí o por cualquiera a su nombre, al juez de policía local correspondiente a su domicilio a hacer la denuncia.
►Las buenas prácticas
Marfa Fuentes tiene dificultades auditivas y hace dos años que es asistida por Martina, su perra señal. La lleva con su peto de identificación y a su lado camina las calles de Santiago y San Antonio, segura y contenta después de permanecer años encerrada con miedo a salir porque “me perdía y me robaban”.
En algunos lugares no la dejan entrar con su Martina, pero ella insiste, saca fotocopias de la reglamentación que la autoriza y con paciencia explica y escribe a los diarios. Dice que poco a poco la gente va aprendiendo. Ella, por ejemplo, viaja desde San Antonio a Santiago en la empresa Tur Bus, que no le pone ningún tipo de problemas. “Todo lo contrario, ellos han entendido la labor de mi perra”, dice, aunque advierte que en otras líneas no sucede lo mismo.
Bravo también tiene buenas experiencias con empresas, como Merval, que partió impidiendo que ingresaran a los carros y tras largas conversaciones y capacitación hoy no sólo pueden usarlo sin dificultad, sino que además hay un letrero que reza: se prohíbe el ingreso de mascotas, excepto perros guía. Lo mismo ha pasado con la mayoría de las reparticiones públicas, señala.
