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  La usurpadora

Domingo 21 de junio de 2009

A Lila Parra Becerra le había tocado la tremenda mala cueva de ser lesbiana, huacha, pobre y más encima peleada con los cromosomas que le dio el destino ribonucleico. Era niña pero quería ser niño. Un día su madre le contó de su padre biológico y ella partió a conocerlo, a ver si encontraba en él un algo del hombre que ella quería ser. Pero el papi la desconoció y ella justiciera planeó una venganza bien femenina. No buscó el primer orden sino que le dio una vuelta vivaracha, porque tenía pica pero era más paciente que una dama y más complejo que un señorito. Se enteró de que el padre que la había negado tuvo otra cría que era un XY y hacía años vivía siendo otro al otro lado del Atlántico. Y encontró la venganza que se le apareció en la vida concretando el deseo que se le antojó desde que fue parida. Y fue él. Como Jacob suplantando a Esaú para quedarse con la bendición paterna, empezando el siglo nuevo Lila se convirtió en el hermano que nunca conoció.

Si no se trata el melodrama nada más de si te gustan hombres o mujeres. La fricción terrible de eterna es entre el cuerpo y la siquis y es el yo paga el pathos.

Pero el registro civil no notó las diferencias genitales y se embaucó con las patrañas de la bisutería masculina entregándole el carnet con el RUT del hermano ausente. Y de golpe ya no fue huacha y de porrazo ya no fue hembra. Y de pencazo dejó de ser pobre por último en lo nominal. Fue el hermano y recorrió el país de norte a sur con su cuerpo de camionera timando créditos en las grandes tiendas, haciéndose chupete el departamento de varones. Hasta que sentó su cabeza de hombre a puro deseo, instaló su humanidad postiza en el valle del Elqui y quiso cumplir otra fantasía de su infancia marimacho entrando a trabajar como guardia de seguridad en una constructora de la zona. Ahí estuvo durante tres años pasando piola con su uniforme, haciendo la pega impeque, piscoleando con los compañeros pa' la quincena, viendo al Colo en las shoperías, mirándole el poto a la mesera, cumpliendo ese sueño sabio pero ambicioso de ser poca cosa, de no llamar la atención de nadie, de ser un ciudadano aldea. Lo pillaron porque el hermano de identidad usurpada volvió a Chile después de casi una vida y lo quisieron meter en cana por la culpa de las deudas no pagadas por su Caín espurio que no conocía.

Ahora que se le cayó su identidad del carnet va a empezar otro simulacro pa' ver si sobrevive en la franja larga y angosta donde los deseos se cumplen a puras mentiras. A algunos los pillan y a otros no. Pero todos mentimos.

* Dramaturgo chileno, autor de "Las niñas araña" y "H.P." (Hans Pozo).

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